Regional

Hacer hasta lo imposible para cumplir con tareas

19 de septiembre de 2020

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Los escolares hacen la tarea sin internet.

Juan José Contreras

“El cierre del pasado año escolar pasado fue muy difícil, tuve que ir a las casas de los profesores para buscar las tareas de los niños, realizarlas aquí con ellos, en la casa, con los pocos libros que tengo, y llevar de nuevo los cuadernos a los docentes para que los revisaran”, explicó Maryelis Angarita

“¡Llegó la luz!”, frase entusiasta de los niños en tiempos de cortes prolongados y diarios de electricidad. Más que un lapso para ver televisión o realizar alguna actividad recreativa, es el momento de conectarse para llevar a cabo las tareas de las clases a distancia que fueron decretadas debido a la pandemia. Sin embargo, muchos hogares no cuentan con conexión a internet, incluso no tienen computadora.

Maryelis Angarita vive en el barrio Urdaneta de Lobatera, capital del municipio Lobatera. Es madre de cinco hijos, y junto a su esposo, Roger Rosales, hacen un equipo para traer los ingresos a la casa y apoyar a su familia en el proceso de estudiar en el hogar, con la particularidad de no tener computadora y, por supuesto, tampoco Internet.

Los hijos de Maryelis son: Maickell, de 18 años, quien ya se graduó de bachiller, postergando temporalmente estudios universitarios, actualmente está trabajando; Marlon, de 15 años, quien pasó para cuarto año de bachillerato; Lisyemar, de 10 años, inicia quinto grado. Y con su actual compañero, Roger, tiene a Mario, de 8 años, quinen hará tercer grado; y la pequeña Rogelis, de 5 años, que está en preescolar.

Cabe destacar que, también por la pandemia, las bibliotecas públicas permanecen cerradas. “El cierre del pasado año escolar fue muy difícil, tuve que ir a la casa de los profesores (acción factible porque viven en Lobatera) para buscar las tareas de los niños, realizarlas aquí con ellos, en la casa, con los pocos libros que tengo, y llevar de nuevo los cuadernos a los docentes para que los revisaran”, explicó Maryelis Angarita.

También ha prestado e intercambiado libros, y cuando tienen que conectarse a Internet para enviar las tareas de sus hijos, va donde su hermana o a la casa de una amiga del pueblo que le presta la computadora.

Un problema nacional

Este 2020, entre los meses de mayo y abril, el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos, OVSP, efectuó una consulta sobre las fallas de electricidad en las principales ciudades del país, como Barcelona, Barinas, Barquisimeto, Caracas, Ciudad Bolívar, Maracaibo, Porlamar, Punto Fijo, San Cristóbal y Valencia. Determinó que 40,3 % de los consultados padecen cortes diarios del servicio, donde el 23 % puntualizó que son varias interrupciones del servicio durante el día.

Una investigación previa de OVSP, en 2019, arrojó que, de una muestra de 6.193 personas, 3.902 no tenían acceso a Internet, lo que representó el 63 %. De uno de los abordajes de este 2020, 62,2 % de los encuestados señalaron que la conexión que poseían no tenía la capacidad para estudiar o trabajar a distancia.

Y este mes de septiembre se ha podido determinar que nada más el 34 % de las personas consultadas cuentan con acceso a internet en sus hogares.

El trabajo por los hijos

Maryelis Angarita es de profesión docente, estudió en la Universidad Nacional Abierta. UNA, y en la Universidad Bolivariana de Venezuela, UBV; sin embargo, el salario no le alcanzaba para costear los gastos más esenciales del su hogar, tuvo que dejar su trabajo, y actualmente realiza labores de costurera.

“Con la costura nos ayudamos más, yo hago diversos trabajos y arreglos, cosiendo; desde que empezó la pandemia he hecho tapabocas, ahora con motivos para niños, y salgo a venderlos casa a casa”, comentó Angarita, mencionando que puede usar su máquina de coser si hay electricidad, “me levanto en la madrugada, cuando hay luz, para coser”.

Sus estudios en la enseñanza le han permitido llevar de la mano a sus hijos en este trance, mientras las clases se han detenido presencialmente en las escuelas, de una forma más que tradicional, con los recursos literarios a disposición, a falta de un computador e Internet. También Angarita ha orientado a otros niños, cuyas madres han acudido para obtener esa ayuda.

Roger es obrero y se esfuerza trabajando para proveer a su familia, entre él y Maryelis hacen equipo para poner la comida sobre la mesa.

La escalada diaria

No solo se trata de electricidad e internet, así como en muchos hogares la falta de agua y gas doméstico marcan el día a día. “Es agotador, a veces uno tiende a desesperarse, pero se evita, por los niños. Conocidos me han comentado que tengo mucha paciencia, pero es que uno tiene que hacer de tripas corazón”.

“Mis niños me dicen, ‘mami, vamos al parque, vamos a dar una vueltica’; se cansan de estar aquí. A veces han pasado hasta quince días que no voy donde mi mamá, por el trabajo”, comentó Angarita y agregó: “también la espera de que si el agua llega hoy, que si no llegó, que llega mañana, que en la noche, que en la mañana…, uno no sabe. Se pasa parte del tiempo en espera de la luz, el agua, y además, hay que cocinar con leña”.

Impulso

A la pregunta de ¿qué la motiva a seguir luchando, a salir adelante?, Maryelis Angarita respondió sin pensarlo y con una sonrisa en su rostro: “Mis hijos. Hay que seguir luchando por ellos, en el nuevo año escolar voy a ayudarlos lo más que pueda”. Ella mantiene la esperanza de que el panorama mejore en Venezuela, que se concrete un cambio para el progreso de todos los ciudadanos. “En esa etapa quiero regresar a la escuela a ejercer mi profesión de docente, quiero dar clases y ayudar a los niños”, finalizó.

Este es solo uno de los millones de hogares en Venezuela que tienen que enfrentarse a las adversidades de la falla de los servicios, en un contexto de hiperinflación y pandemia, con un año escolar online y sin los recursos para conectarse a internet. Maryelis Angarita es la representación de la madre venezolana, ejemplo de fortaleza y tenacidad. Ella y Roger Rosales personifican a los padres que luchan ante la adversidad por el bienestar de su descendencia, un modelo loable de abnegación y amor, donde cualquier sacrificio no importa, si es para el bien de los hijos.

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