Regional
Viajar a La Grita se convirtió en un calvario por la vialidad
sábado 11 julio, 2026
Aproximadamente 85 kilómetros separan a San Cristóbal de La Grita, por la carretera Trasandina. El trayecto entrelaza paisajes montañosos, fauna silvestre, muchas flores, pero destaca una carretera en mal estado que pone en riesgo la vida de los transeúntes
Iniciar el viaje desde la avenida Carabobo, cruzar por la avenida Guayana hasta la Zona Industrial de Paramillo ofrece una sensación de buen estado en sus vías. Sin embargo, al dejar atrás Palo Gordo y adentrarse en el sector Arjona, por el municipio Cárdenas, la ruta muestra un indicio del panorama que se afrontará a lo largo del camino: Tramos repletos de cráteres, fallas de borde, arcilla o barro por muchos lados, y un descuido total.
Allí, las autoridades municipales y personal de Hidroven removieron escombros, retiraron los derrumbes, recogieron la basura y acondicionaron la calzada para permitir el ir y venir de los conductores. Prometen, cunetas y asfalto.
La Troncal 007, conocida como el tramo de la carretera Trasandina se extiende desde la zona de frontera con Colombia, hasta el estado Lara. Fue inaugurada en julio de 1925, construida durante el gobierno de Juan Vicente Gómez para integrar los Andes al resto del país.



Al recorrer Cordero, municipio Andrés Bello, en la región andina, se ve que han realizado varias reparaciones en la vía; hoy, el asfalto destaca por tener más de 70 baches de magnitudes considerables.
Un ejemplo de esto es la intersección vial principal conocida como “La Y”, justo debajo del cartel que indica las direcciones hacia Cordero y La Grita, hay un hueco que ocupa un carril completo, obligando a los conductores a maniobras peligrosas para esquivarlo.
A unos 20 minutos desde el cruce principal en sentido ascendente, se llega al chalet Los Picapiedras. Esta distancia de tal vez 9,6 kilómetros se encuentra en mejores condiciones y presenta menor presencia de imperfecciones. Al arribar a La Auyamala también se hace evidente una leve mejoría en el pavimento; esto se debe al mantenimiento que ejecutan los vecinos por voluntad propia.
Cultivos, neblina… y peligro en Mesa de Aura
Luego de conducir por más de una hora y recorrer cerca de 34 kilómetros, detenerse en Mesa de Aura es algo obligatorio. Este productivo caserío ubicado en el municipio José María Vargas del estado Táchira, a unos 2.380 m.s.n.m; es un rincón andino famoso por su clima, su neblina y sus coloridos sembradíos de flores y hortalizas que se camuflan en las montañas.
Más allá de la vista amena, el usuario que transita por sus calles está inmerso en un riesgo constante. El paso posee aproximadamente 20 hoyos grandes, socavamientos y muchas curvas pronunciadas.
Introducirse en el Páramo El Zumbador implica dejar atrás la parte alta de Mesa de Aura para continuar hacia El Cobre, y es aquí donde comienza el verdadero martirio. A pesar de su ubicación a 2.600 metros sobre el nivel del mar, los hundimientos y más de 40 averías en el suelo se intensifican.
Los choferes que transitan a diario movilizando mercancía o pasajeros expresan su agotamiento y reclaman la recuperación inmediata ante una situación que califican de insostenible porque deben reducir la velocidad bruscamente, manejar con precaución y retrasar su tiempo de llegada.
El Cobre: Verdadero reto en el camino
En el pintoresco paraje conocido como Los Mirtos, situado entre el Páramo El Zumbador y el pueblo de El Cobre, existen tramos estables donde circulan muchas gandolas, camiones y algunas unidades de transporte público. Aun así, en una extensión de apenas 6 km se contabilizan 90 alteraciones en la capa asfáltica.
Ante esta realidad, la mayoría de los conductores deben tomar una decisión: Evadir los desperfectos o dañar el sistema de amortiguadores de sus vehículos. Los habitantes afirman con indignación que desde hace 25 años no se realiza un arreglo integral, y lo poco que se ha aliviado es por el esfuerzo que hacen algunos ciudadanos particulares quienes buscan mitigar el colapso.
Sentir que la ruta está por terminar, daría una sensación de respiro para los pasajeros. Aunque lo peor aguarda justamente a la salida del pueblo andino. Específicamente en el sector El Playón, la gravedad se acentúa, convirtiéndose en uno de los puntos críticos en todo el viaje. Se podría hablar de un ramal mayor a 30 metros a lo largo en donde no hay nada de asfalto, solo suelo inestable donde prevalecen arena, arcilla y varias zanjas.
El municipio Jáuregui como un alivio final
Tras superar el histórico puente de Angostura, el paso ofrece una evidente mejoría. El último tramo del recorrido se completa de manera más fluida, y tras avanzar durante 50 minutos es posible llegar finalmente a La Grita. No obstante, la prudencia debe seguir presente en esta distancia de 35 km, pues aún se contabilizan 70 hundimientos en la superficie.
La Grita, capital del municipio Jáuregui, es un puente financiero, agrícola y religioso para el estado Táchira. Ubicada a unos 85 km de San Cristóbal, “la Atenas del Táchira” es conocida por albergar el santuario del Santo Cristo de La Grita. Año tras año recibe a miles de feligreses, quienes obligatoriamente deben someterse a esta travesía en cada viaje arriesgando su vida para mantener la fe en la zona montañosa.
Al finalizar la estadía por La Grita, viene el retorno. Al caer la tarde la oscuridad obliga a los conductores a estar muy alertas por los daños en la vialidad. Las autoridades son los responsables en el mantenimiento de la carretera y es el clamor de vecinos, visitantes, comerciantes y todos quienes se mueven por estos parajes naturales. (Oriana Vergara/Pasante ULA Mérida)












