Regional
De casa señorial a basurero
sábado 21 marzo, 2026



Freddy Omar Durán
Por la carrera 10 del centro de San Cristóbal, un poco más allá del Palacio de Leones, el olvido toma muchas formas, afectando especialmente a viviendas que otrora fueron símbolo de distinción social.
Uno de los casos más preocupantes es la llamada Casa Cárdenas, otrora sede de la Universidad Nacional Abierta, que desde el exterior anuncia un abandono que en el interior toma el feo aspecto de basurero.
Un inmueble en deterioro casi total, pues aun en lo que de fachada se mantiene en pie, reluce una suntuosidad arquitectónica propia de primeras décadas del siglo XX en San Cristóbal, entre heridas de bahareque y caña brava.
Abandonada mas no sola, pues dos personas la han habitado por alrededor de cuatro años, y pudieron ser testigos directos del derrumbe más serio que sufrió la edificación, hace aproximadamente dos años, dejando su interior a la vista pública, y exhibiendo la decadencia más patética.
Para ingresar a la casona por la entrada principal hay que pasar por encima de lo que fueron nobles puertas de madera, unas sobre otras, y sortear obstáculos de ropa vieja. Se siente como si un terremoto hubiese acabado de suceder. Lo desagradable a la vista se corresponde a lo que abruma el olfato.
Si en un principio parece solitaria, desde la única habitación que queda habilitada salen sus particulares inquilinos. A cielo descubierto, en los laterales de un patio despejado, se mezclan los escombros con una gran cantidad de basura y los brotes de vegetación. Prácticamente el inmueble lo conforman las paredes perimetrales, un área techada al fondo, en cuyas paredes decoradas de murales, tal vez pintados al temple, recreando escenas bucólicas, y que se conservan unos mejor que otros, aunque curiosamente cerca de ellos a alguien le dio por pintar motocicletas. Otro cuarto recibió algunas refacciones y sirve de baño.
Pedro Antonio Cervera Ramírez, acompañado de su actual pareja, aseguró que los rigores de la vida los han trasladado hasta el lugar, y que han tenido el empeño de cuidar la casa, pero que si Dios o la caridad del prójimo o el Estado tienen a bien trasladarlos a una vivienda, se irían con gusto. Dijo que su permanencia ha prevenido de seguir cometiéndose las vagabunderías que antes se hacían frecuentes allí.
La señora Yajaira recuerda que el día en que se derrumbó la casa llovió muchísimo, y ellos quedaron prácticamente enterrados por los escombros.
Afirmó Ramírez que él es uno de los damnificados del desastre natural que afectó al Barrio 8 de Diciembre el 18 de octubre de 2006, y donde murió una parte de su familia.
“A todos les dieron casa, a mí no. Vivía en Barrio Táchira, tenía una casa y le cayó un árbol encima. Y tampoco me dieron nada. ¿Qué toco hacer? Y me devolví al 8 de Diciembre a vivir en los escombros. Usted va a los periódicos de 2006 y ahí usted ve mi nombre. ¿Saben por qué a mí no me asignaron casa? Porque yo no fui al refugio. No tengo dónde vivir y mire. Ya llevó 4 años”.
A su pareja le muestra la ropa que se encontró en la noche, luego de una jornada de trabajo dedicada a vender dulces en la calle. Hubo un tiempo en que el señor Ramírez laboraba en la Alcaldía, de la que se retiró porque no ganaba nada. Sostuvo que si ha habido contactos con los dueños del inmueble, quienes les habrían solicitado no permitir el acceso a gente extraña.
“Viene gente y bota basura, ¿y qué podemos hacer? Se aprovechan cuando uno está más descuidado. Aquí tiene que venir gente de mantenimiento y ayudar a llevarse esa basura”.
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