Por falta de efectivo ha mermado el flujo de pasajeros en el Terminal

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La escasez de unidades está afectando seriamente a quienes desean movilizarse de San Cristóbal a Michelena. (Foto/ Tulia Buriticá)

 

La falta de efectivo aunado al alza semanal de precios, y la escasez de unidades han incidido en que viajar por tierra no sea la mejor opción para vacacionar en su época más emblemática.

Semana a semana los costos de los pasajes van en aumento, y como con todo lo que pasa en este país solo queda la resignación y suspirar profundo, pues ni la manifestación de indignación delante del chofer o su “simpático” ayudante los inmuta, y sencillamente te ponen en el dilema “o pagas o te bajas”.

Esta semana se pudo ver un terminal con menor afluencia de pasajeros, y especialmente se hace sensible un cambio en el flujo humano, por la zona donde parten las unidades rumbo a San Antonio, Rubio y Delicias.

Y no solo es ese el único cambio que se percibe: en cuanto al costo del pasaje, y como consecuencia del derrumbe por el sector Santa Elena, ir a Rubio ya va por los 300 mil bolívares, mientras que para San Antonio todavía estaría en 200 mil bolívares, algo que podría la próxima semana.

Si alguien deseaba “quedarse por el camino”, si el chofer generosamente lo permitía siempre y cuando el pasajero vaya de pie, entre Capacho y San Cristóbal, se cobra 100 mil bolívares.

Se dice que la disminución de las colas se puede deber al rumor de cierre de frontera, otros lo adjudican otros factores como la falta de efectivo, al elevado precio del peso, la mengua del número de personas provenientes de otras partes del país, o el exceso de unidades desplazándose por esa ruta. Al respecto, y de manera extraoficial, se ha calculado que 400 busetas estarían cubriendo la ruta, aunque el reporte por casilla de salida, indica que diariamente operarían 30, efectuando cada hasta seis viajes.

Igual situación experimentan los carros por puesto a San Antonio que ya están pidiendo por el viaje 800 mil bolívares, mientras que los llamados “piratas” –no muy favorecidos por la abundancia de unidades- no tienen problema en cotizarse en un millón de bolívares. Incluso se presta en ese mismo trayecto servicios de mototaxis con tarifas en moneda extranjera, alrededor de los treinta mil pesos.

De regreso a San Cristóbal desde San Antonio y Ureña, las tarifas son más caprichosas. Si la recogida de pasajeros se lleva a cabo muy cerca de la Aduana, y en horas pico, los choferes no tienen inconveniente en exigir 400 mil bolívares, y quien no lo desea así debe ir al Terminal, para lo cual hay que desembolsillar, si es que hay movilización, veinte mil bolívares, y así cancelar lo mismo que de venida.

A otras poblaciones del Táchira el servicio se mantiene con relativa “normalidad”, un término exótico en nuestros días, pero no pocas busetas han desertado. Eso se evidente en la ruta hacia Michelena: las colas de espera duran más de una hora. Los pasajes para La Grita están en 600 mil bolívares; para El Vigía 650 mil bolívares y para El Piñal 200 mil bolívares, valores referenciales para el resto de destinos y todos cancelables en efectivo.

Salir del estado un suplicio

Disponer de efectivo, de paciencia en la espera y en la eventualidad son algunos de los ingredientes que se necesitan para ir a otras ciudades del país. Prácticamente durante todo el día se puede conseguir pasajes para destinos más cercanos, aunque hay una ostensible variabilidad de precios. En la mañana del jueves para Maracaibo se estaba llegando a cobrar seis millones de los cuales un millón se pagaba por transferencia; mientras que para Caracas cuatro millones, tres de los cuales se pagaba por transferencia. Para Barinas, solo en efectivo, alrededor de un millón quinientos; y para Guasdualito, novecientos mil.