Regional
Contaminación en Barrio Obrero por amplia laguna de aguas servidas
miércoles 8 abril, 2026


El colapso del sistema de aguas servidas y la acumulación de escombros son un foco de contaminación y un cultivo de zancudos y otros insectos en un terreno que está más bajo que el nivel de la calle. El agua busca salir y causa daños estructurales a las casas continúas. Un socavamiento afecta las bases de una vivienda.
Bleima Márquez
Preocupados se encuentran los habitantes de la carrera 21, entre la calle 10 y el Pasaje Acueducto, en Barrio Obrero, justo en la zona conocida como El Chinchorro, a pocos metros del Viaducto Nuevo de San Cristóbal.
El temor se ha apoderado de los vecinos por el colapso del sistema de aguas servidas o mixtas que causó un problema de saneamiento ambiental, convertido ahora en una amenaza latente para la salud y la integridad física de las familias y los inmuebles que allí se encuentran.
Según relatan los vecinos, en un amplio terreno que está más bajo del nivel de la calle y como anclado entre las demás construcciones, las tuberías de aguas servidas se taparon y luego se reventaron hasta convertirse en una gran laguna de contaminación a cielo abierto. Un cultivo adecuado para zancudos y todo tipo de insectos.
El colapso de los colectores mixtos, que reciben tanto aguas de lluvia como residuales, inundó terrenos y estacionamientos del sector. El agua constante ha debilitado los suelos, y provocó el desplome de paredes perimetrales y el inicio de socavamientos en las bases de, por lo menos, una vivienda.
Los afectados
Marta Niño, una de las afectadas, relató al equipo de prensa de Diario La Nación la gravedad que se vive. Según explicó, las tuberías se rompieron en el terreno desocupado y como consecuencia se acumularon desechos orgánicos provenientes de casas y comercios de la parte alta de Barrio Obrero. El estancamiento genera olores fétidos y una proliferación incontrolada de insectos.
“Eso –el terreno donde está la laguna- se mantiene lleno de agua podrida. Hay una plaga de zancudos y la contaminación ambiental es total. Las tuberías rotas están causando daños considerables a las casas que estamos pegadas al terreno”, denunció Niño y agregó que, aunque los propietarios realizaron una excavación para intentar drenar el líquido, el trabajo resultó contraproducente.
Luis Porras, quien vive justo al lado derecho del terreno, expresó que la situación empeoró luego de la visita e intervención de organismos municipales quienes dejaron los escombros en el sitio, justo en la salida, cerca del portón, formando una represa.
Indicó que la lluvia de hace pocos días hizo que estos materiales actuaron como un dique, porque represó el agua sucia e impidió su salida hacia los drenajes de la calle.
Advirtió, junto a otros habitantes de la zona, que hay daños estructurales en los inmuebles adyacentes. Subrayó que una de las paredes del patio de un vecino ya se derrumbó debido a la acción del agua y la saturación del terreno. Otras casas presentan grietas profundas en paredes y pisos.
En algunas ventanas de la casa continua, al lado izquierdo, ya se observa la separación de los marcos, señal clara de que la tierra cede bajo las construcciones. A simple vista se puede observar un gran socavamiento y hay miedo de que avance.
“El agua busca por donde salir y está socavando las casas. Ahorita lo principal es que muevan los escombros esos”, afirmó Porras e insistió en que lo más urgente es el retiro de los escombros que obstruyen el paso del fluido. Temen que, de no actuar antes de que llegue la verdadera temporada de lluvias, se produzca un colapso parcial de las infraestructuras habitacionales.
El grupo de vecinos describe que, en los días de sol, la “hediondez” es insoportable, mientras que en los días de lluvia el nivel del agua sube peligrosamente hacia los interiores. La comunidad hace un llamado urgente a la Alcaldía de San Cristóbal y a la hidrológica regional para que las reparaciones necesarias en el colector. Afirman que la respuesta debe ser inmediata.
Subrayan que la mezcla de aguas servidas, el daño ambiental y el riesgo de derrumbe mantienen en permanente angustia a quienes por décadas han vivido en este sector de la capital tachirense, hoy convertido en una zona de emergencia sanitaria.
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