Opinión
¿Y quién nos indemniza, carajo?
sábado 21 febrero, 2026
Carlos Casanova Leal
Hablemos claro: El socialismo del siglo XXI, exportado desde Cuba a Venezuela por el chavimadurismo, apoyado por los Rodríguez, no fue un error ni un accidente; fue un plan dirigido a empobrecer al venezolano para someterlo por escasez y necesidad; para ello la crisis debería ser real y de ahí la ruina de las empresas del Estado y de la liquidación de las privadas; pero y fundamentalmente existió un plan de expolio, esto es la transferencia de la riqueza nacional a cuentas personales privadas en el extranjero.
Eliminaron los medios de como el ciudadano se daba su prosperidad, prescindió de los medios privados de producción, perdiendo el venezolano sus condiciones de vida y de trabajo, intervino el modelo económico constitucional para implantar el socialista inconstitucional, se fueron acabando los trabajos, comercios, industrias, grandes, pequeñas, medianas, familiares, las fincas y parcelas; unas saqueadas y otras expropiadas, cada decisión del Gobierno hizo inviable mantener la actividad económica y otras fueron expropiadas. De esa manera crearon el desempleo para someterlos al bono y forzaron la migración.
Ahora se habla de amnistía, tema altamente importante que comparto, ya que los presos políticos no cometieron delito alguno sino defender la Constitución que desaplicó la revolución gobernante; no obstante, surge este tema del que no se habla: ¿Quién indemniza a los venezolanos que perdimos todo?
Esto no es cuento, es la historia actual de una herida abierta, de abuelos que murieron solos, de viudas sin pensiones evaporadas por la hiperinflación, jóvenes que quedaron sin futuro haciéndose adultos en el rebusque. Todos perdimos, las casas no se pudieron seguir manteniendo ahora deterioradas; niños con dos o un día solo de clases; perdimos el bono geográfico. Venezuela vivió una tragedia humanitaria compleja.
Ahora veo nietos e hijos de algunos responsables de haber llevado a Venezuela a la era de Chávez buscando inversionistas para venir a comprar las industrias y fábricas a precio de ruina. ¡Qué ironía tiene el destino con los venezolanos!
No puede ser que ahora enchufados vengan a comprar con los mismos dineros las empresas quebradas por las gestiones que apoyaron.
La reconstrucción del país tiene que ser moral si queremos volver a la Venezuela decente y no a una Venezuela de viveza mal llamada criolla.
Vienen las inversiones y la compra de empresas del Estado, y la pregunta es: ¿Y quién invierte en el venezolano? El que bajó la Santamaría, ¿cómo abre nuevamente si ya ni cuentas bancarias tiene y las referencias son viejas? ¿Al que le sacaron todo el ganado de su finca? Al que expropiaron, ¿qué le entregaran ahora?, ¿lo que ya no funciona? ¿Son competitivas las maquinarias 27 años después en estado de obsolescencia? ¿Cuántas emisoras de radio y equipos confiscados, periódicos cerraron, cuántos quedaron sin medios de vida, podrán reactivar ahora que están descapitalizados? El mecánico que cerró su taller y vendió sus herramientas para comer, ¿cómo comienza nuevamente?
Sé de personas que se suicidaron, les dio infarto y ACV después que les quitaron la finca, o del que se fue después que le mataron 2 mil cabezas de ganado; de amigos que en depresión por la pérdida del valor de su jubilación mueren de tristeza, pobres. Conocí a un camarada –él, yo no- del PCV que murió pidiendo medicinas, de los que murieron sin medicamentos para el cáncer, las infancias robadas, la dignidad pisoteada, la ruina económica. Esto es un trauma colectivo.
Venezuela debe reconstruirse con justicia, no somos los primeros y ojalá los últimos a los que le sucede esta tragedia comunista con nexos de otro tipo; Polonia y Hungría postcomunismo restituyeron propiedades expropiadas vía fondos estatales y bonos de compensación, recuperaron el 80 % de activos privados, en Sudáfrica pos-apartheid crearon la reparación a las víctimas y en Venezuela todos a excepción del enchufado que son un 9 % lo somos.
Entre otras cosas es necesario plantear que en el país se debe crear el Fondo Nacional de Reparación, financiado con activos recuperados de corruptos de Petrocaribe, PDVSA robada que se calcula en estimaciones de más 300 mil millones de dólares en cuentas en el exterior. Restitución rápida de fincas e industrias hecho que debe producirse con entrega de bonos por obsolescencia, amnistía laboral con créditos blandos para reactivar comercios, la pequeña y mediana empresa; el Fondo Anticorrupción para recaudar lo robado e indemnizar a los venezolanos.
Alguien dirá: “Eso es después, primero salgamos de las elecciones”, y cuando se pedía renovación de autoridades se decía igual, salgamos primero de esto y luego eso, y así Venezuela quedó para después.
Cuando el Presidente Eleazar López Contreras le ofreció al distinguido Román Cárdenas, quien venía de ejercer cargo de gobierno con Gómez, la posibilidad de seguir siendo ministro, éste le respondió: “No, yo pertenezco al pasado”. ¿Cuántos admitirán esto hoy?
El próximo artículo, propondré que hacer con la corrupción.
Dios bendice a los venezolanos.
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