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Inicio/Regional/“Mis ojos vieron cómo los edificios empezaron a derrumbarse "

Regional
“Mis ojos vieron cómo los edificios empezaron a derrumbarse “

miércoles 1 julio, 2026

“Mis ojos vieron cómo los edificios empezaron a derrumbarse “

Walkins Lindor, un joven estudiante de la Universidad Marítima del Caribe (UMC), quien tras sobrevivir al devastador terremoto ha encontrado en las montañas tachirenses un inesperado refugio y una oportunidad para reconstruir su vida

Daniela González

El relato de lo ocurrido es estremecedor. Walkins recuerda que, al momento del sismo, se encontraba trabajando en las cercanías de la playa.

“La arena empezó a moverse y mis ojos vieron cómo los edificios empezaron a derrumbarse”, narra con dolor. Confiesa que en ese instante la confusión fue total; el polvo y el caos nublaron su vista, y el desconcierto se apoderó de quienes, como él, no comprendían la magnitud de lo que estaba ocurriendo.

El dolor es profundo al describir la escena: “Es desgarrador ver tantos fallecidos y saber que aún hay personas tapiadas bajo el concreto”, comenta, reviviendo el trauma de una catástrofe que le tocó vivir de cerca, un calvario que anteriormente había escuchado en los relatos de su madre, sobreviviente del sismo de 2010 en Haití, pero que jamás imaginó experimentar en Venezuela.

Tras la tragedia, el futuro de Lindor se volvió incierto. Sin hogar y con sus pertenencias reducidas a la nada, relata que pasó su primera noche durmiendo a la intemperie, en una plaza, sin un lugar seguro a donde ir. Mientras muchos de sus hermanos de nacionalidad se han dirigido a la embajada buscando apoyo para ser repatriados, el destino de Walkins tomó un giro inesperado hacia el estado Táchira.

“Jamás imaginé vivir o quedarme en el municipio Jáuregui”, confiesa. Su llegada a La Grita fue posible gracias a la solidaridad de una familia que, conmovida por su situación: “Y esa es la familia de mi mejor amigo, quien se encuentra ahora mismo navegando”, añade con gratitud.

La meta sigue en pie: El título universitario

A pesar de haber perdido todo materialmente, Walkins Lindor conserva intacto su propósito. Con su pasaporte en mano, el joven reafirma su compromiso con el futuro: “No pienso devolverme sin mi título”. Como estudiante de la UMC, Lindor busca ahora integrarse a la dinámica, poniendo a disposición sus capacidades y su voluntad de trabajo.

Walkins, quien domina francés, inglés, español y su lengua nativa, se ha puesto a disposición para realizar labores de construcción, mantenimiento o cualquier actividad que le permita sustentarse mientras logra retomar sus estudios.

La historia de Walkins Lindor en La Grita no es solo la de un sobreviviente, sino la de alguien que apuesta por la vida y la superación.

La comunidad de Jáuregui, conocida por su hospitalidad, se enfrenta ahora al reto de tender la mano a este joven que, lejos de su país, ha encontrado en estas montañas una segunda oportunidad.

Su historia con Venezuela comenzó años atrás, cuando llegó al país bajo un convenio académico a través de una beca otorgada por Fundayacucho, institución que le abrió las puertas para cursar estudios superiores. Hoy, ese proyecto académico se mantiene como su norte, a pesar de la tragedia que le tocó vivir recientemente.

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