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“Poco o mucho pero vendemos algo”

Freddy Durán


Sea en puntos estratégicos o en ventas a domicilio, la venta de verduras se ha constituido en Zorca una alternativa tanto para el que desea guardar la cuarentena rigurosamente, como para quien no quiere que esta cuarentena lo agarre sin un centavo en los bolsillos.

Algunos venden en efectivo y otros, pocos, han podido hacerse de un punto inalámbrico; y si bien en estos días de cuarentena han trabajado normalmente, desde la semana pasada han tenido que escuchar las quejas de sus clientes, por la manera en que se han encumbrado los precios.

Jean Carlos Contreras, -entrevistado recientemente- quien junto a su esposa y su cuñada, se ha instalado en la Plaza Bolívar frente a la iglesia de San Isidro, afirma que desde hace aproximadamente 15 días que comenzó sus ventas, ha estado cobrando el mismo precio, pero en pesos, aunque en bolívares los montos han variado incluso el doble.

Aunque su clientela va a cuentagotas, los vendedores de verduras ven en su actividad la mejor alternativa para sobrevivir en cuarentena en Zorca, San Isidro.

–La gente, afirman Jean Carlos y su esposa, días atrás no se estaba quejando de los precios de los alimentos. Comenzó a hacerlo desde el jueves. Bajó muchísimo el bolívar, pero si los consideramos en pesos, son los mismos precios. En Táriba, que es donde se surten, le cobran a uno en pesos, pero si usted va con bolívares, eso es una locura.

–En un mismo día se cambió el dólar dos veces. Tuvimos que cambiar de precios dos veces en un mismo día. A veces uno vende a pérdida. La gente a veces se disgusta, pero uno les explica. Como si uno fuera el culpable, te señalan; pero que culpa tiene uno que suba el dólar, lamenta Jean Carlos.

La reacción desfavorable de la clientela, y lo difícil de hacerse del dinero para abastecerse, los ha limitado en los productos que ofrecen. No obstante, lejos están de abandonar su actividad.

–Durante la cuarentena el negocio ha estado flojo, agregó. La gente poco sale de sus casas. Y al no estar trabajando, no tiene mucho dinero para comprar. Aun así, si nos vamos a la casa, ¿cómo le damos alimento a los hijos de nosotros?

Pero otro obstáculo, además del aumento de los precios y el alejamiento de algunos compradores, ha sido el flete de su mercancía, que hace con su propia moto. Abastecerse de gasolina, le resulta costoso, y más cuando debe desplazarse de Zorca hasta el Mercado de Táriba.

–Lo de la gasolina es impresionante, porque cobran a 5 mil pesos el litro, y un litro apenas si me dura un día.

Su horario de trabajo comienza bien de mañanita, porque ya antes de las 2 de la tarde, debe volver a su hogar. Labora de domingo a domingo, pues si algo ha alterado la cuarentena son las jornadas laborales: bien los  informales pueden estar en plena tarde del domingo en actividad, como un día al azar de la semana descansando, ya que en esta cuarentena un día no alcanza a diferenciarse bien de otro.

–Yo he sido mecánico de motos, pero ahora como que no se dañan las motos, no sé… o la gente no tiene platica, dice.

Y si bien no sabe si el resto del año no volverá a su viejo oficio, y se quede en la venta de verduras, si confía en que en el estado Táchira el virus se mantenga a raya.

–Gracias a Dios veo que todo va marchando bien, si nos comparamos con otros países. De todas maneras, a uno, obligado, le toca guardarse en casa. ¿Temor a la pandemia?, no… porque aquí no se ha visto tantos casos, como en otras partes del mundo.

Para no aburrirse

Para Daniel Javier Contreras, hay una razón adicional para estacionarse en su puesto de verduras, no muy lejos del de Jean Carlos, pero no tan constante: no aburrirse en casa. Un tedio, al cual contribuyen las interminables horas de apagones, que no le permiten ni ver televisión

Lleva un tiempo dedicado a este trabajo, pero por lo general lo hacía en Dimo, los días sábado, y otros mercados populares entre semana.

–Trabajo aquí, afirmó Daniel Javier, para no aburrirme en la casa. Y además de esto en esta cuarentena lo que hacemos es comernos lo poco que uno tiene. Igual si  uno no trabaja no se alimenta. Yo vendo de todo; sin embargo, esta semana lo que he podido conseguir es cebolla y tomate. Es complicado conseguir mercancía, y por la falta de gasolina no hay quien lo lleve a uno. Me cobran entre 70 y 80 mil pesos por traerme los bultos.  Por lo general, voy al Mercado de Táriba; esta semana, tuve que hacerlo en  Dimo.

En la mañana se instala en la Plaza Bolívar de Zorca; junto con su esposa y su hija, y en la tarde continúa frente a su vivienda.

–Yo me quedo hasta la una de la tarde, agregó, y después vendo en la puerta de mi casa para entretenerme un rato. Poco o mucho, pero se vende algo y uno se hace de sus pesitos. ¿Qué voy a hacer encerrado en casa, y luego se va la luz? Ni para dormir…porque el calor.. ¡Naah! Ese problema de la luz está grave. A mí me da es ganas de salir a trabajar.

No oculta sus temores por un posible contagio, y especialmente, que este afecte a su prole.

–Ese virus no nos deja salir a la calle, ni nada. No temo por mí, sino por mi hija. Yo ya viví lo que tenía que vivir, sentencia resignado.

 

 

 

 

 

 

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