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El deterioro progresivo de la Casa Steinvorth

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Las cuatro vigas limahoyas de madera, en la segunda planta, están  podridas por el deterioro progresivo y falta de acciones correctivas a tiempo. Es urgente apuntalar el techo y el balcón, este último está a la vista de todos. El Gabinete de Cultura, que regenta la casa, no cuenta con los recursos para hacer el trabajo.

El dato…

Todo indica que los bajantes de las aguas de lluvia en la pared lateral -calle 8- no fueron cambiados durante la restauración entregada a mediados de 2005.

De interés…

La Casa Steinvorth es una de las pocas estructuras históricas de la ciudad. Fue  un espacio de negocios, inicialmente centro de acopio y exportación de café y cacao.


Por José Luis Guerrero S.

La Casa Steinvorth, referencia física de una época floreciente del comercio del café y de artículos europeos en el Táchira y en San Cristóbal, amenaza con caerse, otra vez, por partes. Tiene graves daños estructurales, algunos a la  vista de todos, otros un poco más ocultos.

Es lamentable que esto suceda a escasos 17 años de su restauración. Es parte del poco patrimonio histórico de la Villa de Juan Maldonado, en pleno centro del casco comercial de la ciudad.

Las filtraciones han debilitado varias de sus paredes de arcilla, el comején o termita destruye toda la madera a su paso. Está por todos lados. El balcón lateral está destruido y parte del techo es sostenido con puntales de hierro. Ya el segundo piso está desocupado como medida preventiva. Se hizo a mediados del año 2020.

No son problemas nuevos. Tienen varios años, quizá se originaron desde el mismo proceso de la restauración, en tiempos del primer gobernador de la era del expresidente   Chávez, Ronald Blanco La Cruz, quien la entregó a la Fundación Cultural Banfoandes en el 2005. Antes, en el año 2000 la decretó patrimonio cultural del estado.

“Entre los años 2005-2011, en manos de la Fundación Banfoandes -ya desaparecida-, los problemas de filtraciones en los techos que no fueron corregidos estaban a la vista. Los bajantes de las aguas de lluvia están tapados lo que generó que el área de la sala de audiovisuales esté inhabilitada y el muro de la pared de arcilla  de la calle 8 sea el más afectado”, explica el arquitecto Jhonny Rojas, quien desde hace varios años insiste en la gravedad de los daños.

Todo indica que los bajantes no fueron cambiados durante la restauración. Serían los mismos colocados a mediados del segundo semestre de 1891 – hace 131 años- cuando se inicia la construcción de la sede propia de la  firma Andersen Moller, luego Steinvorth, en la calle 8, carrera seis llamada para la época “de Comercio”. Ha sido un deterioro progresivo. En esta pared ya los frisos han caído. La humedad avanza.

La casona de la carrera seis pertenece a Corpoandes y desde el 2013 fue entregada en comodato al Gabinete de Cultura, adscrito al ministerio de la Cultura. Isley Carrero es la directora actual.

Rojas, junto a Zoiret Peñaranda reiteran el peligro en la pared lateral debido a las filtraciones y la acción del comején que también se alimenta de tierra. (Foto/José Luis Guerrero)

El comején o termita ha hecho mucho daño en la llamada “Casa de Alto”. Este insecto vive en la vieja casona comercial. Está por todos lados. Dentro de los muros de tapia, en las paredes de bahareque, en los techos, por debajo de los pisos. Come madera y tierra. Deja camino a su paso. Son una serie de senderos peligrosos.

Los trabajos de fumigación que se deben hacer son especializados y costosos.

En la parte alta

En la parte alta de la amplia casona hay oficinas y corredores de techos altos y amplias puertas de madera. En la época de oro de la casa, aquí  transcurrió el bullicio de sus empleados. La familia propietaria nunca vivió allí. Estaba residenciada en Cúcuta-Colombia. Hoy día, por seguridad del personal, todo está vacío. Solo unos pocos cuadros se ven en las paredes, de los pocos que han quedado luego de varios hurtos a las instalaciones que no cuenta con personal de vigilancia, ni sistemas de alarmas o anti robos.

Se mantiene la oficina donde se muestra parte de la historia de la casa. Lo que allí se muestra es de mucho valor para la ciudad y el estado.

Se aprecian daños en los frisos de las paredes, en la zona de la cocina, en el patio, en algunas puertas, en las columnas de madera.

Hay cuatro lima hoyas que son vigas de madera que sostienen el techo las cuales están totalmente desgastadas, ya perdieron su resistencia estructural. “Por dentro están vacías porque el comején se comió la madera”. En algunas se pueden meter varios dedos para constatar los daños.

El balcón de la fachada lateral (calle 8) está sin soporte estructural. Las maderas han comenzado a caer. La humedad y el comején hacen daño. La madera se ha podrido y las termitas se la comen con más facilidad.

Para evitar accidentes, el poco personal de la Casa Steinvorth ha retirado elementos de la estructura que amenazaban con caer y causar un accidente a los peatones o a los vendedores informales  que  han tomado sus paredes y ventanas como parte de sus vitrinas ambulantes para mostrar mercancías. “Ellos ven el alero de la fachada como una protección y no lo es. El balcón es altamente peligroso para los transeúntes. Hay elementos que pueden pesan hasta 50 kilos”, aclara Rojas, quien está acompañado de Zoiret Peñaranda, secretaria de Comunicación e Información del Gabinete de Cultura.

En el segundo nivel se ha apuntalado parte del techo que puede ceder en cualquier momento. (Foto/José Luis Guerrero)

Estos vendedores informales no conocen o no les importa que la casona es patrimonio cultural del estado Táchira desde el año 2000. Ellos no deben estar allí. No venden nada artesanal. Le restan valor patrimonial a la edificación. Es faltarle el respeto a quienes valoran el legado histórico de estos espacios, ya muy pocos en la ciudad.  Las autoridades municipales deben intervenir para que haya respeto al patrimonio en todos sus espacios. Todo ocurre ante la mirada permisible de las autoridades de la alcaldía local, de los organismos policiales.

Qué se hace en la Casa Steinvorth

Allí permanece el Gabinete de Cultura desarrollando actividades de índole social, económico y cultural. Por la pandemia los espacios permanecieron cerrados. Se trabajó a puerta cerrada y a mediados del 2021 se abrió al público con medidas de bioseguridad.

El salón de usos múltiples no podía usarse por la presencia del comején. Incluso hasta los cuadros se contaminaban con estos insectos. Allí no hay personal de mantenimiento y entre los pocos trabajadores acondicionaron los espacios y junto  a los cultores proponen la actividad cultural Expressarte que se celebra  todos los viernes donde hay exposiciones, danzas, música, actividades para valorar la diversidad cultural del estado Táchira.

Zoiret Peñaranda recuerda el valor patrimonial de los espacios culturales del centro de la ciudad, como el Salón de Lectura, el Mavet, la Casa Steinvorth, el Paseo Chucho Corrales de la carrera seis, entre calles 7 y 16, entre otros rincones de la villa.

“Es importante recuperar estos espacios. Hemos acudido a todas las instancias y solo nos resta esperar. Promovemos las actividades culturales, exhibiciones de artistas plásticos, pero el espacio corre riesgo, es patrimonio del estado y la Casa Steinvorth en sus espacios guarda mucha historia, como el Ateneo…”, dice Peñaranda.

Algunos planteamientos

Con la llegada de las lluvias el deterioro de la casa se acelera. El comején sigue ganando más y más espacio, se le ve con mayor fuerza y  hay mayor riesgo en la estructura de madera.

—¿La casa ha sido fumigada alguna vez?

—Se fumigó al inició, a mediados de 2016. Se compraron los equipos y los productos-venenos con recursos del personal que laboraba en la casa, pero la crisis económica impidió seguir haciéndolo. No hay recursos económicos para eso. Son productos costosos, así sea productos artesanales como gasoil, creolina. Hemos aprendido el procedimiento, pero se necesita un trabajo especializado —- responde el arquitecto Rojas.

Los vendedores ambulantes se ubican en espacios de patrimonio cultural. No deben estar allí. (Foto/José Luis Guerrero)

— ¿Cuál es la propuesta para  que la casa no comience a caer por partes?

— Ya del balcón no podemos seguir quitando elementos, si lo hacemos se puede venir por completo al piso, se puede caer la pared lateral, el techo también puede verse afectado. Lo que hay que hacer es apuntalar, sostener con soportes de hierro o madera desde el piso los diferentes espacios de la Casa Steinvorth.

— ¿Cómo se haría ese trabajo?

— Desde la planta baja de la casa, desde el nivel cero, a nivel de la calle, se debe colocar una estructura de soporte hasta el balcón, como un andamio; igual para las vigas del techo, para que no se desprenda. Puede ser con madera o hierro, pero nosotros no contamos con esos elementos, ni con los recursos económicos para hacerlo.

— ¿Esta información la conocen las autoridades de Gobierno?

— Se han hecho cantidad de informes, reuniones de trabajo y proyectos. Hemos solicitado recursos, pero a la fecha no conocemos de una partida para la casa. Ya hicieron algunos trabajos en la casona del Museo del Táchira y parece ser que la Casa Steinvorth está incluida en la lista de recuperación de espacios culturales del estado. Eso esperamos.

Amor por la casona

La amplia casa no cuenta con personal de vigilancia, ni de mantenimiento. Hay solo cuatro trabajadores. Cada uno de ellos cumple este trabajo de  limpieza por amor a la casona y a la cultura. Se cuenta con el apoyo de la artesana Blanca Nieves Silva Zambrano quien recibe a los visitantes en la puerta principal, la que da acceso a la segunda planta, al subir por las amplias escaleras de madera. Allí hay plantas y artesanía para la venta.

Blanca Nieves Silva Zambrano, ofrece plantas y detalles artesanales en la puerta principal de la Casa Steinvorth. (Foto/José Luis Guerrero)

Isley Carrero, de lunes a viernes, recibe a los artistas y cultores populares; Víctor Ortiz se ha incorporado con  la Librería del Sur y el músico Jovinio siempre está presente. Zoilet Peñaranda está atenta en el salón de usos múltiples y Jhonny Rojas no descansa por que las puertas de la Steinvorth siempre estén abiertas.

Otros espíritus acompañan desde otros escenarios, como la muñequera Celina Rondón, fallecida recientemente, quien con sus muñecas de trapo se distinguió entre quienes le conocieron. Se le ve danzando la burriquita con la gracia que le caracterizó.

En todos sus rincones hay historia. Es parte de nuestro pasado. Como lo escribió el cronista de San Cristóbal, Luis Hernández: “La Casa Steinvorth ha sido protagonista de las grandezas y de las miserias de esta capital tachirense, de San Cristóbal, la que ha andado indudablemente por obra de sus monitores, en los rieles del progreso. La Casa Steinvorth bien ha sido, “un testigo perpetuo del tiempo”.

 

 

Al límite de soportar Su propio peso

“… La Steinvorth no llevó un proceso sistemático de conservación y de valoración de sus espacios. Ha existido en tres siglos de historias, construida a finales del siglo XIX como emporio de negocios, inicialmente centro de acopio y de exportación de café y cacao, luego un gran centro comercial donde se lucieron  vestidos, telas, sombreros, trajes, herramientas, utensilios, muebles, espejos… todo importado, que le dieron distinción y categoría. Un espacio digno de admirar.

En el siglo XX la Casa del Altillo o Casa de Los Alemanes tuvo varios usos: sede inicial del Colegio María Auxiliadora quienes en el 2018 celebraron en la Steinvorth los 90 años del colegio; sede del Banco de Maracaibo, venta de vehículos, refugio de un grupo de ajedrecistas…

Hoy, la saqueada y debilitada al extremo, Casa Steinvorth, no aguanta más su propio peso. Solo nos queda mirar desde su silencio a uno de los más importantes íconos de nuestra cultura tachirense” (Tomado de jalexander_art).

 

 

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