Regional
La Cuesta Los Colorados sucumbe ante el colapso de un embaulado roto
lunes 9 febrero, 2026



La vía peatonal se desmorona bajo los pies de los residentes. Con sacos de arena y remiendos caseros, los vecinos intentan salvar sus hogares tras más de siete años de desidia. Al menos 200 familias están afectadas
Bleima Márquez
El silencio en la calle 5 de La Cuesta Los Colorados, en el 23 de Enero, parte baja de la parroquia La Concordia, se interrumpe constantemente por el crujido de las paredes.
En este populoso rincón de San Cristóbal, el tiempo ya no se mide por horas, sino por el avance de las grietas. La comunidad, profundamente devota y trabajadora, observa con dolor una capilla cuya entrada está cerrada, porque está sentenciada por el movimiento del suelo.
Lo curioso del templo no es solo su deterioro físico. La imagen de la Virgen, en un gesto que los residentes interpretan como un mensaje de auxilio, mira fijamente hacia afuera. El recinto permanece clausurado y ya no recibe fieles por el riesgo de derrumbe. No hay misas ni cantos, solo la esperanza de que un milagro administrativo detenga el hundimiento progresivo del terreno.
Una ruta estratégica en ruinas
Lo que hoy parece un camino de guerra, hace siete años funcionaba como una arteria vial estratégica para la capital tachirense.
Esta ruta permitía una conexión rápida y directa entre Plaza Venezuela y la avenida Marginal del Torbes. Hoy, ese alivio vial para cientos de conductores desapareció, bajo el asfalto levantado, los sedimentos y el barro acumulado.
El problema no surge por falta de voluntad de los habitantes. Jaime Villamizar Pulido, vecino del sector y conocedor del oficio de la albañilería, recuerda las jornadas de trabajo pesado que realizaron.
Relató al equipo de prensa de Diario La Nación cómo los propios residentes, cansados de la espera institucional, excavaron casi dos metros de profundidad para buscar tuberías viejas y colapsadas. Con sus propias manos y recursos, los vecinos sustituyeron tramos de aguas blancas y servidas. La Alcaldía de San Cristóbal aportó maquinaria y algunos materiales en puntos específicos, pero la obra general sigue inconclusa.
Hoy, la vía principal es un rastro de escombros que espera por una capa de asfalto que nunca llega. Esta situación también dificulta el tránsito de niños y adultos mayores.
A pesar de la urgencia de restablecer la vía, la comunidad advierte que cualquier pavimentación podría ser en vano si no se resuelve primero el problema de fondo: Las filtraciones del embaulado de la calle 2, que siguen socavando las bases del sector y que afecta a la Cuesta Los Colorados.
El monstruo bajo el asfalto
Insisten los vecinos que el verdadero problema matriz se oculta bajo la vereda 2 del barrio Las Margaritas. Allí, un embaulado de más de 60 años sobrepasó su capacidad y resistencia estructural hace mucho tiempo. Esta red recibe todas las aguas pluviales o mixtas de la carrera 1 de La Concordia, y de otras zonas cercanas, y se ha convertido en una bomba de tiempo.
Esa vía peatonal por la que caminan los vecinos diariamente es, en realidad, el techo de ese embaulado que hoy se desmorona. El daño estructural mantiene alarmada e intranquila a la comunidad. Los vecinos muestran con preocupación cómo el piso está partido en distintos puntos, permitiendo que el agua socave la tierra que sostiene las casas de la parte baja.
Y es que, por dentro, el concreto cedió ante la presión del agua ácida y los gases. Este líquido corre libremente por debajo de las fundaciones, carcomiendo los cimientos desde las profundidades y provocando un asentamiento diferencial que fractura hasta las vigas de carga más robustas. Los tubos de aguas blancas también sufren constantes roturas con las que deben lidiar. Los lugareños aseguran que algunas veces acude el personal de Hidrosuroeste, y en otras oportunidades ellos mismos deben hacer las reparaciones.
Remedios de emergencia y fe
La desesperación de la comunidad es tal que recurren a soluciones improvisadas para frenar el colapso. En el recorrido hecho por el equipo de prensa de Diario La Nación junto un grupo de vecinos, se pudo observar cómo los vecinos colocan sacos de arena y piedras sobre las fugas de agua. Es un intento desesperado por contener la fuerza del líquido que brota de las grietas de la calle y evitar que el terreno siga cediendo por otro factor adicional, que además también podría ser producto de ese movimiento.
Carmen Yolanda Caicedo, habitante de la vereda 2, expresa su angustia con total claridad. “Tenemos años en esta espera. Vienen, miran y se van”, afirma con una mirada de resignación.
Según explicó, el sistema de aguas servidas está totalmente inservible. Esto se traduce en una humedad constante que sube por las paredes y debilita la salud de quienes allí viven.
El Infocentro representa una de las estructuras más visibles de esta crítica situación. Este edificio, que antes servía para tareas dirigidas y reuniones vecinales, está muy afectado en todos sus costados. Sus muros muestran fracturas que atraviesan los bloques de lado a lado, lo que obligó al cese total de cualquier actividad, por seguridad.
Viviendas en la cuerda floja
Al igual que el Infocentro y la casa comunal, hay decenas de casas particulares en condiciones críticas. Al menos 200 familias sufren las consecuencias del correr constante del agua subterránea. Algunas viviendas ya colapsaron parcialmente y otras se mantienen en pie por puro milagro. Los habitantes aseveran que no tienen a dónde ir.
Jaime Villamizar comentó que el estrés de la situación afecta gravemente la salud de los líderes comunitarios. “A varios compañeros les han dado paros cardíacos por tanta angustia. Yo preferí salir del Consejo Comunal para no enfermarme de los nervios”, comentó. A pesar de su retiro formal, Villamizar sigue colaborando en su comunidad con mezcla y cemento para tapar los huecos que también amenazan su fachada.
La comunidad reconoce que han logrado conseguir algunos materiales y tuberías nuevas tras años de lucha vecinal. Sin embargo, el recurso humano y técnico resulta insuficiente para la magnitud del desastre. “Tenemos la tubería guardada, pero falta la mano de obra especializada y la maquinaria pesada para completar el trabajo”, explican los afectados.
Claman a la Gobernación
El tramo que intervino la municipalidad recientemente es muy inestable e impide el paso de cualquier vehículo motorizado con seguridad. Las grietas en el relleno denotan que el terreno sigue cediendo. “Desde aquí hasta allá lo hicimos nosotros, cavamos casi dos metros buscando la tubería vieja y se la pusimos. Todo bien, para que vinieran y metieran tuberías de aguas negras y limpias. La alcaldía nos ha dado apoyo, pero mire lo que nos falta: las aceras y culminar la calle”, destaco Jaime Villamizar.
Carmen Yolanda Caicedo dijo que el trabajo quedó a mitad de camino por falta de equipo técnico: “Hicieron una sustitución, pero no está asfaltado porque todavía estamos esperando que manden las máquinas que hacen falta para poder terminar el proyecto. Tenemos años esperando por el embaulado. Vienen y miran nomás”.
Los vecinos hicieron un llamado a la Gobernación del estado Táchira. Piden que no los dejen morir en el olvido. Requieren una obra que incluya el embaulamiento de las aguas mixtas y la reconstrucción total de la vialidad que una vez fue el orgullo del sector por representar un enlace directo con la avenida Marginal del Torbes.
Mientras la solución definitiva llega, los habitantes de La Cuesta Los Colorados mantienen la fe en alto. Siguen de pie, como la Virgen de su capilla, con la mirada puesta en el horizonte. Esperan que pronto el sonido de las máquinas reemplace al crujido de las grietas y les devuelva la tranquilidad de vivir bajo un suelo firme y un techo seguro.











