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Inicio/Deportes/Día del Padre│Los 40 hijos de Jesús Mora Garza

Deportes, Regional, Reportajes y Especiales
Día del Padre│Los 40 hijos de Jesús Mora Garza

domingo 21 junio, 2026

Uno es biológico. Los otros 39, por decisión de vida

Norma Pérez

La historia de Jesús Mora no habla de fama ni fortuna. Sí de humildad, sencillez y sacrificio. De un hombre común con un singular sentido de humanidad y el corazón con un espacio enorme para albergar afectos. Lo que tiene mucho valor cuando existe precariedad.
Se trae a colación a este personaje, por la celebración del Día del Padre, rol que Jesús cumple a cabalidad. No solo con su hijo Keiverson. También con 39 niños a los que enseña fútbol sala en su escuela, ubicada en el sector La Colina de la parroquia Bramón, en el municipio Junín.
“Estos niños forman parte de mi vida, de mi familia. Los quiero como mis hijos. Fuera del entrenamiento los incentivo a hacer el bien, que sean buenos estudiantes y se comporten adecuadamente”.
No puede decir estas palabras sin emocionarse. Tiene motivos. Sus alumnos que lo llaman “Chucho”, demuestran que el vínculo es recíproco. Para ellos, es su otro papá y la escuela, como su casa. Lo rodean, lo abrazan, se disputan un lugar a su lado.
Hay niños y niñas. Algunos son muy pequeños, entre cinco y seis años. Otros, adolescentes, de 16 y 17. Todos, tienen algo en común. Les gusta el fútbol sala y asumen con responsabilidad el aprendizaje.

“Renacer colinence”
En la Colina han transcurrido los 42 años de vida de Jesús Manuel Mora Garza. Allí creció, formó una familia y fundó la escuela “Renacer Colinence”. Es bachiller, egresado del liceo Carlos Rangel Lamus, de Rubio y desde hace 16 años se desempeña como personal de apoyo en la escuela Antonio Muñoz Tébar de El Tejar.
Piensa que fue de su padre, de quien heredó el gusto por el deporte, pues es un fanático del Deportivo Táchira, y dirigía un equipo llamado “La Estrella Roja”.
“Mi papá se iba con los muchachos en su camioneta a competir y yo hago igual”. La diferencia es que Jesús no tiene vehículo, pero se las ingenia para trasladarlos a participar en torneos tanto en diversos municipios del Táchira como en Norte de Santander.
Cuando su hijo que todavía no cumplía los cuatro años de edad, se sintió atraído por el futsal, decidió comenzar a entrenarlo. Hizo un trato con el niño, si aprendía el abecedario, él lo enseñaba.
Esta acción fue la génesis de la escuela Renacer Colinence, pues muchos padres al ver que enseñaba a Keiverson, le pidieron que también entrenara a sus hijos. Se decidió y abrió este centro de aprendizaje para niños de la comunidad vulnerable, donde está su hogar.
La escuela abrió sus puertas el 16 de agosto de 2016, con un grupo de siete alumnos, de los que habla orgulloso, pues algunos de ellos han escalado en este deporte y son parte de prestigiosos equipos, como Yackdair Corona, jugador de fútbol campo con Leones FC, Reiner Ramírez, cantera del Deportivo Táchira y Keiverson Jesús Mora, portero de Cafetaleros de Junín.
Compró un cronómetro, diez platos y un balón. Ese fue el comienzo. Ahora tiene 39 discípulos, que además de respetarlo, lo quieren y admiran. Su tarea va más allá de la cancha y los juegos. Se preocupa por su desempeño escolar, si no pueden adquirir el uniforme, busca padrinos para conseguir los recursos, les inculca valores, los aconseja y brinda atención.
“Ellos son un obsequio de Dios, son mis hijos. Voy a la escuela y al liceo para saber cómo van en los estudios. Quiero que estén contentos, que su infancia sea feliz. Muchos tienen carencias y por eso hay que apoyarlos. Me retribuyen con su cariño y esa es la mejor recompensa”.
Con entusiasmo habla de la celebración del décimo aniversario de su escuela: “vamos a visitar tres municipios y para el cierre, habrá una tarde recreativa para los niños porque son los protagonistas y deben disfrutar. Por supuesto, no puede faltar la torta para cantar el cumpleaños”.
Llevar adelante el centro de entrenamiento es complejo. Faltan los recursos, pero sobra la voluntad.
“Hay que hacer grandes sacrificios y esfuerzos. Pero no hay que desmayar. Me mantengo firme, sorteo los obstáculos, con ánimo y ética. Es un compromiso, porque son jovencitos de escasos recursos, que consiguen aquí un lugar seguro, para aprender, hacer amigos, recrearse, compartir y tener esperanza de un mejor futuro”.
Rquieren muchas cosas: implementos deportivos, sobre todo balones. En estos momentos solo tienen tres para todas las categorías, que van de la sub 7 hasta la sub 17. Les sobra comprensión de su profesor, siempre dispuesto a apoyarlos. A pesar de sus propias limitaciones, consigue el transporte para movilizarlos, el refrigerio, el uniforme o los zapatos deportivos que alguno necesite. Los representantes se unen a esta cruzada, lo que agradece. Así superan las circunstancias adversas.
Esta experiencia, difícil pero satisfactoria, Jesús Mora Garza decidió repetirla en el barrio La Palmita, donde hace unos meses comenzó a entrenar jóvenes de esa zona.
En la cancha múltiple de La Colina, a un sonido del silbato, los niños vuelven la atención a su querido profesor. Va a comenzar el entrenamiento. En su otra casa, con el padre que la vida les regaló.
Esta es la historia cotidiana de Jesús. Sin acontecimientos extraordinarios, pero con acciones que significan un cambio positivo en muchas vidas.
Un papá a quien aplica aquella frase del insigne poeta venezolano, Andrés Eloy Blanco: “cuando se tiene a un hijo, se tienen todos los hijos del mundo.

Sus alumnos que lo llaman “Chucho” /Foto: Norma Pérez
Lecciones de vida para sus alumnos /Foto: Norma Pérez
La paternidad y el deporte

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