miércoles 6 julio, 2022
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Una vez leí a Leonado Ruiz Pineda

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No hace mucho tiempo, en algún lugar de la zona montañosa del Táchira se habló o escuchó sobre Leonardo Ruiz Pineda. En el llano, oriente, cerca de alguna playa o en la capital del país, alguien actualmente puede estar comentando algo sobre la vida de él. Los amantes de las tertulias políticas, del tema venezolano, cuando se usan los términos: patria, pueblo, mártir, héroe, libertad, político, Seguridad Nacional, dictadura, Acción Democrática, prisión, Marcos Pérez Jiménez, periodista, Presidente del estado Táchira, clandestinidad, Rubio, Táchira, San Cristóbal, Caracas, asesinato.

No tengo mucha información ni he indagado sobre su vida a plenitud. Desconozco su familia, alguna descendencia, sé que su nombre y apellido está en parques, avenidas, liceos, y biblioteca. Su trascendencia me transporta cuando yo entraba a mi adolescencia, escuchando su nombre dentro y fuera del Liceo Simón Bolívar donde estudié (y él también) bachillerato. Cuando escuchaba su nombre dentro y fuera de la casa, cuando leía su nombre en la calle, en algo impreso, o lo escuchaba en la televisión. Me acuerdo que en aquellos años, una vez le pregunté a mis padres sobre él, no recuerdo sus respuestas, pero si su postura seria, y de admiración inmediata.

Ha sido un hombre cuyo nombre constantemente se repite y parece que se renueva con el pasar del tiempo. En los partidos políticos sobre todo en Acción Democrática donde Leonardo Ruiz Pineda militó y fue fundador, debe existir algún diputado, concejal, o persona sin cargo, nuevo en el partido, que está aprendiendo apenas a crear discursos, a meterse en las encrucijadas de la política, que en su pensamiento decide emplear el nombre de Leonardo Ruiz Pineda porque lo ve como primera referencia, como influencia real y fiel a sus recién fundadas convicciones políticas, o ya el formado populista, demagogo, “viejo zorro” de la política usa y desusa a Leonardo Ruiz Pineda como símbolo de libertad y de aplausos, solo acordándose de su nombre de forma impecable, dándose golpes en el pecho, esperando la reacción de la gente que lo vuelve a aplaudir, sin saber más allá de su vida, obra, y camino.

Con el pasar de los años, y estando aún en tierras tachirenses, y ya vinculado en el mundo de los libros, la lectura, y la curiosidad por saber un poco más sobre historia regional, en un Trueque de Libros que se han desarrollado en distintos lugares de la ciudad, veo entre los libros usados y  expuestos sobre la mesa, uno de la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses (Batt) que se titula: Ventanas al mundo de Leonardo Ruiz Pineda. Luego de tantos años de escuchar su nombre, de algunas veces intentar descifrar su símbolo, me encuentro con esta obra y mi oportunidad de leer de manera más directa lo que fue él o al menos lo que escribió. Por supuesto hice mi intercambio de libro y me llevé Ventanas al mundo para empezarlo a leer incluso antes de llegar a mi destino.

Me encuentro con varias sorpresas. En el lenguaje escrito que recién descubro, mi pensamiento dividido por fechas, lugares, emociones y páginas, mi realidad transformada por la lectura y la historia de esta persona que lo llaman “el alma de la democracia en Venezuela”. Para empezar hay un prólogo escrito por Ramón J Velásquez, fundador de la Batt, y quien fue amigo personal de Leonardo Ruiz Pineda, amigo de luchas, incluso de publicaciones y proyectos literarios. Amigo andino. El prólogo del expresidente venezolano, de inicio es de suma riqueza textual, hay prosa y dolor en sus letras, parece una ofrenda reflejada en sus páginas. Describe los inicios de su vida hasta su temprana muerte y vil asesinato, que hoy se sigue formulando hipótesis, teorías y misterios sobre aquel fatal día. Hay poesía sin verso en el prólogo escrito por Ramón J. Velásquez, hay una fuerza que invita al lector a vincularse en la memoria del poeta. No pude soltar el libro en los días siguientes, hasta lograr leer la mayoría de sus páginas.

Conocer lo que escribió Leonardo Ruiz Pineda en su gran vocación como periodista, como escritor, como político, como orador que se reflejó en lo escrito y está recopilado en el libro mencionado, es uno de los momentos personales de mayor asombro y conmoción en mi vida relacionada con la lectura y mi entorno, la historia de esta tierra y las personas que la conforman. Hay un texto que quedará en mi memoria por muchos años, y es el relato que escribió Leonardo Ruiz Pineda de su infancia en las montañas rurales de Rubio hasta llegar a lo que él veía como la gran ciudad y el gran centro de educación como lo fue cuando llegó a San Cristóbal y al Liceo Simón Bolívar respectivamente, algo que posterior se repitió en diferentes circunstancias cuando viaja por primera vez a Caracas. La descripción del pueblerino, de los juegos infantiles entre el agua cristalina y la rica vegetación, para luego ir creciendo y empezar definir sus primeras posturas como hombre andino pero con visiones más allá de su terruño, fue magnífico para mí  encontrarme con esos textos autobiográficos.

En el libro Ventanas al mundo, que es el nombre que le dio Leonardo Ruiz Pineda a una columna que escribía y publicaba con pasión, mucho interés y con gran compromiso con las letras para los diarios “El centinela” y “Frontera”, pueden encontrar los inicios, el crecimiento, las influencias, lo andino, lo cosmopolita, lo reflexivo, el compromiso con Venezuela, el arte, la estética, su pensar, su accionar, su pasión por la historia, su lado humanista, su lado político, como gran orador en el Salón de Lectura, como observador del mundo, del petróleo, de la tierra, y más. Escribió sobre cine y la cultura de Hollywood, sobre Mahatma Gandhi, sus ayunos y su resistencia no violenta que se escuchaba mucho en esos años, reflexionaba sobre las obras de John Steinbeck y Ciro Alegría. Hizo relecturas de la obra poética de Miguel Otero Silva.

Ya años después, ya por estos años sigo escuchando el nombre de Leonardo Ruiz Pineda. Siguen publicando breves reseñas de su vida y obra, textos publicados en páginas de internet, en la prensa, o lo que se vuelve a escuchar en la calle, quizás en algún caserío. Siguen recordando o utilizando su nombre para contextos políticos y sociales actuales del país. Rómulo Betancourt lo describió como “uno de los más extraordinarios oradores políticos de Venezuela”. Lo que sí está claro, más allá de lo que se sabe de él o no, y lo que importa por lo menos para mí, es que fue un hombre distinto que vivió en estas montañas.

Porfirio Parada

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