domingo 26 junio, 2022
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Contacto en San Cristóbal

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“Le pedí tiempo al tiempo, y el tiempo, tiempo me dio”.

-Rómulo Gallegos

Aquella mañana lluviosa del 26 de agosto de 1970, ya nos encontrábamos comprando el Diario de La Nación en un kiosco de la plaza Bolívar, resistiendo el frío y preguntando la dirección del hotel El Cid, en donde nos íbamos a encontrar con el editor en jefe de esta empresa para abrir, a poco de un año y meses de su aparición, la nueva jefatura de Redacción del periódico, que costaba para entonces 0.25 céntimos.

En la edición adquirida ya nadie hablaba de la Feria de San Sebastián, mientras era invitado por el señor Rafael Cortés a su vehículo, un Javelin, color mostaza, donde se encontraba su buen amigo, Jesús Estrada, con quien iniciamos una salida por la redoma de entonces de la avenida 19 de Abril, rumbo al Chorro El Indio, en Loma de Pío.

—-Necesito un jefe de Redacción para el diario, que vigile de cerca las noticias a publicar y maneje a los reporteros en la cobertura de sus fuentes — me dijo.

Luego de leer un miniinforme que había redactado en el hotel, se concretó el contrato, a prueba por un mes, no para dirigir el matutino, sino para conducir la redacción del mismo, que es lo que me propuse llevar a cabo desde el primero de septiembre del inicio de esa década, lo que creemos cumplimos con la tarea, hasta el siete de julio de 1976.

Por la tarde de ese mismo día, su mano derecha en la empresa, Jaime Botero, me paseó por las dependencias del entonces llamado edificio Zetor, en La Concordia, y tras asumir la jefatura me encontré con un equipo de trabajo con el que pude contar ampliamente y sacar de sus cabezas el peyorativo “periodismo de provincia”, para confeccionar un medio acorde con los objetivos señalados por el editor, que este 19 de mayo estaría cumpliendo los 100 años de su nacimiento en Rubio, ciudad a la que, como a todo el estado Táchira, amó durante su vida, extinguida el último día del mes de diciembre de 1999.

—Yo quiero que me confeccione un diario destinado a la población más humilde, que revele las necesidades de los barrios, como la Cuesta del Trapiche, 23 de Enero o el 8 de Diciembre, que tanto necesitan de un vocero que los defienda— me encargó.

—Y lo más importante, añadió el hombre que tenía para entonces 48 años, que circule, que aumente su venta e influya en sus zonas de distribución, como lo es, después del Táchira, Mérida, Barinas, Trujillo, Apure, zona sur del Lago de Maracaibo, zona Panamericana, y hasta Cúcuta.

Para entonces, nos encontramos en la redacción con trabajadores de la pluma llenos de entusiasmo y de fervor por el ejercicio de su profesión, como: Ramsés Díaz León, José Vicente Nucete Peña, Marcelino Valero, Humberto Santander, Luis Borjas, Teresa Márquez Soto, el corresponsal en la Ciudad de los Caballeros, Hildebrando Méndez Arellano, y el corresponsal en Caracas, Eliseo Sánchez. Los fotógrafos eran Carlos Briceño, Carlos Lozano y Marcos Rodríguez.

Para el momento solo había algunas columnas periodísticas, como Mi Divisa, por Ramsés Díaz León; Mi Canal Indiscreto, que desde Caracas enviaba Omar G. Pérez; Ronda Sabatina, de Emilcen Guerrero; De todo un poco, de Margarita Díaz, y Mundo Chic, de Teresa Márquez Soto.

Las noticias más relevantes por esos días eran a nivel nacional, el inicio de ejecución de la Represa Uribante-Caparo por un costo de 650 millones de bolívares; internacional, el inesperado triunfo del socialista Salvador Allende en Chile, y aquí, la aparición nocturna de “La Llorona”, que mantenía la atención debido a la pluma de José Nucete, quien hizo lo propio tiempo más tarde con la famosa “Machaca en la ciudad”.

En esos seis años al frente de mis responsabilidades, nada se movía y nada se ejecutaba sin la aprobación del editor, quien apoyaba las buenas iniciativas, exigía el cumplimiento formal de nuestros deberes, e imprimía su recia personalidad con su diaria visita, de domingo a domingo, a esta sede de Editorial Torbes que se sumó al denominado Grupo Cortelar.

En ese sexenio que me produjo muchas satisfacciones, no había el “haz lo que quieras o ráscate como puedas”, pues cada una de nuestras actividades eran supervisadas, aprobadas o desechadas de acuerdo a la línea que imprimió desde su fundación el editor José Rafael Cortés Arvelo, quien a lo largo de su existencia contó con el soporte de sus directores: José Mardonio González, José Luis Gallardo, Francisco Guerrero Pulido, Germán Carías, Marcelino Valero, Ramsés Díaz León y Jesús Romero Anselmi, a quienes escoltaron sus jefes de Redacción, jefes de Información y reporteros, que bajo su conducción respondieron a la labor encomendada.

Como se sabe, el jefe de informaciones coordina el trabajo de calle de los periodistas; el jefe de redacción selecciona lo más necesario del trabajo, y el director dispone de lo que se va a publicar al día siguiente.

José Rafael Cortés nació hace cien años, dejando para la historia de la comunicación, en el Táchira, una trayectoria envidiable de ejemplo de ejercicio en el periodismo de hoy. Su trayectoria empresarial será recordada por siempre, y su vocación en defensa de los más necesitados lo dejó patentizado en su editorial La Columna del Editor, de muy grata recordación.

Glenda Maritza Angulo, elegida en 1985 como la primera Chica Flash de Diario La Nación. En la gráfica, su creador y autor de esta nota, y Nelson Augusto Buitrago, para entonces secretario de Gobierno del Táchira.

Concursos y campañas en Diario La Nación

Desde que salió a la palestra Diario La Nación, se impulsó una serie de actividades que iban en favor de los lectores que ofrecían su adhesión al periódico y que definitivamente marcaron el rumbo de las políticas noticiosas y de opinión de esta casa editorial.

Así, se destacaron los concursos Acierte y Gane con premios en metálico, al que siguió Identifíquese y Gane, de amplia aceptación, hasta la aparición del Fotograma Navideño en 1978, que copó la atención de nuestros miles de lectores que esperaban cada fin de año la publicación del crucigrama gigante con fabulosos premios ofrecidos por las casas anunciantes y Editorial Torbes, en un principio por el automóvil que entregaba como primer premio el matutino, luego por una moto y premios en efectivo.

Otro evento de gran proyección fue el sorteo para los lectores de un flamante apartamento como regalo de Navidad, ubicado en el bloque 9 del Centro Residencial Monterrey, que favoreció a la lectora María Velasco.

Mención especial significó la organización del concurso de belleza Chica Flash, cumplido el primero en el Hotel El Tamá, en donde fue coronada Glenda Maritza Angulo y que obtuvo como obsequio un flamante automóvil, y el segundo realizado en combinación con la Orquesta La Tremenda de José Silva en el Círculo Militar.

En cuanto a las campañas, se trabajaron páginas en defensa de las necesidades de los pobladores de los barrios más pobres de la ciudad, destacándose la publicada en 1973 en la denominada Edición Choque, que estremeció a la opinión pública y llamó a los entes oficiales a buscar las soluciones ante las deficiencias presentadas en el Hospital Central de San Cristóbal, trabajo periodístico realizado por el equipo de redacción impreso en un cuerpo de ocho páginas de la edición, que se repitió para enfocar otros problemas que lograron solución de parte de los entes oficiales.

Se mantuvieron suplementos especiales de cultura, de entretenimiento, de muñequitos, la revista dominical, el suplemento Pirulín para los niños, y una serie de trabajos especiales que siguen identificando a Diario La Nación en sus casi cincuenta y cuatro años de existencia.

Víctor Matos

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