Opinión
Última entrega sobre el Pensamiento Fronterizo
lunes 26 enero, 2026
Pável Rondón *
En artículo anterior, hemos caracterizado a la región fronteriza Táchira-Norte de Santander en el inicio del año 2026. Estos son los signos más destacados: Centralismo desde Bogotá y Caracas, lo que implica que en ciertos casos las políticas adoptadas no obedecen a las necesidades y condiciones de esta realidad. Otro asunto es el manejo conceptual equivocado sobre la frontera por parte de líderes oficiales y de otros sectores económicos, gremiales y académicos. El error más común es confundir frontera y límite, y otras imprecisiones. Otro rasgo presente es la existencia de un mercado de divisas irregular: Pesos, bolívares, euros y dólares. La inexistencia de una zona fronteriza compartida y la falta de un sistema que facilite la entrada y salida y las actividades de las personas de un lado y del otro de la frontera.
Pero hay un tema, referido en entregas anteriores de esta columna, y es que Venezuela no tiene fronteras determinadas. En diferentes tratados durante más de 100 años los dos países acordaron establecer las zonas de frontera, sin hacerlo. Es solo hasta finales del siglo XX cuando se retoma el asunto. En Colombia, en el año 1991 una constituyente establece que se redacte una ley de fronteras y se hace con la Ley 191 de 1995. Luego, en el 2021 decreta otra ley de fronteras, la Ley 2135. En Venezuela también una asamblea constituyente en 1999 redacta la Constitución Bolivariana. Ésta, en la disposición transitoria N°6 establece que en dos años deberá promulgarse una ley orgánica de fronteras. Se hizo dieciséis años después, el 30 de diciembre de 2015, a través de un Decreto Ley, donde se establece en el artículo 9 la formulación de un plan de desarrollo fronterizo, lo cual no se ha ejecutado. Mientras, en el artículo 10 se trata sobre la determinación de las regiones fronterizas, lo cual tampoco se ha cumplido hasta esta fecha. Esto propicia que distintos organismos apliquen delimitaciones diferentes. En Táchira, los ministerios de Defensa y Educación, las alcaldías, la Gobernación, el Poder Ciudadano, los empresarios, entre otros, emplean referencias no coincidentes sobre la zona fronteriza.
Cuando hablamos de construir el pensamiento fronterizo, nos estamos acercando a una reflexión epistemológica sobre el tratamiento dado a los asuntos fronterizos. La frontera como objeto social presenta condiciones muy amplias y enriquecedoras para la discusión. En primer lugar -y no es el único tema: Cómo tratar una realidad que es única y dual al mismo tiempo. Las leyes y autoridades son distintas, pero las prácticas sociales, desde el núcleo familiar hasta componentes simbólicos como la cultura y la historia en muchos casos son invariablemente comunes. No obstante algunos discursos, sobre todo por parte de gobernantes y políticos, hablan de la frontera de Colombia o, de la frontera de Venezuela, es decir de dos fronteras. Esto debe determinarse. Igual si la frontera es binacional. En fin, plantearse el tema “frontera” como problema de investigación, facilita el proceso creativo pues puede alejarnos de las respuestas y paradigmas de esos discursos, que esquematizan equivocadamente la explicación de lo fronterizo
El Nuevo pensamiento fronterizo conceptualmente es un cuerpo de ideas. No se trata de construir un manual fronterizo, se trata de manejar de manera conjunta, conceptos construidos colectivamente por actores fronterizos. Para esto un grupo de profesionales, en su mayoría profesores, decidimos crear la Fundación de Estudios de Fronteras, Integración y Desarrollo (FUNDEFID), y aspiramos junto a gremios, organismos oficiales, académicos, líderes sociales, políticos y otros, participar en la construcción del nuevo pensamiento fronterizo.
* Presidente de FUNDEFID











