Reportajes y Especiales
Amor de madre y el milagro de la fe
domingo 10 mayo, 2026
El resultado favorable de una circunstancia adversa en la vida de Xiomara Pérez Gamboa, la hizo dedicar gran parte de su tiempo a devolver bien por bien
Norma Pérez
Cuando la hija menor de Xiomara Pérez Gamboa tenía 18 años, padeció el síndrome de Guillain-Barré. La atacó tan fuerte, que perdió la movilidad, debía usar silla de ruedas y apenas podía beber unos sorbos de agua. El diagnóstico no era favorable. Pero llegó el milagro.
“Fue una situación muy difícil, pero hizo aumentar mi fe, porque la oración, la entrega a Dios y a la Virgen de Guadalupe, permitió que mi hija pudiese volver a comer, saliera del hospital del Seguro Social caminando, y que después de un año de cuidados, recuperara su salud. En ese tiempo, la cuidamos con mucha dedicación. Recibió medicinas y terapias, pero también el amor de familia y de Dios”.
Su voz se quiebra con el recuerdo, pero se recupera pronto. Con la mirada empañada, vuelve a sonreír por lo que considera un milagro que agradece a diario.
Desde ese momento, catorce años atrás, se vinculó a la iglesia, aun cuando creció en un hogar sustentado por una profunda devoción religiosa y siempre siguió los preceptos que le enseñaron sus padres.
Sus comienzos fueron en la Legión de María. “Allí apoyamos a las personas en situaciones complejas por medio de la oración. Como legionarios no hacemos una obra económica, que debe ser personal. Bajo el manto de nuestra madre María la realizamos de manera espiritual”.
Después pasó a ser catequista y actualmente es Secretaria de Pastoral de la iglesia Santa Bárbara de Rubio y presidente de la Cofradía del Santísimo. “Estas son actividades, que siento son una muestra de agradecimiento a ese primer momento que me llevó a unirme mucho más a la iglesia”.
Esta rubiense es licenciada en Administración y Contaduría, profesora en Educación Comercial, Pedagogo y magíster en Gerencia Educativa. Tiene tres hijos: Juan Pablo, Carla Isabel y María José, su hija menor que se encuentra en Chile. Es viuda desde hace 12 años. Trabaja en una oficina contable, en un establecimiento comercial y se dedica a las actividades de la iglesia.

Para cumplir con tantos compromisos laborales, religiosos y familiares tiene un lema “El tiempo me lo regala Dios”. Primero he puesto las cosas de Dios y después las cosas del mundo. En el mundo tengo mi familia, mi trabajo pero es él quien me regala el tiempo y siento que así puedo tener más paz en mi corazón y en mi entorno”.
Ayuda espiritual
“En la parte emocional hemos orado por personas deprimidas y visto su cambio. Por eso es importante acercarnos a la iglesia y conocer nuestra relación con Dios, porque cuando empezamos a ser parte activa, podemos darnos cuenta de los cambios de actitud personal y espiritual”.
Se siente orgullosa que sus hijos también estén dentro de la iglesia. María José fue parte de apostolados y ahora sigue muy unida a su formación, con sacerdotes dominicos en Chile. “Es muy bonito ver que los tres adoptaron las enseñanzas y siempre están sirviendo”.
Sus nietos siguen el ejemplo y los mismos pasos. Carlos Javier, de 20 años, estudiante de la Upel y monaguillo desde niño. Pertenece al grupo juvenil dominicano. De él dice que ha llevado una vida normal porque está en el mundo, pero apegada a Dios por su compromiso y servicio. María Camila, pertenece al grupo juvenil dominicano y al coro de la iglesia, y la más pequeña, forma parte de la infancia misionera en el estado Mérida.
Considera que las madres son un pilar fundamental en el hogar y en el seno familiar, sin restar importancia al rol que cumple los padres y abuelos.
Para corroborar sus palabras, trae a su memoria, la época cuando ejerció la docencia en Lobatera durante una década, y debía viajar a diario desde Rubio.
“Nunca fue un problema pues contaba con mis padres para estar pendientes de mis hijos. Es fundamental tener un buen equipo de trabajo en todos los ámbitos. Siempre hay alguien solidario a nuestro lado”.
Gratitud infinita
Como catequista y legionaria, piensa que uno de los aspectos a enfrentar es la existencia de mucha apatía espiritual, aun cuando el único que puederegalar la fuerza, el amor. “La respuesta a estos grandes problemas de la situación país, como es que se vayan los hijos, está en Dios, siempre dispuesto a ayudar, porque con la fuerza humana no podemos”.
Agradece al Creador y a la Virgen, por su salud, energía, conocimiento y alegría. Talentos que dedica a su labor de formación en la iglesia y que aprovecha de tal manera que pueda ser una servidora al prójimo.
Su consejo para todas las madres: orar por los hijos y a pesar de la adversidad, la tristeza o el dolor, siempre tener la fe intacta.
“Así estén lejos físicamente, el Señor nos fortalece para sentir que en el amor de madre, de hijo y del corazón, estamos muy unidos.
Xiomara Isabel Pérez Gamboa es testimonio vivo de aquel acontecimiento que le devolvió la tranquilidad.
El milagro de la fe.
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