lunes 27 junio, 2022
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Abuso sexual contra niños y niñas incrementó durante la pandemia 

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El abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes representa una práctica degradante que afecta principalmente a las edades más vulnerables, señaló el doctor Huníades Urbina, médico pediatra intensivista y secretario de la Academia Nacional de Medicina.

Urbina detalló que, a pesar de que ninguna persona está a salvo de sufrir este tipo de abusos, son más recurrentes en los grupos etarios más vulnerables. «Ocurren con frecuencia en tempranas edades, cuando las víctimas no tienen las facultades para discernir lo que les están haciendo. No distinguen entre lo bueno y lo malo».

Por su parte, el director del Centro Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap), Oscar Misle, informó que los casos de violencia sexual entre los niños, niñas y adolescentes venezolanos han aumentado considerablemente.

Este incremento se acentuó, especialmente, en la época de cuarentena por el COVID-19, dijo en entrevista para El Estímulo.

Mientras que el periodista especializado en criminalística, Javier Ignacio Mayorca, coincidió en que durante el aislamiento por cuarentena, “hubo una alteración en la motivación de las agresiones. Esto debido a que la gente pasó mucho más tiempo en el ámbito doméstico”.

Asimismo, afirmó que la frecuencia con que este tipo de violencia aparece publicada en los medios de comunicación, se debe a que las autoridades “les dan mayor visibilidad”.

Al respecto, la abogada e investigadora del Centro de Investigaciones Jurídicas de la UCAB, María Gabriela Cuevas, precisó en una entrevista anterior para el Diario 2001, que la mayoría de los casos de abuso sexual contra los niños y niñas ocurren en el ambiente familiar.

En este sentido, Cecodap puntualizó que al menos, 80% de los casos son cometidos por personas conocidas, familiares o allegados.

Ante estos datos, Urbina detalló que, en su mayoría, los victimarios «son hombres con edades mucho más avanzadas que las de sus víctimas».

Daños físicos y psicológicos

La violencia sexual contra los niños y niñas puede causar severos daños, bien sean físicos o emocionales. Estos pueden repercutir en el desarrollo de sus vidas.

Urbina, quien fue miembro de la Oficina de Denuncias de niños y niñas maltratados del hospital J.M. De los Ríos, describió que «el daño psicológico está implicito, bien sea de palabra o de hecho».

Explicó que «es una cicatriz que queda en la psiquis del infante, sobre todo en las etapas más tempranas, cuando se forma su personalidad». Señaló que las víctimas pueden quedar marcadas de por vida, si no reciben la ayuda adecuada.

Además, los daños físicos que presentan los infantes en muchos casos de abuso sexual «son terribles», señaló el pediatra.

Describió que «hemos visto en los hospitales situaciones en que les han dañado su anatomía al introducir objetos en sus partes íntimas. Incluso con el órgano sexual del agresor causan heridas severas. Los cuerpos de los niños no están preparados para actos de esta naturaleza», puntualizó.

En el momento en que agreden sexualmente a un niño, los victimarios suelen amenazarlos. Algunos «dicen que le harán daño a familiares, o que les harán cosas peores a ellos mismos». Ante esta situación, los afectados se resguardan en el silencio.

Señales visibles

Tras sufrir un abuso sexual, los infantes victimizados suelen reprimirse o aislarse en ciertos aspectos de sus vidas. «Se silencian ante las amenazas, pero dejan señales claras de que algo está pasando», aclara Urbina.

En este sentido, la doctora Chirina León, Directora de Asesores de Desarrollo Integral, explicó que, en general, cuando existen problemas emocionales de cualquier índole, se observan cambios de conducta.

Cuando hay abuso sexual, frecuentemente en el contexto inmedito (familiares, vecinos, allegados), «observamos una conducta poco común ante determinadas personas. Pueden ser evitativas y de rechazo, pero sin expresar lo que realmente pasa».

Según sea su temperamento, el niño o niña reaccionará de distinta forma. «Puede ser hacia adentro, con timidez, se encierra, se come las uñas», entre otros comportamientos que no eran frecuentes.

De igual manera, la especialista en psicología del desarrollo humano y escolar describe que la víctima puede reaccionar «hacia afuera. Le dan rabietas o responde agresivo».

«Por la connotación de violación de su intimidad y por figuras que deberían ser protectoras, lo más frecuente en abuso es una reacción hacia adentro» dijo.

En estos casos, el infante afectado «sufre y no puede decirlo, pero tampoco tiene las herramientas para enfrentarlo. De allí parte la importancia del acompañamiento y una supervisión efectiva del adulto más cercano. Pues cada niño avanza a su ritmo y con su estilo, y confronta problemas de abuso u otros igualmente graves», alertó.

Como consecuencia, pueden llegar a sufrir de una ansiedad excesiva, inseguridad ante el entorno y «sientan las bases para disfunciones sexuales futuras, lo cual atenta contra la plenitud de su adultez».

Deben hacerse más visibles

A pesar de la difusión a través de los medios, León aseguró que los casos de violencia sexual contra los niños y niñas no son «tan visibles como debería ser».

Consideró que es necesaria una «mayor promoción y formación de los adultos como mediadores efectivos de desarrollo». Además se les debe instruir en cuanto a la adquisición de competencias, no solo cognitivo-académicos, sino socioafectivas. Debido a que el cuidado y la protección de su cuerpo y de su persona está incluido en los currículos desde educación inicial, aunque se ignore».

Explicó que el proceso de aprendizaje «ha de acompañarse por adultos significativos durante los periodos adquisitivos (niñez y adolescencia)».

Ante la inexistencia de cifras oficiales referentes al abuso sexual de menores, la psicóloga llamó a las autoridades a «visibilizar los indicadores de calidad de gestión».

Manifestó que, actualmente, «el resultado es de ineficiencia. Aunque los logros varían por el grado de compromiso que alcanzan líderes clave de cada comunidad.

A su juicio «hay una estructura legal y esfuerzos. Pero es necesario mayor apoyo para incorporar el profesionalismo interdisciplinario».

Con información de 2001

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