viernes 26 noviembre, 2021
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«Las clases virtuales exigen replantear los objetivos de la educación venezolana»

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Raúl Márquez


Sin duda alguna, la pandemia generada por el nuevo coronavirus ha remecido los cimientos de diversos aspectos de la vida social, económica y política de nuestras sociedades. En este sentido, la implementación de las clases virtuales y del teletrabajo surgió como una tabla de salvación, pero, al mismo tiempo, han desnudado carencias y una especie de analfabetismo funcional, acerca del uso de las nuevas tecnologías de la información, las redes sociales y, en general, de las herramientas de la red de redes.            

En este orden de ideas, los educadores venezolanos, al tener que recurrir a estas, lo han asumido como si de un reto se tratase, no solo por el hecho de aprender a utilizarlas como recursos para el aprendizaje, sino porque en muchas poblaciones, aldeas y ciudades, la plataforma de internet deja mucho que desear y, en muchos casos, tanto los docentes como los representantes y estudiantes carecen de celulares de media gamma que les permitan navegar por esta modalidad educativa.       

En el caso de la Escuela Técnica Agropecuaria Fe y Alegría «Pbro. Rubén Darío Mora», ubicada en Naranjales, parroquia Alberto Adriani, jurisdicción del municipio Fernández Feo, se planteó la utilización de guías metodológicas, las cuales fueron diseñadas desde el nivel central del referido movimiento de educación popular integral, y, posteriormente, se adaptaron a la realidad del centro educativo y su contexto sociopolítico.

Uso de guías didácticas

Juan Chacón, docente de la institución del sur del Táchira, explica que la educación virtual, tal y como sucedió incluso a nivel mundial, los tomó desprevenidos; sin embargo, luego el movimiento de educación se fue organizando para responder a esta nueva perspectiva de trabajo, de la mejor manera posible.

—Lo primero que hicimos fue evaluar propuestas, teniendo como criterio determinar cuál era la forma más eficaz de atender a nuestros estudiantes, siguiendo los protocolos emanados por la Organización Mundial de la Salud frente al covid-19. Esto supuso replantearnos el hecho educativo. Llegamos a la conclusión de que, si bien era impensable cumplir con el desarrollo integral de las competencias en nuestros estudiantes, la idea era lograr aprendizajes en algunos contenidos fundamentales de cada asignatura— sostiene el docente que cumple funciones de coordinador pedagógico en la reconocida institución.                          

En concreto, las guías de trabajo eran enviadas por el docente a sus estudiantes, para que estos cumplieran las actividades propuestas en un tiempo determinado. Al principio se realizaba todo el trabajo de manera virtual; luego se coqueteó con clases semipresenciales, cumpliendo con las normas de bioseguridad.

Vale resaltar que en este proceso virtual, según explican los directivos, la plataforma más empleada fue la aplicación de mensajes WhatsApp, los correos electrónicos, y cuando el docente o los estudiantes no contaban con estas tecnologías, podían emplear la sala de computación del plantel, evitando las aglomeraciones.    

«Los padres no deben hacerles las actividades»

En este particular, indica Chacón, una de las debilidades detectadas al inicio tiene que ver con el hecho de que algunos estudiantes pagaban a terceros para que les realizaran las actividades, esto con el beneplácito de padres y representantes.

—Con el paso de las semanas se hizo un llamado de atención al respecto, por lo que luego algunos representantes comprendieron que su rol era más como orientador y de coadyuvar en la educación de sus hijos, apoyándolos en la realización de las actividades en casa— subraya el docente.

Indica, por otra parte, que una de las cosas positivas de la propuesta reposa en el hecho de que esta garantizó un monitoreo constante que se tradujo en notas, indispensables en todo proceso educativo.

Fallas de energía eléctrica atrasaron el trabajo

María Antonia Velandia, directora de la institución, comenta que durante el año escolar que recién finaliza y en el cual se llevó a cabo esta propuesta, uno de los mayores obstáculos que debieron enfrentar fueron los apagones y el racionamiento eléctrico, que los dejaban atados de manos por más de diez horas al día.

—Ese fue uno de los factores externos que obstaculizaron el proceso, pues sin energía eléctrica se frenaba el trabajo virtual, de manera abrupta, lo que atrasaba las actividades propuestas, obligándonos a replantear los cronogramas, tanto del docente como del estudiante. Además, si de por sí la cobertura de internet en esta zona es pésima, en medio de los apagones nos quedábamos prácticamente incomunicados— relata Velandia.

Para finalizar, aducen que las expectativas para el próximo año escolar se enfocan en mejorar estos procesos, pues para ellos, más allá de cumplir con los contenidos, lo más importante es que los estudiantes comprendan que esta modalidad les exige convertirse en autodidactas, en ser verdaderamente protagonistas de sus aprendizajes.                

      

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