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El sueño que nunca tuve
lunes 20 abril, 2026
“Soy venezolana, tachirense, y tengo el honor de trabajar en la Nasa, con la cápsula Orión de la misión Artemis II. Vengo de un país lleno de talento, resiliencia y grandes aspiraciones”
Norma Pérez
Maryory Calixto Sánchez, sancristobalense, del sector Los Kioscos, es líder de la cápsula Orión, donde cuatro seres humanos viajaron a la luna y retornaron con éxito al planeta tierra. Le faltan unos meses para cumplir 39 años de edad y desde hace siete, trabaja en la Nasa como ingeniero de integración en la misión espacial Artemis.
Ni cuando se fue a Estados Unidos con un morral sobre sus hombros; mucho menos cuando trabajaba como “finishera”, haciendo el empastado de paredes en una construcción, de donde llegaba cubierta de polvo y agotada al apartamento que compartía con 16 venezolanos, se atrevió a pensar que algún día ingresaría a la Nasa.
Aplicó por asilo político y así obtuvo su permiso de trabajo, que le permitió salir de la albañilería, conseguir un empleo de secretaria y posteriormente un cargo en una constructora como gerente de cierre. Después de más de 600 solicitudes, paciencia y constancia, llegó la gran oportunidad, que atribuye a un milagro.
Creía que no podía lograrlo, a pesar que cada día, sin desmayar, aplicaba a diferentes posiciones que ofertaban. Hasta que la contactaron para que acudiera a una entrevista. El empleo era para el proyecto encargado de construir el cohete que iba a ir a la luna y eventualmente a marte. Después de un mes de espera y desvelos, le notificaron que había sido aceptada. Comenzó a laborar el 4 de junio de 2019, en la sede de la Costa Espacial en Florida
“Me parece un sueño que nunca soñé, por lo inalcanzable que era. Me siento afortunada, bendecida y orgullosa. Más que un logro personal lo veo como un mensaje: no importa de dónde vienes, sino hasta donde estés dispuesto a llegar”.
Ejemplo en el hogar
En la Cruz Roja de San Cristóbal, Maryory Calixto vio la luz de este mundo por primera vez en fecha patria, el 5 de julio de 1987. Su papá, José Antonio Calixto quien ya falleció, era metalúrgico y su mamá, Alida Sánchez, ama de casa. Sus hermanos mayores, Jonffer y Yudisay, también son ingenieros.
“Provengo de una familia humilde; mi papá es la persona que me enseñó el valor del trabajo. Se sacrificaba muchas horas para cubrir nuestros gastos y darnos una buena educación. Construyó nuestra casa, vi sus habilidades e imaginación, hacía dibujo técnico, planos, era un arquitecto e ingeniero empírico, me enseñó medidas, a conocer el metro. Crecí con el ingenio a mi alrededor”.
En 2009 egresó del Instituto Universitario “Santiago Mariño” de Cabimas como ingeniero de petróleo. Confiesa que fue una estudiante regular, ni buena ni mala. “Tenía mis materias favoritas, el álgebra era como un juego, pero las asignaturas teóricas y electivas, de mucha lectura no me gustaban. Nunca sobresalí ni recibí reconocimientos por excelencia académica”.
Se incorporó a PDVSA, a la refinería de Guaraguao como asistente hasta llegar a ser supervisora de la construcción de cuatro tanques de petróleo y uno especial para almacenamiento de gasolina para aviones”.
Cuando en 2013 la situación de Venezuela se tornó complicada, decidió viajar a Canadá. Allí permaneció casi dos años. Trabajó en una pizzería donde lavó platos y le enseñaron nociones de inglés: “Salir de nuestra casa y enfrentarnos a un cambio de idioma, de cultura, de clima, trabajar hasta 16 horas diarias no es fácil. Pero siempre me aferré a Dios y mi familia me apoyó.
Retorna a Venezuela y en septiembre de 2015 se traslada a Miami donde después de superar penurias, adversidades, luchar y aguardar por varios años, consigue el tan anhelado trabajo.
Rumbo a la luna
Desde su ingreso a la Nasa, trabaja en el equipo de integración y actualmente es la especialista de la cápsula Orión. Participó en la misión Artemis I, donde se utilizaron maniquíes de alta tecnología. En esa ocasión, la cápsula salió del planeta, dio vueltas en la órbita del mundo, pasó por la parte de atrás de la luna y retornó a la tierra. La experiencia permitió concluir que se podían enviar seres humanos a hacer la misma trayectoria.
Para la misión Artemis II, como líder debió asumir mayores responsabilidades: “teníamos un poquito de tensión, pero con la confianza que todo iba a salir bien. Gracias a Dios resultó como estaba previsto. Me encanta este grupo de trabajo, siento una gran admiración y respeto por los astronautas, que aunque no los conozco físicamente, siempre hemos estado en contacto”.
Para ella cada día es un aprendizaje, y agradece a sus compañeros; pues existe una cultura de ayuda, de equipo y el conocimiento se comparte sin prejuicios.
“La tecnología está aquí, porque nos dimos la oportunidad de invertir en cosas que se pensaba que no eran importantes. Que esta generación vea que se puede superar la adversidad y las situaciones complejas. Por muy malas que sean, se puede salir de circunstancias difíciles. Lo logramos, salimos a explorar el mundo”.
Considera que es una labor difícil, fuerte, estresante, porque es una misión trascendental, donde el mundo entero observa y espera que salga bien. La meta es llegar más lejos.
“A nivel profesional nunca imaginé que podía estar aquí; decir que mi producto es la cápsula Orión, donde hubo cuatro personas que son espectaculares; mostraron al mundo amor, creencia, fe y unión. Es un equipo sensible, humano. Saber que tuve participación en esto, que muchas partes de esa cápsula tienen mi nombre, la firma de Venezuela, del Táchira, es increíble”.
Piensa que este proyecto no tiene comparación, aun cuando está abierta a cualquier otra posibilidad. Percibe su vida como una bendición. “Las oportunidades están servidas, pero debemos tener la mente clara, saber qué queremos. Siempre actuando bien y no hacer mal a nadie”.
Hasta el infinito
Maryory Calixto Sánchez comparte el hogar con su esposo Jeffrey y tiene un niño de dos años y medio, Ethan Gabriel. Es deportista; le gusta entrenar carreras de larga distancia. Ha participado en tres triatlones Ironman full distancia, que consisten en nadar 2.5 millas, andar en bicicleta 112 millas y correr 26.2 millas en un solo día. También le gusta bailar.
Alberga en su corazón el recuerdo de su papá, habla con afecto de sus hermanos y menciona que su mamá ha sido un apoyo muy valioso en su desarrollo profesional. “Fue la persona que siempre me animó Aun cuando en muchas situaciones de la vida no ha podido estar conmigo, emocionalmente es el soporte, la ayuda, comprensión y palabra de aliento. Siempre ha creído en mí”.
Dice que es una gran responsabilidad contribuir a llevar astronautas al espacio. Que detrás de los lanzamientos de los Artemis I y II hay años de esfuerzo, sacrificio, trabajo en equipo y saber que su labor forma parte de algo tan grande la llena de orgullo, no solo como ingeniero sino también como mujer, madre y venezolana.
“Soy venezolana, tachirense, y tengo el honor de trabajar en la Nasa. Vengo de un país lleno de talento, resiliencia y sueños grandes. Mi historia no es perfecta, pero es prueba de que sí se puede. No importa dónde estés, ni cuán lejos parezcan tus metas. Sigue creyendo, luchando, preparándote”
Como inmigrante, el camino no siempre fue fácil, pero cada reto la hizo más fuerte. “Ahora, mirando en retrospectiva, sé que valió la pena seguir adelante. Hoy, siento una profunda gratitud por poder aportar a una misión que inspira al mundo”.
Las fronteras del sueño que nunca se atrevió a soñar, para Maryory, ahora son infinitas.




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