sábado 26 noviembre, 2022
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Los pasos necesarios para guiar el destino #Tachirenses en el Mundo

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“…porque todos los cambios en la vida imprimen un aprendizaje, una apertura de conciencia y un crecimiento personal, que nos llevan a tomar diferentes caminos”


 Norma Pérez M.


Cuando de niña jugaba con sus muñecas, María Andreina García imaginaba que algún día sería una arquitecto y que podría emular aquellas edificaciones que veía a su alrededor y le atraían a pesar de sus pocos años.

“Amaba jugar con las Barbies en su edificio, imaginando que al crecer sería arquitecto, que haría muchos edificios como esos que veía desde pequeña”.

Hoy ostenta el título de esta profesión que le otorgó la Universidad Nacional Experimental del Táchira, en su natal San Cristóbal. Pero la vida, con sus vueltas e incertidumbre, la llevó por rumbos alejados, no solo de su anhelo infantil, también de su país.

Actualmente reside en España, donde desde la riqueza del pensamiento, construye con palabras. Amalgama de experiencias y creatividad. El resultado, su primera obra literaria, que habla de gratitud, amor, respeto, humildad, compromiso y oportunidad.

“Cada uno de los cuentos aporta un aprendizaje, un pensamiento y una reflexión; está escrito para que los niños aprendan y los adultos despierten, para que ambos entiendan que al tomar los valores como guía y norte en las propias experiencias reales de la vida, encontraremos las soluciones por encima de los problemas”.

Los orígenes

En un hogar de educadores nació María Andreina García García. Su cumpleaños lo celebra el Día Internacional de Trabajador. A la fecha, suma 44 años de edad.

Su papá, Jesús Eduardo García López es ingeniero agrónomo y profesor jubilado de la UNET. Su mamá, Heddy Nayibe García, es propietaria de una institución de educación preescolar en la capital del Táchira. Allí, durante varios años, compartió funciones junto a su progenitora.

Tiene un hermano, Eduardo José, a quien describe como un ángel en su vida: “Él me ha enseñado que las discapacidades físicas y mentales no son un impedimento para ser feliz. Solo son circunstancias que suceden para aprender a amar incondicionalmente, agradecer, ser humildes, respetuosos, empáticos con todo aquel que lo necesite. Él es mi gran maestro de vida”.

La formación

Su libro se encuentra en todas las librerías de España.

Además de su experiencia educativa con los niños, desarrolló una serie de proyectos de arquitectura, tanto en Venezuela como en Aruba y Panamá.

“Decidí irme de Venezuela por una oportunidad de trabajo de mi familia, entendiendo que siempre la familia está primero, por encima de tu propia comodidad, porque esta sinergia de amor es el lazo más importante que todo ser humano debe cuidar, proteger y mantener”.

Para consolidar su formación profesional, realizó un Máster en Interiorismo en la Universidad Pompeo Fabra de Barcelona, España, y un Máster en Administración de Empresas en la Universidad Jaume I de Castellón, en la misma nación.

“Al llegar a España comencé a estudiar el Máster en Administración de Empresas, el cual tuvo una duración de un año. Mientras esperaba la documentación exigida para trabajar, decidí entrenarme en el arte de crecer, porque todos los cambios en la vida imprimen un aprendizaje, una apertura de conciencia y un crecimiento personal, que te llevan a tomar diferentes caminos con resiliencia y valentía, por lo que obtuve una titulación de coach en Madrid, y una certificación de coach en liderazgo en la Academia de Jhon Maxwell Team, de Estados Unidos.

Un nuevo despertar

“Para mí, haber escrito un libro donde la narrativa ayuda a los niños y a los adultos a vivir con alegría y a caminar con empatía, significa dar un aporte importante a la sociedad, al enseñar que los valores de vida son la grandeza de un ser, que si no los tenemos caminaremos perdidos sin reconocer lo mejor que poseemos”.

La obra, que en 52 páginas recopila los seis cuentos escritos por María Andreina García, se titula Sonrisas para niños con valores, publicada bajo el sello de la editorial Europa Ediciones.

El trabajo en el campo de la educación fusionado con su espíritu inquieto de indagar acerca de sus talentos ocultos rindió sus frutos. Ella lo llama su ikigai, haciendo referencia a la palabra japonesa cuyo significado es “razón de vida”.

“Mi primer ikigai es la arquitectura; el segundo, la escritura. Esa que me hizo reconocer un talento interior que desconocía y que se ha convertido en el motivo de mi felicidad y alegría, naciendo así mi primera obra literaria. Es un nuevo despertar”.

Los protagonistas de los cuentos son sus hijos Marian y Rodolfo. Este último aparece como Rolf. En este mundo desbordante de imaginación, ambos jovencitos portan un escudo mágico “de la trifuerza universal”, que simboliza los valores de gratitud, amor, respeto, humildad, compromiso y oportunidad.

“Este escudo funciona cuando podemos unir nuestra mente, alma, cuerpo y activar la energía de protección poderosa, que es la que nos conduce del nivel negativo de emociones al nivel de la felicidad”.

La obra está a la venta en todas las librerías de España, y en plataformas digitales como Amazon, Kindle, Europa Ediciones y Google. Se presentó en la Feria Internacional del Libro de Barcelona y tiene invitaciones para eventos en Londres, Frankfurt, Moscú, Turín y Roma.

Sin olvidar sus raíces, desea que su trabajo literario también se conozca en Venezuela:

“Me encantaría poder expandir mi obra a mi país, Venezuela, para que todos juntos sigamos sembrando una semilla de bienestar en valores, eduquemos niños más conscientes y adultos más felices”.

Su incursión como escritora la considera una experiencia única y manifiesta su agradecimiento por tener la oportunidad de difundir un mensaje de enseñanza.

“El libro es una bendición para aportar un granito de arena a la sociedad por medio de los valores. Además, me abre las puertas hacia un mundo que quiero seguir y donde por medio de charlas, toco los corazones y las mentes de profesores,   representantes y jóvenes”.

María Andreina García siente que este giro que dio a su existencia es benéfico. Ahora, los edificios que construye tienen bases sólidas para contribuir a hacer de este mundo un lugar más amable.

 

“La vida hizo que cambiara mi rumbo para volar más alto en busca de una nueva oportunidad, entendiendo que solo la formación en el arte de crecer me daba las herramientas necesarias para conectarme con mi propio ser. Solo así me pude abrir paso a mi nuevo camino, el de la sonrisa de mis hijos y todos los niños que una vez conocí”.

Por la senda correcta, Ella dio los pasos necesarios para guiar su destino.

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