Regional

“Este año ha sido muy difícil tener trabajito porque para todo se necesita electricidad”

5 de agosto de 2020

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Cada mañana, Gerson Parada despierta con el pensamiento en su hija de once años. Ella viene presentando síntomas de lo que parece ser una patología neurológica. Para poder precisarlo, debe someterla a una serie de exámenes médicos; sin embargo, no cuenta con los recursos para hacerlo y la situación actual que vive en el sur del Táchira, con las largas horas de racionamiento eléctrico y la escasez de combustible, le impiden obtener los recursos por medio de su trabajo. Él es cauchero y, como muchos otros, lo está pasando mal en medio de esta cuarentena.


Por Raúl Márquez

Comenta, en este sentido, que sin duda los prolongados cortes eléctricos es uno de los problemas que más afectan su trabajo.

«Este año ha sido muy difícil tener trabajito seguido, porque para todo se necesita electricidad. Para el vulcanizado, para tener los compresores a tope, para que funcionen los equipos que uso a diario, en fin; y aquí, en el municipio, tenemos tres cortes al día, es decir, más de 12 horas sin energía eléctrica. ¿Cómo trabaja uno así?», relata.

Desde hace dos años labora en una cauchera ubicada en la troncal 5, a unos pocos metros de la entrada de San Rafael de El Piñal, en el sector conocido como » El Piñalito». Allí trabaja al 50 por ciento, con la dueña de los equipos, quien además le permitió que viviera allí mismo con su actual esposa y sus tres hijos menores.

«Cuando empecé a trabajar me iba muy bien, pues la electricidad no fallaba tanto como ahora. Además, como trabajé 17 años en la línea Fernández Feo, muchos de mis excompañeros acudían a mí cuando necesitaban cambiar sus cauchos o repararlos, pero luego todo se complicó con lo de la luz y, por otra parte, ahora ni siquiera ellos pueden trabajar por la escasez de combustible y por la pandemia», comenta Gerson, mientras sus hijos menores juegan en un columpio que les construyó en el patio con un caucho viejo.

Apunta que hace poco su suegro se mudó con ellos y así, entre todos, se ayudan para la comida. Precisa, además, que en algunas oportunidades, cuando no llega ningún trabajo, se dirige a las parcelas cercanas, en donde ayuda a desmalezar o a realizar alguna labor propia del campo, a cambio de plátano o yuca, o cualquier otro producto.

«Hace unos días ayudé a un señor a limpiar unos cultivos y me dio unos plátanos. En otra parcela hice lo mismo y me dieron pescado. Lo bueno es que uno vive en esta zona y por ahí se resuelve», subraya.

Últimamente, a la preocupación por la enfermedad de su hija se suma que la dueña de la cauchera piensa venderla con todo, lo que, de concretarse, le obligaría a mudarse a otro sitio y buscar otro empleo.

«Uno lo que pide es que mejoren lo de la luz y lo del combustible, pues así me llegarían más clientes. En cuanto a mi hija, la que está con los espasmos y que según los doctores puede ser algo de la cabeza, pensamos realizar una ‘hallacada’ que nos permita recabar dinero para poderle hacer el encefalograma. Tengo fe y le pido a Dios, todos los días, para que no tenga nada grave», suspira.

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