Luto en el mundo de la artes tachirense por el fallecimiento del pintor Ciro Rivas

1040
No solo sus pinturas forjaron su prestigio, su escuela popular de la plástica instalada en el Ateneo del Táchira también será motivo para recordar por siempre al maestro Ciro Rivas.
No solo sus pinturas forjaron su prestigio, su escuela popular de la plástica instalada en el Ateneo del Táchira también será motivo para recordar por siempre al maestro Ciro Rivas.

Los que aún se acercaban al Ateneo del Táchira para preguntar por los cursos de dibujo y pintura que allí se impartían, recibieron una luctuosa noticia: el maestro Ciro J. Rivas falleció.

Una lamentable pérdida cuando el mundo cultural tachirense todavía seguía en luto por la partida de este mundo del realizador Fidelino Mora hombre de Pregonero formado en Italia por más de 30 años,  y quien puso su ladrillo al gran sueño de hacer cine en el Táchira.

Por más de dos décadas, hasta muy poco antes de ser afectado por una grave enfermedad, fue columna y luz de todos aquellos, muchos sin pretensión de convertirse en artistas, fueron introducidos a la magia de la pintura y el dibujo. Personas de toda profesión, condición social y edad abarrotaron su aula, quienes llegaron a ella por una recomendación, o porque de casualidad pasando por el centro de la ciudad veía el cartel de anuncio de la actividad, o había echado un vistazo al grupo de alumnos en pleno aprendizaje. Gracias a la orientación del maestro Rivas, sustentado dentro del canon clásico siempre en términos de flexibilidad y adaptabilidad, muchos hicieron de las destrezas plásticas adquiridas, una terapia espiritual, un canal de comunicación con el mundo; mientras que otros consideraron consolidar una obra personal.

Pero el maestro Ciro J. Rivas también será recordado por haber forjado otra escuela, esa que va más allá de los rudimentos para levantar los cimientos de un estilo que caracterizaría la pintura en el Táchira en los años setenta y sesenta, siguiendo la ruta trazada por Valentín Hernández Useche y Manuel Osorio Velasco.

La Escuela Andina casi representó una hermandad, que redescubrió el paisaje tachirense, o mejor dicho, permitió que sus manos navegarán bajo las olas de la luz, el rumor del campo y la ensoñación de la neblina.

En 1975, participo en la fundación del  grupo pictórico Montaña y posteriormente del grupo FARAND, para proseguir su brillante carrera artística en la región y el país. Se formó en San Cristóbal y Caracas, donde fue influenciado por Cabré y Pedro Ángel González.

En junio de 1977, realizo cuatro retratos para la galería de periodistas ilustres del Táchira: Domingo Guzmán Escandón, Borges Zurita Carmen Aurora Carrillo, y Oscar Mora. Expuso tanto en Venezuela como España, gozando del reconocimiento de quienes tuvieron la suerte de contemplar esos fragmentos visuales del Táchira en los cuales se encontraban escenas costumbristas, paisajes, bodegones, con rasgos de una identidad inconfundible, pletóricos de la vitalidad andina.