domingo 14 agosto, 2022
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De punta a punta, zozobra en La Consolación-Zorca

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Al menos 80 familias colindantes con la quebrada La Zorquera, en el sector calle La Consolación, están en riesgo de sufrir la pérdida de sus viviendas.


Freddy Omar Durán


De costa a costa, el peligro ronda al sector calle La Consolación de Zorca Providencia, municipio San Cristóbal, y él mismo no se sospecha, pues no pocas veces la quebrada La Zorquera ha dado muestras de su furia.

En el sector Los Amigos ya se había advertido a través de Diario La Nación de la delicada situación de Abdercaden Cárdenas, su esposa Gladys Teresa Márquez, así como su vecina María Concepción Villamizar, de ya no contar con sus viviendas por culpa de la acción destructiva de las aguas. Desafortunadamente, lo que se temía ocurrió, pero alrededor de 80 familias no quieren sufrir la misma suerte y por eso han hecho todas las gestiones del caso ante la Gobernación del Táchira, que con sus funcionarios en el sitio ha tomado nota de los riesgos.

La crecida de la quebrada no solo preocupa por la impertinente visita de las aguas en el momento menos esperado, sino por su poder de horadar los terrenos sobre los cuales las viviendas se asientan.

Por ejemplo, ya al final de una carretera en pésimo estado, los terrenos colindantes se han ido bajando, en estos últimos meses a gran velocidad, casi a razón de 30 centímetros. Es decir, de un momento a otro ese acceso ya se quedaría clausurado; pero lo más preocupante es que el otro, de los dos únicos con que cuenta el sector, lo representa un puente fracturado, desprendido del pavimento propiamente, y volando sobre las orillas a extremo y extremo.

—Viene otra vaguada, como la que nos afectó en noviembre de 2020, y se lleva el puente. Ya de la situación se ha informado al IVT, a la Gobernación. Han venido representantes de esos organismos y constataron la situación, el 22 y 24 de abril. El puente tiene que estar a nivel de la carretera y como se puede ver, está más acá y hundido. Este es nuestro paso principal de peatones y vehículos, mientras que el paso alterno resulta intransitable— informó Adriana Zapata, líder de calle.

Cuentan los vecinos que ese puente se construyó por los años sesenta, remplazando a un viaducto de tubos un poco más arriba del afluente, cuando a los automotores se les permitía atravesarlo, pues sería después, con la ayuda de maquinaria, que el cauce se profundizó.

Si el puente, ya algo ladeado y con fragmentos de sus aletas laterales, que desde arriba se ven deshechas y desplazadas, da signos preocupantes de deterioro, desde  la visualización panorámica que permite el paisaje no es nada alentador. Casi que la mano de Dios lo sostiene en su palma.

—Le falta poco para caerse. Esta zafado por ambas partes, ahora está sostenido sobre barro, sobre el relleno que han puesto a lado y lado –denuncia con preocupación Dora Márquez-.

A un lado se ven las tuberías de aguas negras sobresaliendo de peligrosos barrancos, ahora ya encima de las casas, ocupando el espacio de lo que antes eran patios, a los que incluso se les daba uso para la agricultura. Del otro, bloques nobles de cemento parecen ser arrullados por el canto furioso de la cañada; eran parte de muros de contención construidos, tal vez en los años noventa del siglo pasado.

A punta del deslizamiento de los terrenos, el aumento de las aguas y la vaguada de noviembre de 2020, ya se ve que muchas casas han perdido sus paredes traseras, permaneciendo en total indefensión.

Otra cosa preocupante es que la sedimentación arrastrada por la quebrada ha formado una isla, que a su vez la han multiplicado en dos ramas y que, en otra crecida, muchos vecinos temen sean trampolín de un violento torrente, en caso de que los terrenos en bajada terminen formado un tapón.

—Aquí hay personas de la tercera edad, personas con discapacidad, niños, muchísimos niños, y muchos de ellos con necesidades especiales. Cuando se metió la vaguada se llevó las paredes de muchas casas y perdimos casi todos nuestros enseres; todavía usted ve en muchos muros, se ve la marca casi a 50 centímetros, que es hasta donde las aguas alcanzaron altura— agregó Zapata.

Lo más terrible de las pérdidas sufridas por ese sector es no haber contado con los recursos para reponer los daños. Y sin contar con lo mínimo para reponer un mobiliario, menos se puede pensar en adquirir una nueva vivienda. No solo se trata de lo físico, un evento natural violento no escoge horas y, por lo general, ocurre en la noche, pudiendo encontrar a la víctima inerme en pleno descanso, en riesgo de hasta perder la vida, y para colmo, se le obliga a agarrar una ruta de escape por una carretera a cuya decadencia la lluvia y la riada pueden “clausurar con lápida de oro”.

—Hacemos un llamado para que se tome cartas en el asunto, porque esto es urgente. Este es el sector de los abandonados; lamentándolo mucho. Se ha hecho lo posible, se han recogido firmas, se ha ido a las instituciones— afirmó Zapata, recalcando una urgente atención.

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