miércoles 6 julio, 2022
InicioRegionalEl vino Pasión deja una huella ecológica en el Táchira

El vino Pasión deja una huella ecológica en el Táchira

337 views

“Y la excelente Marta se marchó presurosa a su laboratorio culinario”.

Por Génesis Daniela Prada 

– Viaje al centro de la Tierra

En los confines del municipio Urdaneta se encuentra un pequeño pueblo llamado Villa Páez donde comienza la concepción del producto estelar de Laboratorio Culinario, el proyecto gastronómico de la chef tachirense Andrea Pulido.

En aquel recóndito lugar del Táchira existe un cultivo familiar, allí son cosechadas las moras: la esencia de vino Pasión, cuyo proceso de producción procura el menor impacto posible en el ambiente a través de métodos sostenibles en su fabricación, venta y consumo.

El compromiso de Andrea con la preservación de la naturaleza proviene de su formación profesional como ingeniera ambiental. Aprender el seguimiento de procedimientos, la observación de resultados y la ejecución de investigaciones exhaustivas le permite colocar la carrera al servicio de su emprendimiento.

De hecho, a partir del interés por la faceta microbiológica de la fermentación del vino, Andrea inició la búsqueda de Pasión. Se preparó en la materia a través de cursos sobre tintos de fruta y continuó con la experimentación hasta obtener la bebida.

“El vino es un producto primordial. No hay gastronomía sin vino y no hay vino sin gastronomía. Está profundamente relacionado con el quehacer culinario, así se convirtió en un deseo, una curiosidad a explorar para conocer su elaboración”.

La primera cosecha tomó varias semanas y, durante la espera, Andrea descubrió cuán compleja resulta la producción del vino, pues la atención en los detalles es tarea clave para obtener calidad. Por lo tanto, el éxito de un vinicultor exige verdadera pasión y amor por el producto, comprendió.

Consiente de la cuota de compromiso y trabajo precisados por esta clase de oficio, la chef dio los primeros pasos en un mundo aparentemente dominado por hombres, rompiendo esquemas sin proponérselo.

Un tinto ecofriendly

Las moras de este vino se cultivan de forma orgánica, es decir, sin emplear plaguicidas ni fertilizantes. Luego la fruta es recibida por Andrea directamente de las manos de los productores. Una vez en la cocina de Laboratorio Culinario, la mismas son revisadas con especial cuidado.

Después las moras son sometidas a una serie de fases propias del procesamiento de un vino artesanal, entre las cuales se encuentran la inoculación de una levadura especial, la fermentación anaeróbica (sin oxígeno), la decantación y la filtración.

Por último, se llevan a cabo el embotellado y etiquetado del producto, en estas etapas también existen aspectos claves que permiten la producción sostenible de Pasión. Las botellas, por ejemplo, son reutilizables tras una limpieza y esterilización minuciosas.

El emprendimiento además mantiene una política de retorno: “buscamos que las botellas utilizadas para envasar nuestro vino regresen a nosotros”, explica Andrea, por medio de un descuento al cliente en su próxima compra si, al consumir la bebida, devuelve el envase.

La imagen del tinto es igualmente amigable con el medio ambiente, en tanto, la etiqueta no es autoadhesiva y tampoco plástica. Su fabricación implica el uso de papel Kraft o papel de estraza, un material que al contacto con el agua se degrada más rápido.

Con sello tachirense

Emprender en el Táchira en particular es una labor titánica, reconoce, especialmente por sus características geográficas. Al tratarse de un estado fronterizo, el acceso al territorio de productos extranjeros es frecuente, generando una competencia desigual con las producciones locales.

Asimismo, la importación promueve una cultura de indiferencia frente a los emprendimientos regionales. La acostumbrada ausencia de sentido de pertenencia se ha convertido en una lucha para los productores artesanales, quienes deben guiar el consumo del público a fin de impulsar la economía local.

“Con Pasión intentamos dirigir la atención hacia la fabricación de productos nativos, sin querer compararnos con los vinos comerciales de uva. La idea ha sido siempre elaborar una bebida con frutas nuestras, propias de los Andes venezolanos, llenos de cultivos de mora”.

Si bien, el vino de mora no es nuevo, pues en las zonas montañosas del Táchira la elaboración artesanal de esta clase de tinto es tradición, en Laboratorio Culinario desean elevar tal producción casera por medio de la sostenibilidad, la imagen y la calidad.

El proceso de fabricación de Pasión tampoco escapa a la crisis de los servicios públicos. Las sucesivas fallas de electricidad y los cortes del suministro de agua, obligan a tener un alto nivel de organización y planificación de la producción.

Pese a los retos, el esfuerzo depositado en el proyecto ha llevado a la fidelización de los clientes con el vino. Ahora Pasión adorna las mesas y acompaña las celebraciones de quienes conocen Laboratorio Culinario, dejando en Andrea un sentimiento gratificante.

“Vino Pasión se ha convertido en una especie de anzuelo capaz de atraer la mirada del público hacia las demás ofertas gourmet del emprendimiento, como es el caso de la recién surgida línea de jamones”.

Entre las páginas de una novela

Andrea jamás imaginó que sería Julio Verne quien daría luz al nombre de su proyecto: fue en el primer capítulo de la historia sobre aventura y expedición del autor donde la tachirense hallaría dos palabras capaces de fusionar sus más grandes ilusiones.

“Cuando lo leí, conecté de inmediato con la frase porque la mayor parte de mi formación académica la viví en un laboratorio, un entorno muy similar a una cocina. En ambos ambientes tienes insumos y sigues procesos para obtener un resultado”.

Laboratorio Culinario nació sin mayores pretensiones, indica su creadora, el principal deseo fue promover un espacio en el cual aprender y enamorarse de la cocina. Sin embargo, al embarcarse en las distintas líneas de producción, las metas cambiaron.

“Ahora anhelamos brindar productos de calidad, elaborados en el Táchira, resaltando los recursos y productos locales. Queremos ser ejemplo de cómo es posible consolidar emprendimientos de carácter gourmet y fuera de lo cotidiano”.

El equipo detrás de la chef es su familia. Su padre está involucrado en las fases de producción, comercialización y venta. Andrés Pulido “es la cara de la marca”, cuenta Andrea, por ser el responsable de buscar nuevos aliados comerciales y entregar los productos.

Mientras Betania Casanova, es la mano derecha de la venezolana en el área creativa del emprendimiento. Las opiniones de la madre juegan un papel primordial en la toma de decisiones estéticas y respecto a la imagen de Laboratorio Culinario.

Desde su graduación como cocinera profesional en 2018 y el nacimiento del proyecto un año más tarde, Andrea combina la vida de emprendedora con su cargo de docente en la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET). Su experiencia en el arte culinario ha enriquecido su faceta como profesora, dice.

Entre los tachirenses la curiosidad y el interés por vino Pasión comienza a tomar fuerza, pues el tinto ahora se codea en las estanterías con sus pares comerciales chilenos, argentinos y españoles. El equilibrio hallado por Andrea y el impulso dado al proyecto hacen que el esfuerzo no resultase en vano.

*Este es un trabajo de la Red de Mujeres Periodistas de Frontera

- Advertisment -
Encartado Publicitario