sábado 29 enero, 2022
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Desde la madrugada se forman colas para trámites en la Zona Educativa

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Freddy O. Durán

Las largas colas por toda la cuadra, que parten desde la entrada del edificio sede de la Zona Educativa, han sido habituales en el lugar; pero si comparamos las mismas durante la primera década del 2000 y la segunda década, nos podremos dar cuenta de que las razones son distintas: en el pasado se trataba de jóvenes profesionales con el currículo debajo del brazo y las esperanzas de alcanzar en su propio país crecer en su carrera docente; pero hoy son jóvenes –o en tal caso sus representantes- en proceso de legitimar sus notas y certificados para hacerse de un futuro académico en el exterior.

Alicia Arellano fue una de las tantas personas que lucharon por un cargo en el Ministerio, y hoy en día vuelve por los meandros de la burocracia, pero en favor de su hija.
—Estoy tramitando los papeles para que mi hija estudie en Colombia, porque en Venezuela la educación ya no sirve. Yo soy docente, somos mal pagados, y yo quiero lo mejor para mi hija— aseveró Arellano.

A las 10 y media, luego de ser recogidas sus cédulas, los que estaban más cerca de ser atendidos tuvieron que madrugar, desde las cuatro de la mañana, pero otros, como el caso de Juana Ortiz, tuvieron que hacerlo desde las dos; Ortiz tuvo que trasladarse desde Colón, municipio Ayacucho, junto a una compañera, ya de la tercera edad, y por la que intercedía diciendo que esta no estaba para hacer esas colas, pero no le importaba, pues buscaba mejores oportunidades para su nieto, radicado en Chile.

—Yo no los juzgo, a la edad de ellos también me iría. al no tener ningún futuro. Uno, como venezolano, quiere mucho a su país y aunque aquí, en el Táchira, estamos viviendo mejor, en comparación con otras partes del país, no podemos permitir que nuestros hijos se estanquen aquí. Yo tengo un hijo, y la gente me critica porque yo quiero que se vaya— narró.

Antes de que se inicie el horario de atención, a las 8 de la mañana, durante la semana flexible, la cola casi abarca la cuadra, pero poco a poco se reduce y de los que ahí esperan pacientemente, alrededor de 70 serán atendidos, teniendo el resto que esperar otro día, pues la demanda es aún superior a esa cantidad: “Ya he perdido tres veces la cola”, aseveró una señora en edad venerable, quien le hacía la “vuelta” a su sobrina, quien ya está Chile. con aspiraciones universitarias en ese país.

La queja generalizada es la lentitud del proceso, pero les han respondido que esto se debe a la falta de personal suficiente en la oficina. Mientras tanto, muchos se sientan corrillos -sentados en el suelo o recostados en la pared, en desafío a veces a los cuidados biosanitarios-, para pasar el rato conversando, formándose dos tipos bien diferenciados: los de las personas mayores de 30 años, que por lo general ayudan a sus familiares radicados en el exterior, y otro de jóvenes de alrededor de los 20 años que, más que quejas, barajan sueños y esperanzas que apuestan a una formación profesional foránea.

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