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Inicio/Regional/Vigilantes privados: Superhéroes que no se dan bomba

Regional
Vigilantes privados: Superhéroes que no se dan bomba

miércoles 17 junio, 2026

Vigilantes privados: Superhéroes que no se dan bomba

Actualmente en Venezuela, muchos estudiantes, profesionales y de otros oficios trabajan como vigilantes, olvidando, ante el desempleo y la necesidad, que gran parte de su vida han vivido sentados en oficinas y/o de pie bailando; recorriendo un centro comercial, no para pasear, sino para monitorear que todo esté en su “santo lugar”

“Líder 1, agradecido por el 55”, expresa con camaradería, por el radio portátil, un oficial de seguridad en algún centro comercial de Venezuela.

En el sistema universal de códigos utilizado por los vigilantes, el cinco cinco solicita el permiso para ir al baño. Justo para descansar las piernas y para las necesidades fisiológicas, pues un vigilante permanece de pie entre ocho y doce horas.

Jornadas de diez, doce y veinticuatro horas con sus respectivos descansos para las comidas y espacios para reposar y dormitar, componen este trabajo asumido hoy día en Venezuela por hombres y mujeres que en algún momento ejercieron como guardias nacionales y policías.

También una cantidad importante de civiles -estudiantes, profesionales y de otros oficios- de distintas edades ocupan este rubro, olvidando, ante el desempleo y la necesidad que gran parte de su vida la han vivido sentados en oficinas, en trabajo de calle, en diversas profesiones y/o oficios. Recorriendo un centro comercial, no para pasear, sino para monitorear que todo esté en su “santo lugar”.

Al menos unos treinta códigos -de 99- son los más mencionados durante las guardias por estos hombres y mujeres que llevan botas tácticas y de seguridad industrial, que pesan, por par, entre 1.5 kilos a 2.5 kilos y visten uniformes color azul marino, gris, beige y blanco, o de otros tonos que identifique a la empresa para la que se trabaja, quienes sin ser ángeles orientan y atienden las distintas solicitudes de los visitantes.

— Para que tenga en cuenta que un 06 (visitante) entró al área de comida con un 41 (perro)– reporta el agente al líder.

— 18 (copiado). Continúe con su 36 (recorrido)– responde amable, mientras se dirige hasta el lugar y el canino es direccionado al sitio destinado para los animales dentro del Moll, y así todo queda en “santa paz”.

Este idioma numérico forma parte del lenguaje cotidiano entre los superiores y subalternos de la seguridad en los centros comerciales en el país.

Son señores, señoras, muchachos y muchachas, a kilómetros de ser postes parados en un rincón, y es probable que muchos de ellos tengan problemas de várices y/o circulatorios, por lo que deben contar con servicios de masajes y terapias corporales que compensen el esfuerzo que hacen al mantener el orden y de resguardar a otros.

Son los vigilantes venezolanos, gente “echada palante” a los que decenas de empresas privadas continúan contratando para generar empleos dignos que cumplan sin ningún drama con las prestaciones de ley y beneficios sociales. Hoy día ganan entre 150 y 300 dólares mensuales. (María Teresa Canelones Fernández)

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