domingo 4 diciembre, 2022
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La región debe prepararse para una recesión global

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La economía global se prepara para nuevos desafíos de cara a 2023, en un ambiente de previsiones a la baja, donde las proyecciones de recesión amenazan a las grandes economías, tras varios meses de altas tasas de inflación, cortes en ciertas cadenas de suministro e incrementos en los precios de la energía.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), en su más reciente informe presentado en el pasado mes de octubre, augura que “la desaceleración mundial será de base amplia”, por lo que recomienda a los gobiernos tomar previsiones y hacer ajustes para sortear de la manera menos dura la crisis que se avecina.

En lo referido al crecimiento económico mundial, el FMI sostiene que seguirá desacelerando de manera progresiva, pasando de 6 % en 2021 a un simple 3,2 % esperado en 2022, y 2,7 % para 2023. Exceptuando la crisis financiera de 2008 y la caída causada por las restricciones durante la pandemia por Covid-19, es el “perfil de crecimiento más flojo desde 2001”.

Mientras que en la evaluación de la inflación se aprecia que hubo un alza significativa, pasando de 4,7 % en 2021 a un pronostico de cierre para 2022 de 8,8 %. Y pese a la desaceleración que se prevé, el organismo financiero estima que se mantendrá relativamente alta, con un cierre a 2023 de 6,5 % y 4,1 % en 2024.

Los principales focos de esta crisis señalados en el informe son las política monetaria y financiera de estímulos adoptada para reactivar la economía post pandemia, el encarecimiento de la energía tras la invasión rusa a Ucrania y la alerta de una posible crisis en el sector inmobiliario de China, que ha hecho corregir a la baja sus proyecciones de crecimiento.

En el marco de este panorama, América Latina y el Caribe también son evaluados, por lo que Diario La Nación conversó con el director de Análisis económico y vocero de Torino Economics, Luis Prato, con quien se valoraron las proyecciones y los principales desafíos económicos que deberá enfrentar la región en 2023, y cómo se verá afectada Venezuela.

— El Fondo Monetario Internacional proyecta en su más reciente informe que el crecimiento de América Latina y el Caribe va a desacelerarse, pasando del estimado de 3,5 % al cierre de 2022, a 1,7 % para 2023, en consecuencia, ¿cómo se puede explicar la desaceleración del crecimiento económico de la región?

—  Una de las causas es la previsión de una recesión global; en Torino Economics estimamos un 80 % de probabilidad de recesión. Otra, es la previsión de que haya una caída en el precio de las materias primas, de las que dependen en gran medida los ingresos de los países de la región.

Sumado a esto, China, uno de los principales socios de Latinoamérica podría desacelerar su crecimiento, reduciendo la demanda de materias que importa. Se debe añadir a su vez las condiciones de financiamiento, donde se han encarecido los préstamos a causa de las subidas de tipo que viene realizando la Reserva Federal de los Estados Unidos, haciendo que se deba repensar la toma de nuevos créditos.

— En relación a las proyecciones de inflación, en el informe se muestra que la región podría cerrar 2022 con una tasa promedio de 7,8 %, mientras que para 2023, la misma estaría en torno al 4,9 %. En este caso, ¿qué medidas deben tomar los países de la región para enfrentar la inflación?

—  En este caso, América Latina y el Caribe tienen un punto a favor, porque la mayoría de los países empezaron desde muy temprano a aplicar una política de endurecimiento monetario, al ordenar un aumento de las tasas de interés a un ritmo incluso mayor que las economías avanzadas, precisamente previendo la emergencia derivada de la inflación.

De hecho, hay casos como los de Brasil donde hay trimestres donde se ha registrado deflación, lo que constituye un caso referencial bastante interesante. Por lo tanto, esta debería ser la línea a mantener para conseguir una desaceleración del fenómeno inflacionario, lo cual conlleva a su vez a disminuir o ser más cuidadoso con el gasto público.

— Para el FMI los principales desafíos que actualmente ha de enfrentar la región, además de la inflación y la menor disponibilidad de crédito, son los reajustes en las políticas fiscales. En su opinión, ¿qué directrices económicas habrían de tomar los gobiernos de cara al panorama de 2023?

—  Precisamente, uno de los desafíos fundamentales es el equilibrio en la consolidación fiscal. El esfuerzo por reducir los déficits fiscales, sin comprometer la capacidad de crecimiento y el gasto social, que termina siendo una tarea compleja.

Es por esta razón que países como Brasil y Colombia han impulsado el debate en torno a reformas tributarias que implican el incremento de los ingresos fiscales para poder sustentar las respectivas agendas sociales.

Por ello, se hace importante encontrar vías sostenibles de incremento de ingresos al fisco, y a su vez calibrar en qué medida el aumento de las políticas de tasas de interés no compromete la actividad del mercado.

También hará falta tener en cuenta el riesgo implícito a nivel político de estas medidas, las cuales podrían generar salida de capitales y descontento social ante una desaceleración del crecimiento económico. Así mismo, es importante considerar el fortalecimiento de las instituciones que componen al Estado, y que representa el sistema de contrapesos que reduce los riesgos para los inversores.

— Como último punto, analizando el caso venezolano, cuya economía depende actualmente en una medida considerable de las importaciones de bienes de consumo, para las que se necesitan divisas, ¿cómo afectaría la recesión a la economía del país?

—  Venezuela ha registrado una recuperación económica en 2021 y parte de este 2022. Pero consideramos que ese crecimiento va a encontrar un techo en la medida en que no se reactive la cartera crediticia, tanto para el consumo privado como para el emprendimiento de proyectos productivos, y esto va en paralelo al control de la inflación, que sigue siendo, en términos anuales, la más alta de la región.

Por otra parte, será fundamental para la economía venezolana el acceso a financiamiento internacional por ser clave para sustentar la reactivación del sector petrolero. Sin pasar por alto que para que vuelva a haber inversión en el país, se tiene que generar un clima de confianza y un levantamiento de las sanciones.

En este sentido, en Torino Economics consideramos que el panorama podría cambiar en el primer trimestre de 2023 si Estados Unidos acepta ciertas flexibilizaciones que permitan al sector petrolero recibir mayores inversiones, encontrando de esa manera vías para levantar la producción, que al momento ha tenido un techo en torno a los 700 mil barriles diarios.

De manera que el flujo de divisas al país para poder mantener parte de las importaciones estará atado fundamentalmente a la capacidad de crecimiento de la producción petrolera. Sin embargo, consideramos que para romper realmente el techo del crecimiento hay que desatar el nudo político, razón por la cual las negociaciones serán determinantes.

(Diego Mendoza / Pasante de Comunicación Social)

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