martes 17 mayo, 2022
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Sigue la emergencia habitacional en barrios San Cristóbal y Paradero

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Los habitantes de los barrios San Cristóbal y El Paradero siguen soñando con que, de una vez por todas, alguien tome cartas en el asunto del gran problema habitacional que los embarga, con viviendas prácticamente colapsadas, debido en gran parte, a problemas con el embaulamiento y cloacas.


Freddy Omar Durán


Los vecinos de las comunidades de los barrios San Cristóbal y El Paradero aspiran a que un día acabe el largo periodo de olvido a que han sido sometidos.

Pasar por sus calles deterioradas y ver las fachadas de muchas de sus viviendas cuarteadas hablan de una desasistencia social, que muchos esperan que en cada nueva administración regional y municipal se compense.

Pero no ha sido así…

Asentadas en empinados terrenos movedizos, debilitados aún más por embaulamientos fallidos, cloacas bajo tierra con tuberías quebradas y varias nacientes, muchas viviendas no han sido abandonadas porque, sencillamente, “no hay más para dónde ir”.

Los vecinos se arriesgan todos los días, ante una posible tragedia.
(Foto/Tulia Buriticá)

Y con la intermitencia del agua y la luz, además del gas que tarda en llegar, las angustias, que de por sí implican no tener ya más un techo bajo el cual resguardarse, se intensifican.

De las alrededor de 255 viviendas del barrio San Cristóbal, al menos 40 ya han sido desalojadas o están a punto de ello. Los que logran ciertos recursos pueden optar por refacciones de cementos y arena –siempre provisionales si los problemas de terreno de fondo no se atienden-, mientras otros optan por el zinc y la tela, en cualquier lugar, sea techo o pared, donde la luz del sol y la lluvia entren.

Otras más están afectadas en El Paradero, donde ya se cansaron de tantas fotos y censos que no llevan a ninguna parte.

Ese es el caso de Ramón Hernández, cuya casa construida a un nivel más abajo de la calle 8 en esquina con vereda 8 de El Paradero, resulta emblemática del problema habitacional en general: la pared perimetral de su vivienda la ha inclinado ostensiblemente un terreno en bajada, y sus habitaciones poco a poco se han ido clausurando y, de seguir así, solo le quedará habitar en la sala, junto a su hermano.

“Mi casa está partida por todos lados; esa pared que da a un cuarto se cayó por completo, las demás van por lo mismo y nos tocó taparla con láminas y más nada, dejarlas quietecitas, y mudar los corotos a otra parte. No hay casa por aquí en buen estado. ¿A dónde me voy yo?, afirmó Hernández.

Los vecinos se arriesgan todos los días, ante una posible tragedia.
(Foto/Tulia Buriticá)

Las malas condiciones de gran parte de las viviendas de los mencionados sectores tienen su equivalente en escalinatas y vías, algunas picadas y mal rellenadas, en un intento casero de tapar botes en alcantarillas y acueductos.

—En medio de la carretera se reventó un tubo y ahí medio taparon con escombros. Y el agua baja por la vereda 8 con mucha violencia, sobre todo con las lluvias que no se desvían al encloacado, y todo inunda las casas, agregó Hernández.

Embaulamiento urgente

En el barrio San Cristóbal, la aspiración, como manifestaron representantes del consejo comunal, es que al menos, si la rehabilitación de las viviendas no se da, entonces haya alguna manera de detener o aplacar la raíz del mal, ubicada en el mal estado del sistema de cloacas.

—Un embaulamiento lo necesitamos urgente. En el pasado, cada cierto tiempo, se cambiaban los embaulamientos, eran trabajos que hacía la alcaldía, pero eso hace muchos años que no se ve por acá. Las aguas de lluvia y las nacientes terminan filtrándose y causando muchos daños, sostuvo Néstor Saavedra, residente de San Cristóbal.

Más triste aún es cuando las familias, además de una vivienda que ya no da más, deben enfrentar problemas de salud, sin haber los recursos económicos para cubrirlos, y de eso muchos han sido los casos.

—Ahí tenemos la situación de una mujer con cáncer de seno, que aguantó con sus hijos que la casa se le viniera encima prácticamente. ¿Y si no tienen para reparar su vivienda, cómo van a tener para una operación o un tratamiento? Al final tuvo que trasladarse a San Josecito. Cosas así se repiten a diario por estos lados; tragedias que cada familia conoce en su intimidad, y a veces entre los vecinos ayudamos con recolectas, agregó Saavedra.

Un representante del consejo comunal aseveró -en un tono de petición encarecida- que si bien la emergencia engloba a todo el barrio San Cristóbal, donde más crítico se presenta es en las veredas uno, tres y ocho.

El gas ha sido una eterna espera para los vecinos del barrio San Cristóbal, que la hace más cruel la falta de luz. (Foto/Tulia Buriticá)

CLAP y gas en eterna espera

Para muchas comunidades, ya el CLAP es un derecho adquirido para los más necesitados, y no simplemente una dadiva ocasional, para que llegue en fechas especiales o cercanas a eventos políticos. Y
Por eso, vecinos como Margarita Buitriago no dudan un momento en incluirlo en el memorial de precariedades sin resolver.

Y el gas, por supuesto…

—La bolsa del CLAP no llega, y de eso ya van más de cinco meses, cuando hubo una época en que la tenía uno cada 15 días o, máximo, un mes. ¿Y el gas? – A la señora Buitriago se le escapa una risa amarga- : Uno tiene que recomprarlo. La luz, como siempre, viene y se va, viene y se va. Acabé de poner el arroz a cocinar en una hornilla eléctrica y quedó a medias. En nuestro hogar viven seis personas, y cuando no hay electricidad en la mañana, lo que queda es esperar a que se aparezca, y los que tienen que salir a trabajar se irán sin comer o gastarán más plata en la calle de la que no tenemos. Es una violación constante de nuestros derechos como seres humanos—.

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