Reportajes y Especiales

Ana Adelina cumple casi un siglo de vida y devoción

14 de agosto de 2021

905 vistas

Bleima Márquez / @bleimamr

En un rincón del Táchira vive Ana Adelina Gallo de Sánchez, una dulce abuela que este domingo, 15 de agosto, cumple 99 años, casi un siglo de existencia y de devoción a la patrona del Táchira, la Virgen de la Consolación de Táriba.

Ana  Adelina Gallo de Sánchez llegó a este mundo en el año 1922. Nació en Gramalote, un municipio colombiano del departamento Norte de Santander. Sus primeros años de vida transcurrieron en el país neogranadino, pero al llegar la adolescencia su padre falleció, y poco años después su mamá también cambió de paisaje.

Al verse solitaria, sin la protección de sus progenitores, decidió cruzar la frontera y buscar un mejor destino en Venezuela. Llegó al Táchira, donde se radicó y formó su familia. Tuvo cinco hijos, dos -varones- fallecieron a muy corta edad, pero la vida continuaba y tenía que luchar por sus tres hijas: Eneida, Elvira y Lucrecia. Todas viven y confiesan el orgullo que sienten por su madre. Hoy su familia ha crecido: tiene 14 nietos, 35 bisnietos y 4 tataranietos.

Ana Adelina habita actualmente en el barrio Lourdes de San Cristóbal. Su vivienda es una modesta casa, pero está cargada de armonía y mucho amor, porque allí la unión familiar es la prioridad. Hoy esta alegre y cariñosa abuela nos cuenta extractos de su vida y, sobre todo, de la devoción que profesa por la Virgen de la Consolación de Táriba, festividad que celebra cada año, el mismo día de su cumpleaños.

 “Me siento feliz” 

Ana se siente tachirense de corazón y, además, por tener toda una vida en Venezuela, fue naturalizada. Todos sus hijos nacieron y crecieron en estas tierras andinas. “Aquí nacieron mis hijos y también mi devoción por la Virgen de la Consolación”, dijo con una dulce mirada y una tierna sonrisa. Luego entonó una canción, como muestra de alegría.

Hizo una pausa y recordó cuando llevaba a sus hijos a la peregrinación para celebrar la festividad y agradecer a la Virgen por las bendiciones recibidas.  A medida que iba creciendo la familia, su compañía para sus caminatas eran sus nietos y, luego, sus primeros bisnietos. La intención era inculcar el amor y la devoción por la madre de Jesucristo, bajo la advocación de la Virgen de la Consolación de Táriba.

“Toda la vida mi mamá ha sido devota. Desde pequeñita nos llevaba caminando, de ida y vuelta.  Ella es muy devota de la Virgen de Táriba, también del doctor José Gregorio Hernández”, comentó Lucrecia.

 “El día de la Virgen es siempre”

Para Ana Adelina, todos los días son de la Virgen y por eso la visitaba con frecuencia durante los doce meses del año. No era necesario que llegara el 15 de agosto, aunque ese día, la fecha de su cumpleaños, no dejaba de acudir. “Con hijos o sin hijos, con nietos o sin ellos. Ella no dejaba de asistir y de participar en la caminata, desde San Cristóbal hasta la Basílica de la Consolación. Han sido más de 70 años profesando su fervor”, dijo Lucrecia con una sonrisa dibujada en su rostro.

La serenata de la Virgen de Táriba es otra de las actividades conmemorativas que le encantan y es que para Ana Adelina la música es el lenguaje del alma y del espíritu.  “Me gusta cantar, siempre canto y canto a la Virgen de la Consolación, porque yo en ella estoy, y con ella me voy”, afirmó Ana con voz firme y convicción.

Domingo de rumba

Ana Adelina acostumbraba ir, la mañana de cada domingo, al mercado de La Guayana, y luego, en la tarde, visitaba a la Virgen de Táriba. Era una especie de rutina, interrumpida pocas veces.  “Muy temprano en la mañana mi mamá decía: hoy es domingo de rumba. Y es que para ella, ir al mercado de La Guayana y visitar después a la Virgen era toda una fiesta, lo disfrutaba plenamente”, expresó Lucrecia.

Una caída lo cambió todo

El 12 de agosto de 2009, cuando Ana Adelina tenía 87 años de edad, sufrió una fractura en una de sus piernas que ameritó intervención quirúrgica y desde ese momento la historia cambió para la cariñosa abuela.

La lesión fue producto de una caída en la plaza Juan Maldonado, por donde está la catedral de San Cristóbal. Ese año, la tradición de Ana y su familia, de acompañar la peregrinación de la patrona del Táchira, fue suspendida. El 17 de agosto, el traumatólogo Gerardo Ceballos le opera con éxito en el hospital del Seguro Social, en San Cristóbal.

Ana Adelina, sus hijas, nietos y bisnietos rogaron a la Virgen de la Consolación y al doctor José Gregorio Hernández para que saliera con bien del procedimiento quirúrgico, porque la edad no era favorable. Incluso volvió a caminar, a pesar de las complicaciones.

“Luego de la operación la llevamos a la basílica y entró con su andadera y nosotros, sus hijas, arrodilladas, llegamos hasta el altar de la Virgen, como una expresión de agradecimiento”, recordó Lucrecia.

Desde ese momento cambió la rutina, pero no la tradición y manifestaciones de fe. Ahora son sus nietos quienes la llevan a la peregrinación de la Virgen, pero la llegada de la pandemia ha impedido que la trasladen a la Basílica; sin embargo, a través de la radio ha podido seguir las actividades en su honor.

Elvira dijo que su madre ha sido “tremenda”. Recordó un susto que pasaron cuando la simpática abuela tenía 90 años, dos años después de su accidente. “Ella se escapó, no dijo nada.  Se nos perdió en la tarde, no la encontrábamos. Resultó que se había ido a la serenata de la Virgen”, evocó Elvira.

“Mi mamá es una guerrera”

Lucrecia dijo que toda la familia se siente orgullosa porque su madre fue y sigue siendo una gran guerrera, a pesar de su condición. Trabajó en casas de familia, de personalidades del estado, y siempre se ganó el aprecio de sus patrones. Su empeño por el trabajo y honradez fueron sus principales características.

Asimismo, preparaba platos de comida para fiestas y eventos especiales. Además, hacía hallacas y morcillas para venderlas en el barrio. “Las hallacas de mamá eran las mejores de todas. Ahora mi hermana prepara las hallacas y morcillas. Ella heredó su sazón”, agregó Lucrecia.

Sus hijas relataron que Ana Adelina también lavó ropa ajena y de los suyos, en la quebrada que pasa cerca de su casa; incluso los pesados uniformes del personal del cuartel Simón Bolívar.

“Mamita nos sacó a todos adelante, con pobreza, pero inculcándonos valores y el respeto, pero también con mucho amor. Ella nos inculcó la devoción por la Virgen de la Consolación y ahora todos somos creyentes”.

¡Quieres recibir el periódico en la puerta de tu negocio!

1 Mes

  • 3 Ejemplares semanales
  • Entrega gratis (Delivery)
  • Aviso impreso 2×5
  • Descuento del 5% en publicidad Digital
  • Osequio de Instagram
    1 Post 1 historia

Mensual
54.000 Cop

Pago único

Suscribirse

3 meses

  • 3 Ejemplares semanales
  • Entrega gratis (Delivery)
  • Aviso impreso 2×5
  • Descuento del 10% en publicidad Digital
  • Osequio de Instagram
    1 Post + 1 historia
  • Descuento del 5%

Mensual
51.300 Cop

Pago único

Suscribirse

6 meses

  • 3 Ejemplares semanales
  • Entrega gratis (Delivery)
  • Aviso impreso 2×5
  • Descuento del 20% en publicidad Digital
  • Osequio de Instagram
    2 Post + 1 historia
  • Descuento del 5%

Mensual
48.600 Cop

Pago único

Suscribirse