sábado 2 julio, 2022
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De cumbre en cumbre: ¿De fracaso en fracaso?

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Desde el lunes 6, hasta el viernes 10 de junio, se celebrará en la ciudad de Los Ángeles la Cumbre de las Américas, que aspira a reunir a 35 mandatarios del continente y que esta vez han sido desestimadas las naciones de Nicaragua, Cuba y Venezuela por el anfitrión del encuentro, el presidente Joe Biden, de los Estados Unidos.

Recordemos de entrada que esta es la segunda vez en que se veta la presencia de nuestro país, pues la primera fue la realizada en abril de 2018 en Perú por instancia del llamado Grupo de Lima, bajo la presidencia de Martin Vizcarra.

Al expresidente Hugo Chávez se le atribuye la frase: “Los presidentes de ambas américas van de cumbre en cumbre y de fracaso en fracaso”, debido a los resultados de estos encuentros hemisféricos que, aunque ahora se numeran desde el convocado por Bill Clinton de los Estados Unidos en 1994, ya antes se habían efectuado, en 1956 en Panamá y en 1967 en Punta del Este, Uruguay.

El objetivo de estos foros es el de analizar y debatir sobre los problemas y desafíos que enfrenta el Continente Americano, así como el de afianzar la integración hemisférica y la responsabilidad nacional y colectiva, a fin de mejorar el bienestar económico y la seguridad de los ciudadanos de los países participantes.

El panorama cambió durante la Guerra Fría, desde 1994, con la Cumbre llevada a cabo por primera vez por Estados Unidos, en Miami, en donde el presidente Bill Clinton buscaba un acuerdo de libre comercio que no tuvo buen destino final.

La siguiente cita se llevó a cabo en Chile, en 1998, bajo la presidencia de Eduardo Frei; la tercera, del 2001, en Quebec, Canadá, presidida por el primer ministro Jean Chretin, y hubo una Extraordinaria en 2014 en Monterrey, México, bajo la jefatura de Vicente Fox. Un año después se llevó a cabo en Argentina, en Mar del Plata, con Néstor Kirchner a la cabeza, y en 2009 fue en Trinidad y Tobago, bajo la organización de Patrick Manning.

La siguiente Cumbre fue en Cartagena, Colombia, en el 2012, bajo la presidencia de Juan Manuel Santos, y continuó en el 2015 en Panamá bajo el ejercicio gubernamental de Juan Carlos Varela, para continuar en el 2018 en Lima, Perú, durante la presidencia de Martín Vizcarra.

Todas estas citas contaron con manifestaciones adversas, como protestas contra la globalización y la formación del Área de Libre Comercio de las Américas de Clinton y, por consiguiente, solo quedan de ellas las famosas “fotos de familia” entre los dignatarios asistentes, pero ninguna aplicación de resultados positivos para el desarrollo de las naciones de esta parte del hemisferio.

Este año, las críticas se han acentuado por la no invitación de países como Nicaragua, Cuba y Venezuela, que el anfitrión considera dictaduras, pues Norteamérica insiste en la necesidad de un compromiso con la región, como elecciones libres, participación ciudadana y cumplimiento de los derechos humanos.

Muchos piden la inclusión de los no invitados y hasta han pedido el boicot a la cita con la reciente reunión del ALBA en Cuba, que no se sabe si en estos días se limarán asperezas para que no sucumba la reunión, a la que la administración Biden le ha puesto singular empeño para su éxito.

De ser así, contaríamos con otro congreso en la cima del poder americano que lamentablemente, hasta la fecha, no ha dado los resultados soñados.

Bill Clinton, en el peor momento de su presidencia, convocó a la Cumbre Americana, que no cumplió con su cometido.

La cita de Bill Clinton, llena de incógnitas

Cuando ya se estaban superando los estragos de la Guerra Fría que sostenían los Estados Unidos y la Unión Soviética, el presidente norteamericano, Bill Clinton, se convertía en el anfitrión, en1994, de la Cumbre de las Américas, en donde solo fuera excluido Fidel Castro de Cuba, pero admitidos dictadores como Stroessner de Paraguay, Arturo da Costa de Brasil y Juan Carlos Onganía de Argentina.

Hasta Alberto Fujimori, de Perú, fue admitido a la reunión que se desarrolló en diciembre de 1994 en la ciudad de Miami y de donde emergió el proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, que finalmente no cuajó y que quedó para el recuerdo de los esfuerzos de integración comercial entre las dos Américas.

Según los analistas de entonces, esa fue una Cumbre de Incógnitas, surgida en el peor momento de popularidad de Bill Clinton y en donde la mayoría de jefes de Estado iba a su encuentro con muchas ideas, pero muy pocas esperanzas de ver crecer algo.

Languidecía en las manos de Lyndon Johnson el para entonces programa llamado “Alianza para el Progreso”, que instauró John F. Kennedy con el afán de ir hacia un mundo seguro para la democracia, y se quedaba en nada, como los esfuerzos de Jimmy Carter por los derechos humanos, o de Ronald Reagan en su lucha contra los marxistas sandinistas de Nicaragua.

La discusión, por lo tanto, se centró en el aspecto económico, que crecía bajo el amparo de Washington, aunque en lo político se hacía de la vista gorda, a pesar de las ideas que dieron nacimiento a Mercosur, marcando un horizonte propicio que no logró brillar en el largo trecho que aún mantiene a esta parte del continente en un subdesarrollo que, si antes era auxiliado por la mayor potencia del mundo, hoy en día la lucha por mantener la hegemonía mundial ha olvidado a esta parte del mundo.

Víctor Matos

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