lunes 26 septiembre, 2022
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Ana Gallo, abuela centenaria

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Por Freddy Omar Durán

Hoy, 15 de agosto,  hay fiesta en el barrio Lourdes, pues una de sus fundadoras, Ana Evelina Gallo de Sánchez, ha traspasado la noble barrera de los 100 años.

En su honor, su familia hará un gran agasajo que incluye en primer lugar un agradecimiento al Creador en la Iglesia Coromoto en la tarde de este lunes, pues el natalicio de la noble dama coincide con el día de la renovación de la imagen de la Virgen de la Consolación de Táriba.

Por supuesto, esta fecha no pasará por debajo de la mesa, y es motivo de una rumba en el sector El Llanito de Cordero, con música campesina y rancheras. Será complacida con dos temas de sus artistas favoritas, Las Hermanitas Calle: Ojitos Verdes y Alma Negra.

Con los dedos de la mano se cuentan las venerables damas que en el Táchira, tierra de records Guiness de longevidad, que han sobrevivido a casi una veintena de presidentes en Venezuela, y partido de una época en que apenas si había energía eléctrica instalada hasta la actual, y sus comunicaciones a distancia.

Casualmente una de esas mujeres del grupo de las centenarias es vecina suya Enriqueta Canchica Ferreira, con un año más sumado a su siglo de vida.

Rodeada de sus hijas cuando el año pasado celebró sus 99 años.

Aunque permanece gran parte de su tiempo en cama, de cuando en vez gusta echar una mirada a la calle, para dejar que la nostalgia aborde en su espíritu y corazón. Ella conoció un Barrio Lourdes de pocas y muy humildes casas ocupadas más que todos por los trabajadores, muchos ellos venidos del vecino país, que se incorporaban, a los grandes urbanismos de San Cristóbal a principios del siglo XX.

Mujer luchadora

Ana Evelina Gallo de Sánchez,  nació en Colombia, pero ya a los 10 años se residenciaba en el Táchira, para tiempo después comenzar a trabajar en la finca de su papá. También ejerció oficio de lavandera, recibiendo las prendas de vestir de los militares acantonados en el Cuartel Bolívar, y limpiándolas a orillas de la quebrada La Potrera y La Bermeja, transitando un largo trayecto de ida y venida, con los trastos en la cabeza.

Trabajó doméstica en prestigiosas los hogares de prestigiosas familias tachirenses, una de ellas la del ex presidente Carlos Andrés Pérez, y ocasionalmente lavaba y planchaba. Llegó incluso a montar su propia bodega. Por un tiempo laboró por los años 70 en la cocina del Hospital Central. En conclusión, ella buscó ganarse la vida de mil y un formas, y está recursividad se acrecentó cuando enviudó hace aproximadamente 50 años de José Fidel Sánchez.

–Ella fue una trabajadora desde muy temprana edad, también hacia sus morcillas, empanadas, hallacas para la venta personal y por encargo para grandes eventos. Ha sido una madre emprendedora, luchadora, nos crió a todos nosotros con esfuerzos y dedicación. Muy devota a la Virgen de la Consolación, y una gran madre ejemplar—afirmó su nieto, Jean Carlos Zambrano.

Aunque vendía miche y licor, fue una persona muy formal, y le encantaba el templete Antonio Aragón, donde se arma la rumba a comienzo de año,  pues ahí podía bailar hasta la madrugada.

–Era una persona muy correcta y no gustaba mucho de que los familiares tomaran, pero, vendía trago. Su mamá no la conoció pues la perdió cuando ella tenía 3 años—contó su hija Lucrecia Sánchez

Tuvo 5 hijos, de los cuales dos fallecieron y tres mujeres sobreviven, Lucrecia, Elvira, Eneida. De ella despegó un gran árbol genealógico al que se incluyen 16 nietos, 25 bisnietos y 4 tataranietos.

Actualmente se encuentra bien para su edad, pero hace 12 años se operó de la cadera, la cual se dislocó al caer en los espacios aledaños al Palacio Nacional, mientras protestaba por la liberación del periodista Gustavo Azocar.

–A ella la apreciaban mucho y se ganó el cariño de mucha gente; la vida de ella era visitar a sus allegados. No dio mal ejemplo de nada, y no nos pegaba pero nos advertía firme sobre muchas cosas. Nos alimentó a punta de sopa de grano y creo que eso nos nutrió bien—anotó  su hija Elvira Sánchez.

Como toda persona de la tercera edad sus requerimientos elementales incluye pañales y tratamientos médicos de soporte, gastos que su familia con mucho sacrifico intenta solventar, pues con su pensión no se cubren.

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