Opinión
Weber y los tipos políticos
jueves 18 junio, 2026
Julio César Hernández
VALOR DE LA POLÍTICA
Aunque no parezca así, la política debe ser vista y apreciada por la sociedad, como una actividad humana muy seria y trascendente en la vida de las personas, por eso debe ser desempeñada por personas que tengan conciencia de su responsabilidad ante sus colectividades; según como se practique, será “apreciada o desdeñada”, a pesar de su influencia en las distintas actividades humanas; ella como realización del hombre, debe dar respuesta a las demandas sociales, las cuales muchas veces no se ven satisfechas, por la falta de vocación política de quienes han conducido o conducen los asuntos del Estado, incluidas las organizaciones intermedias de la sociedad.
¿QUÉ REPRESENTA LA POLÍTICA?
Sobre este asunto, el sociólogo y politólogo alemán Max Weber, opinó que, la política representa, la aspiración de buscar y participar en el poder, con las trascendentes implicaciones que ello tiene, o influir en la distribución del poder entre distintos Estados soberanos por afinidades ideológicas, dentro de un mismo Estado, o entre los distintos grupos sociales o políticos que lo componen, lo cuales deben contar con las capacidades suficientes, que hagan vislumbrar que todas las estructuras gubernativas del poder, serán conducidas con pulso firme y conocimiento de las materias principales que se abordan desde esos órganos, a fin de evitar populismos, autoritarismos o improvisaciones.
DEPURACIÓN DE PERFILES
En ese orden de ideas, desde los partidos políticos, movimientos sociales u organizaciones gremiales, deben aparecer los nombres de los ciudadanos que se distribuirán entre los distintos órganos del Poder Público y para ello, las autoridades de aquellas entidades, deberían depurar las exigencias en cuanto a los perfiles de los postulados a ocupar cargos públicos de elección, para que no ocurra, lo que hace un par de años sucedió con un Ministro en Ecuador, que en sus primeras declaraciones públicas, afirmó que “no sabía nada del área para el cual había sido nombrado”, lo cual por supuesto, hace presumir que, se designan autoridades, sin tener perfil para los cargos.
EL BUEN POLÍTICO
Opuesto a lo anterior, es el buen político, que vive para la política, que busca el poder para planificar y gestionar estadios de desarrollo social, económico y cultural, que promueve la participación no eleccionaria y eleccionaria y, la consulta; que es transparente en su rendición de cuentas, ante otros que no lo hacen o la confunden con la demagogia discursiva, estos últimos, son los que sólo buscan el poder, pensando que desde esas posiciones alcanzarán notoriedad, fama e influencias, pues conciben al poder como un medio para la consecución de fines autoritarios o egoístas, pretendiendo conculcar permanentemente las prácticas que le sirvieron para alcanzar el poder.
POLÍTICA COMO PROFESIÓN
Vive de la política como profesión, la persona que trata de hacer de ella una fuente duradera de ingresos; quien busca en las contrataciones estatales obtener ventajas a través de terceras personas o buscan ubicar a sus cercanos en los negocios del Estado o simplemente procuran ocupar un buen cargo con el propósito de devengar un salario, aunque sus aportes sean nimios a la sociedad o aquél que anda buscando casi siempre la manera de resolver sus problemas económicos, dedicando más tiempo a esto que a la atención de las comunidades o ciudadanos, sin ahondar mucho en los nepotismos.
LAS LEALTADES
En ese orden de ideas, ya está bueno que, en la dirección de los partidos, sindicatos u organizaciones gremiales, existan jefes plebiscitarios, que cada vez que llevan adelante una realización, quieren que esos asociados o adherentes se los agradezca eternamente, pues exigen “lealtades claudicantes”, alejadas del discernimiento propio de cada persona, que pretende se conviertan en maquinaria para obedecer ciegamente al jefe o supuesto líder infalible, que hace rato dejaron de ser políticos, para convertirse en caudillos o burócratas dentro de sus organizaciones, que miran con una evidente superioridad a sus seguidores.
POLÍTICO DE VOCACIÓN
Al contrario, un político de vocación, cuida sus relaciones interpersonales, su lenguaje procura ser creíble y confiable, pensando que sus ideas u opiniones serán evaluadas socialmente, para ello debe ser consecuente con las mismas, decir las cosas como son y oportunamente; su reputación o prestigio no deben estar basadas únicamente en el carisma personal, que es necesario, pero no suficiente; debe igualmente tener claridad en sus planteamientos y discursos, mostrando dominios sobre los temas abordados e igualmente ser capaces de guiar acertadamente a una colectividad en tiempos de dificultades, pero por sobre todo, tener conocimientos sobre asuntos políticos y de Estado.
Un político de vocación, debe tener pasión por la causa que defiende, dice el mismo Weber pasión en sentido positivo, “para construír o edificar un mejor sistema político y electoral” se agrega; y continua, la “pasión no convierte a un hombre en político si no está al servicio de una causa o sector de la población, y no hace de la responsabilidad para con esas causas los faros que orientan su acción”. Para todo eso, se necesita y ésta es la cualidad psicológica decisiva para el político, mesura, que es la capacidad para dejar que la realidad actúe sobre uno, sin perder la tranquilidad y la objetividad.
CIUDADANOS COMO POLÍTICOS
Para Max Weber, “los ciudadanos somos “políticos ocasionales”, cuando depositamos nuestro voto, aplaudimos o protestamos en una reunión política, cuando hacemos un discurso político o realizamos cualquier otra manifestación de voluntad, y últimamente opinar de acuerdo a las corrientes imperantes, para muchos hombres la relación con la política se reduce a esto. En cuanto a los “políticos semiprofesionales”, ellos son todos esos delegados y directivos de asociaciones políticas que, por lo general, solo desempeñan estas actividades en caso de necesidad, sin vivir principalmente de ellas y para ellas, ni en lo material ni en lo espiritual”.
PÉRDIDA DE LEGITIMIDAD
En otro orden de ideas, se destaca que, hoy en día, se ha perdido la “legitimidad” de muchas asociaciones u organizaciones políticas o intermedias, porque se aceptan sin cuestionamientos internos o sus miembros no se atreven a decirlo, las arbitrariedades o caprichos de sus dirigentes, lo que hace que los inconformes prefieran retirarse y no seguir perdiendo el tiempo, bajo la conducción de políticos profesionales sin vocación, sin esas cualidades íntimas y carismáticas que hacen al líder, quienes en buena medida se soportan en base a su clientela política o camarillas, como fueron denominadas en otros tiempos.
Es precisamente ese importante aspecto de la falta de vocación política, la que la empaña y hace decaer ante la gente, porque ser político, cada día más, tiene una mayor connotación y responsabilidad, ello implica que tienen que desprenderse de intereses subalternos que son desdeñados por las comunidades, pues no siempre los intereses de ellas, van a coincidir con los de los políticos o los de sus asociaciones políticas, por lo que se hace necesario que, estas últimas, coloquen sus oídos en el ambiente social, para que se puedan enterar de lo que la gente clama por si no lo saben y no tengan un discurso ajeno a las comunidades.
¿QUÉ DICE LA REALIDAD?
Ya al final de esta opinión, creemos que, aquellos políticos que sienten vocación por la política, deben saber interpretar muy bien la actual realidad, que no es otra que promover un proceso de liberalización y democratización, que culminen en unas elecciones generales o presidenciales, por ser lo que la gente les reclama; de otra parte, aquellos políticos que, solo busquen notoriedad o pescar en río revuelto, quedarán en los depósitos de la historia contemporánea; muchos deben comprender, que no son opción electoral frente a la Ing. María Corina Machado: necesitamos entonces que, todos los políticos demócratas, sin excepción, estén al servicio de los más caros ideales de libertad y justicia.
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