Carnicerías con mucha carne pero con pocos compradores

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Aunque la carnicerías se están abasteciendo, los compradores se restringen de adquirir el producto. (Foto/ Tulia Buriticá)

La carne no está ausente de los estantes de los negocios del ramo en el estado. De primera y de segunda se encuentra en los mercados y carnicerías, pero lo que falta son compradores porque el dinero que gana como salario mínimo no alcanza para comprar este producto, alimento básico en la dieta de los tachirenses.

Esta realidad preocupa en sobremanera a los  dueños  de los establecimientos comerciales quienes simplemente esperan en sus butacas a que una población que gana en promedio 18 mil bolívares, gaste la mitad de su sueldo en apenas  en un kilo, que no alcanza ni para una semana en una familia promedio.

Una situación que tiene preocupados a los carniceros, y que ha obligado  el cierre  de muchas santamarías, con una perspectiva nada alentadora, pues los precios van cambiando día a día.

Los precios varían entre los 7 mil y 9 mil bolívares. Muchos buscan huesos carnudos “para darle gusto a la sopa”, costilla, hígado, patas de res, pero ya no se compran con mucha regularidad. Solamente un grupo de la población que recibe remesas de dinero se da la oportunidad de comprar lo que desee y a veces en grandes cantidades, mientras otros solo llevan medio kilo de la más económica.

Ellos saben que el común de la población no aguantan los montos ofertados; pero ellos alegan, por otra parte,  que no pueden ofrecerla por debajo a lo que la adquieren, e ir a pérdida. Sostienen que sus gastos operativos no se limitan a la adquisición de la mercancía pues también hay que pagar al personal, cubrir existencias con la incertidumbre de lo que mañana pasará.

Hablar de un precio estable y fijo no resulta posible; pero lo cierto es que está muy lejos están de los 420 bolívares soberanos fijados  por Gaceta Oficial, cuando en la calle ronda el precio entre los 7 mil (la carne molida) y los 9 mil  y más si se quiere de primera. En este caso es la suerte del comprador, -que tenga disponibilidad económica, por supuesto- la que dará con la cifra “justa” –no el sentido de justicia, sino de talla presupuestaria- a su bolsillo.

Freddy Omar Durán