Regional

Peligro por falla de borde entre El Mirador y Puente Real

17 de octubre de 2020

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La reparación de la vialidad, en muchas zonas del estado, está en un punto muerto, quedando pendiente la neutralización de muchos peligros, con sus correspondientes costos en vidas y en daños materiales.

Aunque la cuarentena ha bajado ostensiblemente el tránsito por el acceso a San Cristóbal, entre El Mirador y el elevado de Puente Real se han registrado accidentes debido al mal estado de la vialidad, destacando el cráter ubicado un poco más arriba de la alfarería.

Una falla de borde de más de 10 metros de longitud, y otros 5 de abertura máxima, no solo acecha a los vehículos, también a los caminantes, pues la suspensión del servicio público por la cuarentena no ha sido óbice para el desplazamiento de personas a pie, que encima de que poca acera tienen, al tratar de sortear el gigantesco bache deben tirarse hacia la carretera.

Gonzalo Enríquez, quien intenta ganarse la vida en un taxi por puesto, cubriendo la empinada ruta hacia El Mirador, afirma que la semana pasada un accidente ocurrió ahí, un hecho que en realidad ya es muy común y que, aun así, no ha ameritado una solución definitiva.

—En enero lo intentaron rellenar con material de construcción y arena, pero ya con las lluvias de mayo eso ha vuelto a socavarse. Le falta muy poco para que definitivamente tome la carretera completa – dijo Luis, un vendedor de la zona.

Muy cerca de ahí, al otro lado de la carretera a los municipios de la frontera, se han ubicado ventas ambulantes de aceite para motor, víveres y verduras.

Gloria Cárdenas, con su negocio establecido cerca, ha presenciado cómo los conductores de motos se han llevado la peor parte, teniendo en cuenta que muchos de ellos, aprovechando la energía potencial, van con sus motos apagadas y no pueden maniobrar cuando se encuentran de frente con el cráter.

—En ese hueco -sostuvo Cárdenas- se han registrado accidentes. Más de un motociclista, especialmente los que no bajan mucho y no conocen la carretera. ¿Y luego que se les daña lo único que tienen para transportarse, qué les queda? Y ni hablar si reciben heridas, ¿para dónde ir, si en el Hospital ya casi no atienden traumatología? ¿Esperan a que ocurra algo muy grave para actuar?.

Peligro nocturno

Si de día el concurrido transitar de vehículos, que por esa falla ha hecho del tramo de una sola vía, siendo la carretera de dos, se expone a los peligros; bajo la noche una trampa mortal se solapa, y a eso contribuye el hecho que ni una señalización o iluminación advierten de que hay un hundimiento,  que puede terminar siendo un cementerio de automóviles.

Apenas si rayas amarillas sobre el asfalto indican sobre una tronera, que sabe disfrazarse de ligera loma. Las más desagradables sorpresas para los conductores, que en medio de la más cerrada oscuridad no saben lo que ha pasado, y ni cómo saldrán de ese atolladero, si afortunadamente no ha habido heridos entre los pasajeros.

Caminantes en riesgo

La presencia de caminantes por la carretera, incentivada por la cuarentena que restringió el servicio de transporte urbano, y paralizó muchos vehículos por el desabastecimiento de combustible, y ahora nutrida por un nuevo capítulo de la diáspora proveniente de varios puntos de la geografía nacional, también es un punto a tener en cuenta a la hora de evaluar los daños de la vialidad.

Si es que por las carreteras nacionales se contaba con algo de aceras para los caminantes, estas en su gran mayoría están destruidas y/o tapadas por la vegetación y los derrumbes.

Lo único que les resta es ir por la zona de los vehículos, muchos de los cuales les pasan peligrosamente al lado a gran velocidad. Protegerse lanzándose a un lado puede resultar peor, si lo que les espera es un barranco o un terreno de piedra y tierra.

Los que esquivan ese peligro prefieren tomar el viejo camino real que atraviesa la montaña desde un acceso discreto más abajo del puesto de control de El Mirador, hasta dar con el “célebre” bar La Gioconda, y de ahí caer hasta la alfarería.

Ese era un viejo camino de recua, desplazado por la moderna carretera, que aunque rehabilitado, tiene sus riesgos. Su soledad se ha prestado para la acción delincuencial, por eso se recomienda ir en grupos. No obstante, las lluvias posibilitan otro obstáculo difícil: tornan el atajo resbaloso, y propenso a las caídas; y más de uno solo logrará salir de ahí todo embarrado.

Freddy Omar Durán

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