jueves 2 febrero, 2023
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No es cuestión de vocación

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“La situación de los trabajadores universitarios es crítica, asistimos por vocación y amor a nuestra Alma Mater, pero eso no garantiza que nuestras familias puedan comer al menos dos veces al día”


Norma Pérez M.


“El jefe inmediato debe aplaudir cada vez que un trabajador abre la puerta de la oficina, porque somos el único país del mundo donde pagamos para poder ir a trabajar. Con el salario que recibimos es imposible cubrir a cabalidad las necesidades básicas, nuestros compañeros de trabajo muchas veces asisten a la universidad sin desayunar, llegan caminando para cumplir con los compromisos laborales, porque a pesar de la situación nuestra universidad mantiene las puertas abiertas

Osmey Correa es personal administrativo del Instituto Pedagógico Rural Gervasio Rubio -UPEL, desde enero de 2011, de donde también egresó como profesor en Educación integral. Es metodólogo en investigación y cursó una maestría en Orientación de la conducta. Como la gran mayoría de profesionales, su remuneración no está acorde a su preparación.

Considera fundamental continuar en las calles

Actualmente, se desempeña como orientador en la Unidad de Desarrollo y Bienestar Estudiantil, en la sección de asesoramiento y orientación.

“Muchos se han marchado de la universidad para buscar sustento para su familia y así poder al menos cubrir dos comidas al día; situación que es triste en un país con tantas riquezas, pero la inversión de esas riquezas para el pueblo no existe”.

Pobreza extrema

Con una clasificación de 4.2 en la escala profesional universitaria, Correa recibe un sueldo quincenal de 180 bolívares.

“Cuando se hace el cambio al peso colombiano, que es la moneda de mayor circulación local, el equivalente son 36.000 pesos quincenales, es decir, 2.400 pesos diarios. Ese monto alcanza para comprar un kilo de cebollín o medio kilo de papa. Los oficinistas y secretarios ganan quincenal 25 mil pesos; quienes están en la escala 4.9 y con jefatura, escasamente llegan a los 70 mil pesos, unos 4.500 pesos diarios”.

Mientras repasa estos datos, donde se evidencia el ingreso de los trabajadores de esta casa de estudios superiores, recuerda las circunstancias que se agudizaron en los últimos años.

“La realidad del trabajador universitario es que lo que gana en un día de trabajo no alcanza para comprar un café, lo que nos ubica en una pobreza extrema según la clasificación de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, donde expresan que toda persona que perciba menos de 2 dólares al día se encuentra en pobreza extrema”.

Paulatino deterioro

Desde su experiencia en la actividad gremial, pues ocupa el cargo de secretario general del Sindicato de Trabajadores (Seaupel), da fe que las pérdidas de beneficios son cuantiosas:

“En estos últimos años los trabajadores universitarios hemos sufrido pérdidas no solo en nuestro salario, sino también en las conquistas laborales suscritas en la Contratación Colectiva, desde que el Gobierno nacional empezó a hacer uso del Instructivo Onapre, que no es más que un mecanismo de control social”.

Explica que el salario comenzó a retroceder, ya que las primas fueron reducidas hacia la mitad, y otras eliminadas: “Se violentaron los derechos contractuales y por ende el poder adquisitivo cada vez se reduce más para los trabajadores”.

“Hace una semana fue cancelada una deuda del 8.5, que debía pagarse en marzo de 2022, pero el cálculo se realizó con fecha de diciembre 2021, haciendo depósitos irrisorios entre los veinte y sesenta bolívares de acuerdo a la escala de clasificación; con ello sale a decir que está empezando a cancelar las deudas de los trabajadores universitarios, cuando esto representa una burla hacia nosotros”.

Reafirma la decisión de continuar en la lucha para defender derechos adquiridos:

“Nos mantendremos en la calle las veces que sean necesarias; considero importante en este momento la unidad gremial de todos los sectores para lograr la recuperación y cancelación de nuestras deudas con cálculo actual, así como de la contratación colectiva ajustada a la realidad económica que vive el país, donde todo lo cobran en dólares, pero la miseria del salario que se percibe es en bolívares”.

Llevar el sustento

Como muchos otros, Osmey Correa debe ingeniárselas para conseguir otros ingresos que le permitan cubrir el presupuesto familiar. Dice que al igual que sus compañeros de trabajo, debió descubrir las cualidades que posee en determinadas áreas y utilizarlas.

Considera fundamental continuar en las calles

“Como función alternativa, me dedico a asesorar trabajos de investigación de diferentes universidades, tanto de pregrado cómo de postgrado; presencial o en modalidad virtual. Es la manera en la que he podido cubrir algunas necesidades básicas y tener los recursos para poder continuar en mi trabajo formal”.

Refiere que son numerosos los casos de personas que buscan cómo solventar en parte su situación económica.

“En la universidad, los compañeros de trabajo también buscaron la manera de poder llevar comida a su hogar; algunos lo hacen a través de la economía informal, con pequeñas bodegas en sus casas, otros venden café en las calles o traen mercancía de Colombia para negociarla, y así de distintas maneras tratan de cubrir algunos de los gastos familiares”.

Prohibido enfermarse

“Solo le pedimos a Dios que nos cubra y nos bendiga cada uno de los días, porque en este momento no tenemos un seguro que pueda cubrir algún tipo de enfermedad o inconveniente de salud que se presente en un determinado momento”.

Ante este panorama, considera que enfermarse es motivo de angustia, preocupación y desesperación, ante la imposibilidad de pagar una consulta médica o comprar los medicamentos. Pero resalta la solidaridad de la comunidad universitaria.

“Nuestros compañeros de la universidad se caracterizan por ser personas solidarias; y ante alguna enfermedad, intentan ayudar creando propuestas para recaudar dinero, buscar los insumos médicos y así intentar solventar la situación de la persona que lo necesita”.

Prioridad: Sobrevivir

Las circunstancias son adversas; aun así, se hace un gran esfuerzo por proseguir con el cumplimiento del deber. Prevalece la vocación.

“La situación de los trabajadores universitarios es crítica, asistimos por vocación, por amor a nuestra Alma Mater, pero esa vocación y ese amor que tenemos no garantiza que nuestra familia pueda comer al menos dos veces al día; hemos percibido a muchas personas bajas de peso, decaídos, por pensar en cómo sobrevivir día a día ante esta inflación que crece a pasos agigantados”.

En riesgo la salud física y mental de quienes sustentan la educación de un país.

 

 

 

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