miércoles 12 agosto, 2020
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Matilde: la única mujer que con 93 años toca el bandolín de 14 cuerdas en Colón

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Daniela González


 

«La música no se hace, se nace”, dice Matilde Jáuregui Con treras, de 93 años de edad, quien es la única mujer que, a su edad, toca a la perfección el bandolín de 14 cuerdas, el cuatro y la guitarra

Sin recibir ninguna clase de música, bajo la orientación y apoyo de un tío que decidió enseñarle, a “oído”, cómo dar sonido a los instrumentos, aprendió a la perfección, como si hubiese recibido clases musicales por profesionales.

Matilde desde muy pequeña aprendió de memoria la música tachirense, un pasodoble y mucho más; asegura que oyendo saca el sonido de cualquier composición, pues las partituras musicales son desconocidas, ya que jamás aprendió a leerlas, por no contar con profesores.

A pesar de ello, su dedicación la llevó hace ocho años al teatro Teresa Carreño, para tocar con los grandes, cumpliendo así uno de sus grandes sueños.

“Cuando estuve en el Teresa Carreño sentía el corazón como una torre, me sentía muy emocionada; recuerdo que habló primero el ministro de Cultura, luego unos profesores y después me pasaron a mí, me daba pena porque yo no soy profesional, me dieron un botón y un reconocimiento de Maestro Honorario 2012; toqué con todos ellos, me guiaba por el oído, porque yo con partitura no sé; estábamos tres bandolines con un solo tema musical”, con emoción recuerda Matilde.

Matilde Jáuregui Contreras nació el 24 de febrero de 1927, en Colombia, pero su familia decidió migrar a Venezuela y residenciarse en la población de San Juan de Colón, estado Táchira. Su pasión por la música está en su sangre, y sin sufrir ningún problema de salud y con plena lucidez, recuerda cada composición musical.

Ella puede ejecutar cualquiera de los tres instrumentos que maneja a la perfección: la guitarra, el bandolín de 14 cuerdas y el cuatro.

Matilda con su hijo, quien tiene 60 años.

Ha recorrido varios estados

Matilde ha recorrido diferentes estados de Venezuela, tras recibir invitaciones para formar parte de conciertos en el territorio nacional; siempre le brindan honor a su aprendizaje musical.

Su edad no representa la energía y el carisma que demuestra, pues a un paso de cumplir 100 años, cuida de su hijo especial, que tiene 60, y asegura que se traslada en motocicleta a la ciudad de San Cristóbal y realiza cualquier diligencia.

“Yo agarré el mototaxi y el muchacho no quería arrancar porque le daba miedo, y yo le dije arranque, deje el miedo, que yo me tengo, y nos fuimos a San Cristóbal (…) he ido hasta a Chinácota, en Colombia, porque tengo familia, me fui con mi hijo, cuando llegué a Cúcuta, le expliqué a unas personas que no tenía plata para llegar hasta donde mi familia y me regalaron 30 mil pesos, con eso llegué a Chinácota y allá me encontré a unos músicos, hicimos toques en los parques y me traje 140 mil pesos y me vine con mercado”, contó sobre el viaje que realizó hace tres años a Colombia.

Tuvo su grupo musical en Colón

En años anteriores, en San Juan de Colón, era muy común contratar grupos musicales de cuerda, donde grandes y pequeños se deleitaban en sus viviendas al escuchar a estos músicos empíricos; sin embargo, estos tiempos pasaron, lamenta la mujer.

“Esto está muy apagado, la gente se ha ido; nosotros cobrábamos por horas para ir a tocar; tampoco hay dinero para que nos contraten”.

Cinco personas, con guitarras, cuatros y el bandolín, tocaban con doña Matilde en su grupo Alma Tachirense, disfrutando del ritmo y la alegría de las personas que contrataban por horas el toque musical.

Le regalaron una guitarra sacada de la basura

Entre las anécdotas de Matilde, se encuentra la de una guitarra Yamaha que le fue regalada por un amigo al encontrarla en un basurero. “En Puerto La Cruz botaron esta guitarra a la basura porque se encontraba sin las clavijas; ‘fíjese, el que no conoce la música’, me dijo un amigo; ‘mire, aquí le traigo un regalo, una guitarra que encontré en el aseo’. Le di las gracias y se la llevé a un señor de Morotuto, la restauró, quedó como nueva; eso fue hace más de 15 años, y aquí tengo la guitarra Yamaha y dice hecha en Japón”.

Con el tiempo, para ocupar el lugar de Matilde quedará Luis Fernando Jáuregui, su nieto, a quien le enseñó a tocar el instrumento. “Enseñé a mi nieto a tocar el bandolín, y él sí tiene partituras porque lo metí a la Casa de la Cultura para que escale, para que no quede como yo, en las primeras vocales; la música no se hace, sino que nace, entonces yo le enseñé lo que pude; en estos días fue a tocar en el cumpleaños de la ciudad de Ureña, a mí también me invitaron”, relató.

93 años y mucha sabiduría

Expresa con cautela que “la música es parte de la vida”. Matilde envía un mensaje a los jóvenes que desean ser músicos. “Escalen, sean profesionales, no se queden sentados en una sola silla, porque estamos rodeados de grandes profesionales en música, y no quiero que estén como me tocó a mí, que nadie me ayudó, sino que me preocupé en aprender una melodía, yo la tenía en la cabeza y empezaba a ver en qué tono iría y la sacaba en el bandolín; fue fuerte porque yo no tuve maestro”.

Los secretos

—El secreto de la vida es continuar con paciencia, que Dios todo lo puede, como los pajaritos que no cultivan y tienen qué comer, dice mirando a Beto, su hijo de 60, al precisar que con 93 años agarra la carretilla y se van los dos a buscar leña para poder cocinar, o algún trabajo con el fin de encontrar dinero.

“A mí no me da pena, yo no sufro ni de la tensión, y a veces nos toca que ir a limpiar jardines, solares o árboles, para buscar algo de plata y comprar alimentos (…) en la urbanización Santa Marta, he ido a cortar y a arreglar arbolitos, de forma cuadrada o redonda, y nos pagan; vamos Beto y yo, para poder tener qué comer, nos vamos caminando, no nos pasa nada; muchos jóvenes se quedan dormidos y no buscan hacer nada con sus vidas”.

Doña Matilde reside en el barrio Los Tomistas de San Juan de Colón, conocida por ser una excelente ejecutora del bandolín de 14 cuerdas, de una guitarra reparada y de un cuatro remendado; para ella, sus instrumentos es lo más preciado que tiene, asegurando que el día que se marche, no dejará su bandolín de 14 cuerdas.

 

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