domingo 26 junio, 2022
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Centenario de un perseverante tachirense

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A escasas horas de que finalizara el milenio, moriría uno de los protagonistas clave en el desarrollo de los medios de comunicación en el estado Táchira, durante el siglo XX.

El sueño de José Rafael Cortés Arvelo le ha sobrevivido 23 años, con muchos más por venir, tomando dimensiones que él no hubiese imaginado, al multiplicarse Diario La Nación en diversidad de vitrinas informativas.

Sea como sea, cada edición del impreso, cada emisión de la radio, cada actualización de las plataformas digitales, es un acto de perseverancia, siempre acechado por innumerables inconvenientes que el público ni imagina, y que lo ponen en peligro de desmayar.

Diario La Nación es obra de José Rafael Cortés.

Ciertamente, perseverancia ha sido la palabra que describe perfectamente a don José Rafael Cortés, cuyo centenario se conmemoró este miércoles, 19 de mayo: cualidad que ha tomado la forma de un espíritu, aún recorriendo los pasillos de la sede del rotativo, para lanzar su grito de batalla cuando los ánimos se acongojan.

Hombre pujante que a pulso limpio levantó el Grupo Cortelar, del que hicieron parte las empresas Tipografía Cortés, Telares Táchira, Editorial Torbes, Distribuidora Carolina, Confecciones Carol, Industrias Varias, Men´s Shop, Da Enzo, La Birrería, Hilados Doña Juanita, Fundiciones Uribante y Colchones Ivar, entre otras.

Alimentando su leyenda, algunos llegaron a afirmar que a los cuarenta años obtuvo cuarenta empresas, aseveración no tan precisa en sus cifras, mas sí muy elocuente de su pasión por los grandes retos de inversión en su tierra natal, procurando para ella grandes cotas de prosperidad y empleo. Consolidar ese gran emporio le desgarraría pedazos de un corazón que dejaría de latir el 31 de diciembre de 1999.

El nacimiento de Diario La Nación, y su sostenimiento por 53 años, no han sido obra de la casualidad, ni de la suerte: fue un proyecto que maduró desde que en su juventud, en la Ciudad Pontálida, Rubio, publicó La Sorpresa y en San Cristóbal, Vuelvan Caras, bajo la inspiración de su padre, don Arquímedes Cortés, fundador de Tipografía Cortés, a finales de los años 20 del siglo pasado.

Serían alrededor de cinco aventuras editoriales, entre ellas La Hora y Resumen, por las cuales incluso ganaría días de prisión y amenazas de exilio, hasta que por fin despegaría el 23 de diciembre de 1968, luego de angustias en las pruebas técnicas, que compartiría con su esposa, doña Gloria Niño de Cortés, y el primer director, Mardonio González, Diario La Nación, con una propuesta moderna de impresión offset, la composición fría y recepción de información e imágenes desde el exterior, a través del servicio de telefotos.

Pero no fue solo estar a la vanguardia tecnológica la preocupación de Rafael Cortés, el éxito del diario lo apostó a su presencia permanente en la sociedad tachirense, al compromiso con sus venturanzas e infortunios, a la cacería del dato preciso y fiable para conseguir la noticia más completa y veraz posible, y la escucha atenta de quien necesitara ser atendido, desde el más encumbrado hasta el más humilde de los ciudadanos.

Al respecto, alguna vez escribió en su editorial “Hemos hecho “La Nación” para defender los derechos de los pueblos de los Andes, en especial del Táchira y del pueblo tachirense, y no nos vamos a apartar de ese propósito. No hay intereses mayores que defender que los de mi tierra y no cambiaremos, ni hemos cambiado, campañas periodísticas por migas, ni contratos, ni prebendas. Salimos para defenderlos y para defender la tierra tachirense”.

En el prólogo del libro La Opinión del Editor, el insigne periodista tachirense y expresidente de la República, Ramón J. Velásquez, resaltó que: “El propósito que animó a José Rafael Cortés, al fundar “La Nación”, lo cumplió.

Recuerdo que frente a las dificultades que en ese empeño se le presentaban, me dijo en una ocasión: ´el periódico lo defiendo por sobre cualquier circunstancia adversa y en repetidas ocasiones he tomado las ganancias que me producen las otras empresas para cubrir el déficit de esta´”.

Más adelante. el historiador reconoció a doña Gloria Niño de Cortés, como su cómplice en sus andaduras periodísticas, y a quien sin temblarle la mano le correspondió el pase de antorcha, cuando de manera sorpresiva su esposo falleciera, siempre respetando los principios por él enseñados.

Figura pública

Pero ser un discreto personaje de negocios no fue precisamente lo suyo, y siempre quiso, de una manera u otra, tomar un rol destacado en el acontecer local, dando a valer su criterio respecto a los grandes problemas y coyunturas nacionales.

De esta manera, el apasionamiento que siempre lo caracterizó fue a parar a los minados campos del periodismo y la política. Como servidor público se destacó desde las tribunas que les permitieron el Consejo Legislativo Regional, por los años cincuenta, y el Congreso de la República por los años ochenta.

Como periodista, su teatro de operaciones, por supuesto, fue Diario La Nación, como editor general, siempre muy atento al desenvolvimiento de su equipo periodístico; pero también desde su máquina de escribir, desde la cual, por más de 20 años, brotarían en lenguaje coloquial impresiones y críticas a hechos de carácter local, nacional e internacional.

En la Opinión del Editor, columna que abriría la primera plana del periódico, cabría de todo, desde la nota social y familiar, el comentario sobre la problemática de su entorno citadino, hasta su visión de la economía y política del país y el mundo.

Tachirense a carta cabal

Nacido en Rubio, el gentilicio tachirense le desbordaba por las venas, en habla, gesto y porte, con esa mirada recelosa hacia toda forma de engaño, y la palabra desenfadada, sin medias tintas y lanzada a boca de jarro ante lo que él no considerada bueno.

Hoy es el natalicio del señor José Rafael Cortés.

El historiador Luis Hernández Contreras, en el libro “La Nación, Símbolo Tachirense”, inmortalizó la estampa de su humanidad con las siguientes palabras: “(…) podía ser resuelto y mesurado; imprudente y circunspecto; jovial y huraño; tormentoso y afable. Esa ambivalencia la mantuvo siempre toda la vida. Por eso, sus gestos nerviosos, pero también medidos. Resuelto en el baile, como su hermano Eduardo, se le medía entero al más rítmico pasodoble; cuando empezó a usar con frecuencia los anteojos, el gesto de la mano izquierda asiendo la montura lo describió para siempre, en una pose única y difundida. También la sonrisa a borbotones y sus manos entrelazadas llevadas al bajo vientre, le daban una leve inclinación hacia adelante para desternillarse con quien fuera”.

Reconocimientos no le faltaron, entregados de manos de presidentes de la República y líderes del sector empresarial. La Orden Francisco de Miranda (1975), entregada por el presidente Carlos Andrés Pérez; el Premio Nacional de Periodismo (1984), la Orden Andrés Bello (1984), la Orden del Libertador en grado Comendador, en manos del presidente Jaime Lusinchi; la Orden Mérito de Fedeindustria (1991), la Orden Cámara de Comercio (1992), la Orden General Santander, decretada por la Gobernación del Norte de Santander, entre otras más.

Freddy Omar Durán

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