Opinión
Un faro del intelecto en la frontera: la revista “Ariel” y la edad de oro cultural de San Antonio del Táchira
martes 30 junio, 2026
Gherman Alexis Balza Medina
Director del Centro de Estudios Históricos de San Antonio del Táchira
A la memoria de los constructores de mundos a través de la palabra.
“Sería hermoso ser como la lluvia, sin ser en sí; sin nombrarse propiamente, creando, sin nombre ni historia, hacedor incógnito…”
— Alcides Iznaga, reseñado en Ariel, 1956.
Hubo un tiempo en que por la frontera de San Antonio del Táchira cruzaban las corrientes estéticas más depuradas del continente americano. En la década de 1950, la prensa vio nacer a “ARIEL”, la revista trimestral de la Casa de la Cultura sanantoniense. Hojeando sus páginas setenta años después, queda al descubierto una verdad incontestable: el nivel intelectual y humanístico de aquella sociedad poseía una estatura universal.
Inspirada en la obra de José Enrique Rodó, Ariel representaba la luz de la inteligencia frente al materialismo. Bajo la dirección de un equipo de vanguardia presidido por el poeta Marco Ramírez Murzi, junto a don Luis Armas, José Eleuterio Durán Mora, Heriberto Gutiérrez y Francisco Omaña, esta publicación demostró que la periferia geográfica no equivalía a una periferia mental. Como bien apuntan los historiadores José Antonio Pulido Zambrano y Armando Garnica Santos, estas revistas operaban como las verdaderas “redes sociales” de mediados del siglo XX, un epicentro donde la palabra escrita derribaba fronteras físicas.
Es sorprendente constatar cómo en Ariel convivían la melancolía rioplatense de Dora Isella Russell con la audacia vanguardista del cubano Raúl Baldomero, quien citaba a Joyce, Kant y Einstein. San Antonio leía al mundo y el mundo leía a San Antonio del Táchira; en su “Registro de Libros” se evaluaba con soltura la poesía francesa de Andrés Holguín, la literatura de Alcides Iznaga, el acontecer político de Eleazar López Contreras y la consagración de nuestro Manuel Felipe Rugeles.
“Orientación” (1945): El cimiento de la era dorada
Este esplendor no brotó de la nada. La arqueología periodística en nuestros archivos devela un antecedente icónico: el quincenario “ORIENTACIÓN”, fundado en 1943 y en plena efervescencia hacia 1945. Dirigido por una mujer de vanguardia, Yolanda Jaimes, junto a Elena Jaimes y José Jaimes, fue el órgano independiente y combativo que pavimentó el camino.
Si Ariel fue el faro estético, Orientación —impresa con esfuerzo— fue la trinchera de un pueblo que despertaba a la modernidad. Allí la alta cultura coexistía con el reclamo civil implacable. Mientras sus editoriales defendían la educación moral o daban tribuna al “Comité Pro Cultura” del Grupo Escolar República de Cuba, secciones como “Clavos Calientes” o “Espinitas de Tuna” fustigaban con aguda ironía el abandono local: las fallas de agua, la falta de médicos o las vacas pastando en la Plaza Miranda.
Fue una publicación bisagra, binacional y plural. En ella habitaban los versos de Paredes Márquez y las prosas de José García-Herreros Salas junto a crónicas sobre el fin de la Segunda Guerra Mundial. Además, reflejó la agitación política de 1945, abrazando con fervor juvenil la revolución de octubre y dedicando páginas a Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos y al presidente del estado, Leonardo Ruiz Pineda, celebrando el nacimiento de una Venezuela libre de censura. Su arraigo cruzaba el río Táchira, recibiendo el aplauso de corresponsales de diarios cucuteños como Hoy.
Recuperar la “Savia Heroica”
La confrontación de estas joyas hemerográficas —el ímpetu de Orientación y la madurez de Ariel— es un espejo incómodo para el presente, pero también una brújula invaluable. Nos recuerda que San Antonio tiene títulos de sobra para ser considerada una “Villa Heroica del pensamiento”. Aquella sociedad no vegetaba en la inmediatez; le interesaba la belleza, el debate filosófico, la macroeconomía y la construcción de mundos posibles.
Hoy, cuando la ligereza digital amenaza con borrar la memoria de nuestras provincias, estas publicaciones emergen del polvo para recordarnos de dónde venimos. Aquellos hombres y mujeres nos demostraron que la frontera no es el final de un país, sino la gran puerta por donde entra la luz de la inteligencia. Es hora de recuperar esa savia heroica, y el Centro de Estudios Históricos trabajará incansablemente por su reconstrucción y salvaguarda.
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