viernes 2 diciembre, 2022
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Mujeres tachirenses unidas para la protección de animales abandonados

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José Capacho

Diseño: Paloma Lacruz


Las palabras solidaridad, vocación y servicio encuentran significado en el trabajo que realizan las mujeres protectoras de animales en el estado Táchira, entidad fronteriza con Colombia. La mayoría de activistas en la zona son del género femenino, quienes, con sacrificio y compromiso, defienden los derechos de los animales, sobre todo aquellos en situación de abandono.

Un estudio de la Universidad de Jaen, en España, corroboró que las mujeres tienen mayor sensibilidad a los animales y por ello demuestran más disposición a trabajar en organizaciones sin fines de lucro o de forma independiente en el rescate, rehabilitación y reubicación de mascotas que no tienen hogar.

Gatos en La Concordia alimentados por Proyecto Luna.

“Lo que defendemos es que culturalmente son las mujeres en su mayoría las que han desarrollado la empatía hacia los animales y, en consecuencia, los modelos educativos han asimilado esos hábitos a lo femenino”, dice la investigación.

En la zona fronteriza entre Venezuela y Colombia se cumple el anterior enunciado, pues las mujeres predominan en el trabajo por el rescate de los animales, luchando con determinación en un contexto de crueldad e indiferencia hacia estos seres.

El rescate de Luna

Hace seis años, Katerine Moreno creó el Proyecto Luna para ayudar a los animales “que más lo necesitan” en San Cristóbal y zonas cercanas a la capital del estado. Esta iniciativa lleva el nombre de su perrita rescatada, pues, tras conocer su historia de abandono, sintió el impulso de unirse a la labor.

“Al pasar el tiempo, noté el incremento de animales en abandono y maltrato, haciéndome ver qué quizá mi ayuda, aunque fuera poca, les cambiaría la vida y su mundo completamente”, contó en entrevista con Diario La Nación.

Uno de los propósitos de este proyecto es multiplicar la empatía y compasión hacia los animales que están desamparados, brindando hogares temporales mientras son adoptados.

“Brindándoles así ante sus ojos los cuidados necesarios y ganándonos el amor, ya que son seres muy agradecidos. Siendo un puente entre el mal y el bien, cambiamos su pequeño mundo con un poco de amor y voluntad”, expresa la líder proteccionista.

Luna fue entregada a Katerine por Grecia Salinas, a quien describe como su mentora y amiga, también representante de la fundación Amor por los Animales Venezuela (APLAV).

Trabajo en equipo

Grecia junto a voluntarias de APLAV.

A Grecia le gusta expresarse en plural cuando se refiere a la protección de los animales, pues siente mayor compromiso al hablar de esa manera. “Nos dedicamos a esta labor porque hay empatía y amor. Nos identificamos con quienes tengan mejor energía y para nosotros la mejor energía la tienen los animales”.

Además de la asistencia y rescate de animales que viven en la calle, APLAV tiene el objetivo de reeducar a las personas para que los reconozcan como otros seres vivos que necesitan vivir en comunidad y disfrutar la vida.

“Los problemas que viven estos seres en la ciudad son producto de la falta de conciencia ante la irresponsabilidad de cada uno de nosotros. Si en casa por cada animalito que tenemos le cumplimos su deber ser (carnet de vacunación, asesoría médica, la esterilización) se limitaría muchísimo la proliferación que existe”, asegura.

La mencionada proliferación, comenta Grecia, se debe principalmente porque la gente que tiene mascotas no las esteriliza y también por quienes las usan como máquinas de reproducción para venderlas.

APLAV apuesta por el trabajo en equipo para lograr contrarrestar los múltiples desafíos que como proteccionistas deben enfrentar. Desde la fundación brindan apoyo a otras proteccionistas independientes, sobre todo con alimento seco e insumos médicos para casos quirúrgicos; la mayoría lo obtienen por donaciones y, en ocasiones, se compra con el dinero de los activistas.

“El trabajo en equipo es la única manera que te des cuenta del éxito de la gestión. El animal es el único protagonista de toda esta situación, por él es que nosotras velamos. Lo que compramos de alimento y medicamentos se dona a distintos municipios del estado”.

Grecia junto a su hija, canaliza algunas ayudas a través de las redes sociales. Las personas que apoyan económicamente estos casos son llamados “madrinas” y “padrinos” de los animales beneficiados con el aporte.

APLAV se enfoca en atraer a más personas a esta labor de servicio en beneficio de los animales. “Personas como nosotros hay muchísimas, pero a veces el miedo es lo que pone un límite. Las limitaciones son mentales. (…) Para todo hay tiempo, para todo hay chance y para todo alcanza”, sentencia la representante de la fundación.

Contracorriente

En Ureña, localidad que limita con el departamento de Norte de Santander, Colombia, vive la proteccionista Oriana Rojas, quien desde hace 11 años se ha abocado a la asistencia de los perros abandonados en su comunidad.

A diferencia de algunas organizaciones sin fines de lucro, Rojas trabaja de forma independiente en la defensa y protección de los perros de su barrio. “Comencé mi labor hace 11 años al ver tantos animales en la calle y también ver la indiferencia de muchas personas sobre este problema. Me vi en la obligación y en la necesidad de actuar y hacer una pequeña diferencia”.

Enlista el abandono, la indiferencia y el maltrato como los principales problemas que padecen los animales en la zona. Es por ello que, frente a la problemática, lucha por lograr la esterilización de todos los perros que están en la calle, pues afirma que es el único método ético para contrarrestar la sobrepoblación de la fauna urbana.

Sin embargo, su trabajo como proteccionista independiente es cuesta arriba, pues debe costear los gastos veterinarios de su bolsillo y a veces no le alcanza para cubrir todas las necesidades que tienen los perros comunitarios, como los llama.

Oriana dice que el desprecio de su comunidad es otro de los desafíos que enfrenta a diario. “Mis vecinos odian a los animales. Siempre me reclaman por mi labor porque para ellos es molesto verlos en la calle. Todos los días debo vivir con la crítica y murmuraciones de los mismos”.

A pesar de ir contracorriente, esta habitante de la frontera colombo-venezolana continúa trabajando para ofrecerle una mejor calidad de vida a los perros de su comunidad.

Obra social

Asistencia de Huellitas de la Calle.

El abandono de mascotas es la problemática que se replica a lo largo y ancho de esta región fronteriza. En la localidad de San Juan de Colón, ubicada al noreste del estado Táchira, la proteccionista Ana Huerta se dedica a la defensa de los animales desamparados a través de su organización Huellitas de la Calle.

Ella prefiere que las acciones que realiza en favor de los perros y gatos de su municipio sean consideradas una labor social y no un trabajo. Cuenta que inició este quehacer porque tiene una conexión muy fuerte con los “animalitos” y “le duele lo que les pasa”.

“Me dedico a esta labor porque es una obra social que muy pocas personas hacen, ayudan o colaboran. (…) Además, el amor hacia las mascotas es algo que te llena y de verdad te sientes bien al trabajar en esto. Es algo muy bonito”.

Desde Huellitas de la Calle, Ana rescata animales de situaciones riesgosas, les brinda primeros auxilios, los lleva al veterinario y canaliza ayudas para esterilizarlos o castrarlos, cual sea el caso requerido. Detalla que el mercado municipal es el sitio donde la gente más abandona a las mascotas en San Juan de Colón y por ello parte de su trabajo se desarrolla allí.

“Nosotros le damos cariño, amor, respeto canalizando sus adopciones para que estén en buenos hogares y tengan la calidad de vida que se merecen”, precisa.

Ana impulsa a todas las personas a colaborar con los perros y gatos abandonados en las calles; se puede apoyar con pequeños gestos que no requieren mucho tiempo ni dinero, como poner un pote con agua en las aceras de sus comunidades o disponer un poco de comida. En el mejor de los casos, si hay mascotas en condición de calle pueden “colaborar entre todos para que sea esterilizada o sea castrado” y así reducir la sobrepoblación canina y felina.

“Somos un grupo de mujeres que estamos día a día en lucha, así llueva, truene o relampaguee. Así nos muerdan o nos rasguñen. Llevamos la batuta porque somos guerreras y trabajamos con amor y respeto hacia los animales. Nuestra recompensa es lograr que cada animalito tenga un hogar feliz, que tenga una mejor vida. Ellos son un amor, nos roban el corazón”, expresa Ana.

Katerine, Grecia, Oriana y Ana coinciden en la necesidad de que las autoridades impulsen la esterilización de las mascotas para contrarrestar la proliferación. También en la urgencia de nuevas ordenanzas y reformas en la ley que condenen el abandono, el maltrato y la crueldad animal.

Está nota informativa de Diario La Nación, forma parte de la Red Mujeres Periodistas de Frontera.

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