miércoles 16 junio, 2021
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Apostolado de cuidar y formar

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Es autora del Manual de normas y procedimientos administrativos del departamento de Enfermería, aprobado por el departamento de Control y Gestión de la Corporación de Salud del estado Táchira


 Norma Pérez

Con 19 años de edad, Deyanira Rosales comenzó a ejercer la profesión para la que está convencida que nació. Su disposición de ayudar a los demás prevalece en ella, y en la enfermería encontró el lugar adecuado para cumplir con este propósito.

A la fecha, acumula 41 años de trabajo ininterrumpido, el cual supo combinar con otro aspecto de su carrera que le apasiona, enseñar; por eso se dedica a transmitir sus conocimientos para formar una generación de relevo con ética y responsabilidad.

“Me gusta ayudar y que las personas aprendan, Para ello, brindo mi preparación y experiencia, con el fin de formar al personal que nos va a sustituir, el cual debe conocer el importante rol que desempeña en la sociedad”.

Vocación a toda prueba

El liceo “Pedro María Morantes” le otorgó el título de enfermera 1 en 1980 a esta sancristobalense, quien posteriormente egresó como licenciada de la Universidad de los Andes.

Desde el momento en que se graduó empezó a trabajar y al año siguiente se incorporó al Hospital “Samuel Darío Maldonado”, de San Antonio del Táchira; viajaba todos los días desde San Cristóbal y así lo hizo hasta que se mudó con su esposo a Rubio. Acortó un poco la distancia.

En el centro asistencial de San Antonio, Deyanira Rosales de Pelayo cumplió 32 años de servicio y ocupó los cargos de coordinadora del área preventiva, enfermera jefa y enfermera docente.

“Durante más de treinta años ejercí como enfermera asistencial, con ética, vocación y mística. No había muchos días libres, pero después mejoró nuestra situación laboral. En estos momentos cumplo funciones de lunes a viernes; estoy en este proceso con muchos años de servicio y aún no me quiero retirar, a pesar de las adversidades, porque amo mi profesión”.

Desde hace nueve años se encuentra en el Hospital Pbro. “Justo Pastor Arias”, de Rubio, donde imparte educación continua al personal de enfermería adscrito al Distrito Sanitario Nro. 2. Entre sus especialidades figuran la de enfermera materno-infantil, comunitaria, en obstetricia y parto humanizado, psiquiátrica, quirúrgica, además de un diplomado en Psicología y otro en Inducción Docente.

“Soy promotora de la capacitación de camareras y camilleros, talleres de enfermería en perioperatorio, pautas para la atención de emergencias obstétricas, facilitadora docente en la preparación de agentes comunitarios en atención primaria en salud, enfermería comunitaria, atención integral en obstetricia y parto humanizado”.

Es autora del Manual de normas y procedimientos administrativos del departamento de Enfermería, aprobado por el departamento de Control y Gestión de la Corporación de Salud del estado Táchira; y del trabajo de investigación titulado “Conocimiento del personal de enfermería del Hospital “Samuel Darío Maldonado”, en el área de Emergencia, en relación a las implicaciones legales”.

“Preparo a través de los cursos a enfermeras especialistas, comunitarias, paramédicos, personal de esterilización de equipos médicos. Corposalud emite los contenidos programáticos y yo los desarrollo”.

Al inicio de la pandemia, debieron suspender los cursos y talleres para evitar aglomeraciones y preservar la salud de las personas. Al disminuir los casos en el municipio Junín se reanudaron con pequeños grupos, bajo estrictas medidas de bioseguridad.

Durante su trayectoria profesional, ha cosechado innumerables reconocimientos que avalan su dedicación y vocación en esta importante labor en beneficio del colectivo.

Sensibilidad y empatía

Deyanira Rosales de Pelayo es madre de dos hijos y tiene dos nietos. Su esposo falleció hace veinte años. Por lo exigente de su trabajo, debió organizarse para cumplir con la atención de su hogar y su familia; pero dice que les dedicó el tiempo necesario y nunca los descuidó.

“Siempre traté de ser buena enfermeram en atención al necesitado; mi corazón está ganado a esta profesión; enseñar es otra manera de contribuir con la sociedad; y todavía no me quiero ir”.

Con respecto a la situación laboral por la que atraviesan los profesionales de la Enfermería, manifestó que admira a todos aquellos que acuden diariamente a cumplir con su trabajo: “realmente, el salario es ínfimo y no cubre ni los mínimos requerimientos. Quienes estamos aquí, lo hacemos por vocación de servicio, porque también hay que luchar contra la falta de transporte, los bajos sueldos, y una pandemia que ha diezmado al personal y pone en riesgo su vida”.

Destaca la labor de la directora del Hospital Pbro. “Justo Pastor Arias”, Ana María Briceño; de la enfermera jefa, Nancy Gutiérrez, y la jefa del departamento de Enfermería, Deisy Mora. “También de todas las colegas que durante décadas han ejercido esta profesión y a pesar de las circunstancias continúan aquí”.

A pesar de algunos quebrantos de salud, prosigue en esta tarea, tan importante para ella como respirar. Su aspiración es celebrar el medio siglo activa y en pie de lucha. “Tengo muchas ganas de trabajar y eso me da ánimo, porque hago lo que amo. Para eso cuento con el apoyo de mis hijos, que me trasladan hasta el hospital. Nací con este amor por cooperar con el prójimo. Esto ha sido una parte fundamental a la que le he dedicado la mayor parte de mi vida y lo que me anima a seguir, a levantarme para ayudar”.

Su mensaje a las nuevas generaciones: “Realicen su trabajo con mística, vocación de servicio, empatía, tengan sensibilidad con el dolor humano, porque la esencia de esta profesión es el cuidado que prestamos a los pacientes que lo necesitan”.

Tiene la firme convicción que deben ponerse en el lugar de los enfermos: “cuando damos los cuidados, debemos pensar en nuestros padres, hijos, nietos, en los pacientes, como si fueran nuestra propia familia, porque ellos nos necesitan y llegan en busca de una atención óptima y no podemos ser insensibles ante estas personas”.

Son cuarenta y un años de lucha interminable contra los padecimientos de tantos seres humanos. Ese ha sido el apostolado de Deyanira Rosales: prodigar cuidados y transmitir, no solo conocimientos, sino despertar en sus pupilos sensibilidad y empatía. El gesto amable y la palabra de consuelo en medio del sufrimiento.

 

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