martes 26 mayo, 2020
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Con animada concurrencia marcha la “feria del rebusque”

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De la que hace tiempo se dio en llamar la Feria Gigante de América, que representaba para San Cristóbal incluso la llegada de un importante caudal de turistas que activaban la economía local, hoy en día apenas una tenue sombra queda, gracias principalmente al ánimo de los propios tachirenses que, por nostalgia, amor por su gentilicio o simplemente por no perder un momento de necesario esparcimiento, mantienen su vigencia.

Como se corroboró este sábado y domingo, para esta edición de la Feria de San Sebastián se perfila más animada, en comparación con las ediciones anteriores, pero son varios los factores que han contribuido para eso: por supuesto, la sempiterna tradición, en familia o entre amigos, de subir a Pueblo Nuevo a disfrutar de su ambiente festivo; y otro, una economía del rebusque que ahora ha considerado a esta feria como la ocasión perfecta para hacerse de unos pesos u otra divisa extranjera.

Este domingo de circuito de la Vuelta al Táchira, a lo largo de la avenida España y extendiéndose hasta la avenida Universitaria, mientras los corredores luchaban en su propia competencia, otra se desenvolvía en paralelo: la de los sobrevivientes de la crisis económica, formando una hilera de puestos callejeros donde principalmente se ofertaban comida, chucherías, licores y refrescos, y en menor medida sombreros, lentes y juguetes, de esos que duran lo que dura la feria.

Este año volvió un Parque de Juegos Mecánicos, muy humilde, en comparación con los de otros años, con sus sofisticados aparatos que a más de uno le pusieron los pelos de punta y fueron la delicia de chicos y grandes. Sea como sea, cumple con su misión de atraer la familia, y recordemos que para muchos niños, esta ha sido la auténtica “feria”, más allá de las reinas, los toros, los espectáculos musicales y los pabellones…Hasta tres parques de diversiones de este tipo llegaron a funcionar simultáneamente en Pueblo Nuevo, lo que ha muchos padres por supuesto ponía a sufrir. En esta ocasión, los precios de las atracciones oscilaban entre los mil y los dos mil pesos, por “montada”.

“Feria del Rebusque”

Si bien la Feria siempre ha sido desde su aparición una oportunidad de muchos para obtener ingresos, en esta edición, más que el enriquecimiento, lo que ha prevalecido es la necesidad de recibir dólares, pesos y bolívares en efectivo. Antaño, la parte comercial se concentraba puertas adentro del Complejo Ferial, de Asogata e incluso se habilitaban muchos terrenos aledaños, y la avenida Universidad, desde el Velódromo hasta los pabellones, se llenaba de puestos, especialmente dedicados a las bebidas, pero también a la comida, a los sombreros, a los lentes, los juguetes, y a cuanto cacharro extravagante se pudiese ofrecer. Este fin de semana –situación que es poco probable cambie en esta feria de comienzo tardío-, se extrañó aquel rosario de toldos en los espacios públicos y, en cambio, se instalaron espaciados tenderetes que con una mesa y una silla se levantaban. De otro lado, todavía la ExpoIndustrial no se había abierto en los pabellones Colombia y Venezuela, y tampoco se organizó su réplica en los espacios de Asogata.

El rebusque callejero de alimentos este año se impuso al de los restaurantes formales. Varios de ellos que tenían en la feria su gran temporada, permanecían con sus puertas cerradas, quién sabe si indefinidamente. La oferta gastronómica que se impuso en Pueblo Nuevo se parece mucho a la que uno percibe en la calle: perros a 1.500, el más económico, con o sin jugo; hamburguesas desde 3.000 pesos, y los siempre cuestionados pinchos. Para la merienda, las obleas, los patacones y las barras de galletas achocolatadas, muy ofertadas en las busetas, y todo tipo de snacks traídos desde Cúcuta se podían adquirir por todos lados.

Ante la proliferación de negocios al aire libre, la competencia se ha cerrado, por lo cual cada uno de ellos, y teniendo en cuenta que los bolsillos de los clientes no dan para mucho, ha procurado mantener un precio parejo, diferente a aquellos tiempos donde los abusos especulativos se denunciaban a cada rato. Por supuesto, valga repetir, la perspectiva de aprovisionarse de divisa extranjera, la abundante competencia y los controles de las autoridades, obligan a “moderar” los precios. Por ejemplo, la cerveza se podía adquirir por 1.500 pesos, muy similar a como se ha venido ofreciendo en cualquier establecimiento de la ciudad en estos días.

Cuando la exposición comercial fue perdiendo gradualmente su estatus de otra época, se convirtió en un mercado de ollas de aluminio. Hubo un tiempo, a principios de la década anterior, en que se caracterizó por ser la feria de los celulares. En esta edición, tanto los implementos caseros como los celulares brillan por su ausencia.

Freddy Omar Durán

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