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Inicio/Reportajes y Especiales/De las aldeas milenarias al San Cristóbal actual

Reportajes y Especiales
De las aldeas milenarias al San Cristóbal actual

martes 31 marzo, 2026

Reina Durán *

La existencia de diferentes etnias indígenas, antiguas habitantes del territorio tachirense. ha sido comprobada mediante la investigación arqueológica en el Táchira. Población que hemos estimado en unas 35.000 almas entre los siglos XII- XV, de acuerdo a la densidad de restos en yacimientos que coexistieron en la misma época- aunque este calculo no pretende ser exacto y puede ser mayor o menor- pero el hecho es que la evidencia arqueológica enseña sin lugar a dudas la existencia de una nutrida población en este territorio desde 3.000 años antes de Cristo hasta 1500 d.C, aunque no se descarta la existencia de otros pobladores desde 10.000 años antes de Cristo que posiblemente entraron, persiguiendo los grandes mamíferos del Holoceno,

En el año 1561 el territorio de lo que hoy corresponde al estado Táchira, estaba habitado por más de 60 parcialidades indígenas que son mencionadas por los cronistas de esa época y etnohistoriadores posteriores. .Estas parcialidades indígenas pertenecían o correspondían a tres troncos lingüísticos principales: Arawacos y /o aruacos, Betoyes y Caribes que entraron por diferentes vías y en oleadas sucesivas al territorio. Los primeros entraron por el sur provenientes de las riveras inundables del Amazonas, se asentaron en la parte baja y media del Orinoco( portadores de la cerámica Saladoide) hasta que se vieron obligados por la invasión protomaipure (Barrancoides) a continuar y siguiendo los cursos de los ríos Uribante, Quinimarí y Torbes que enlazan con el Apure, entraron por los llanos de Barinas al pie de monte tachirense, quedando algunos en el sur otros se dirigieron al noreste llegando a sitios como Seboruco y La Grita.  Otros grupos se dirigieron hacia las costas continuando hasta las Antillas, donde se convirtieron en los Tainos, esto según la hipótesis de Lathrap que opina que estos desplazamientos se efectuaron 3.000 años antes de Cristo. Los Betoyes (de los llanos de Casanare y nororiente de Colombia) y otros grupos de la gran familia macrochibcha entraron al Táchira por diferentes vías terrestres y fluviales, especialmente atravesando el río Táchira a los municipios fronterizos como Ureña, San Antonio, Ayacucho, Junín, Rafael Urdaneta, Capacho extendiéndose hasta el centro del estado. Estas dos migraciones (Aruacos y Betoyes) se realizaron casi simultáneamente y se remontan a 3.000 años antes de Cristo, mientras que los Caribes que es la última oleada migratoria entraron por el norte, provenientes de las costas  por el sur del Lago de Maracaibo entre el siglo I- al VI.

Los primeros contactos: 3000 AP- 2000 AP

Los primeros pobladores de la región no eran ajenos entre si, es decir probablemente eran grupos unidos por lazos de parentesco que en el camino se fueron separando, en la medida que el grupo crecía demográficamente y los recursos disponibles para la subsistencia del grupo empezaba a escasear – especialmente la caza o productos que recolectaban – las sociedades se segmentaban y se expandían abarcando nuevos espacios en nuevos territorios, proceso que seguramente conllevó muchos siglos y muchos esfuerzos de cada grupo en particular, abriendo caminos y luchando por continuar sobreviviendo en parajes tan agrestes y peligrosos como debían ser en esas épocas. Sin embargo, a partir de 5.000 años antes del presente se tienen pruebas de su vivencia en yacimientos como Santa Filomena, Las Matas, Capacho y El Higueronal en el Táchira,

Las evidencias arqueológicas señalan que eran grupos cuyo principal medio de vida era la recolección de moluscos, raíces, frutos y la caza de mamíferos medianos y pequeños- porque los grandes ya se habían extinguido en esta época- también aves y la pesca, abundante seguramente en estos sitios, eran seminómadas de acuerdo a los recursos que iban consiguiendo, de esta manera se desplazaban lentamente y se posesionaban de las tierras que estaban reconociendo, es la formación económica social cazadora – recolectora, llamada apropiadora por Vargas (1990:94), y correspondiente a la época Mesoindia, propuesta por Cruxent (1963:53).

 Usaron las cuevas naturales y abrigos rocosos como viviendas, elaboraron instrumentos de piedra, así como objetos de hueso y concha, entre los que se destacan las cuentas de collar y una flauta localizada en Santa Filomena.

Después de estos primeros yacimientos, no tenemos más evidencias por un período largo, por lo cual se corta la secuencia quedando un vacío de 1000 a 1500 años, pero es de suponer que siguieron adelante y en la medida que crearon nuevo modos de vida, se organizaron, diversificaron su economía y se establecieron en un espacio territorial determinado, ampliaron sus radios de acción e iniciaron un proceso de interacción entre unos y otros grupos,

 Las primeras Aldeas. 1000 AP-500 DC

A partir de 1000 AP, ya existen pequeños núcleos poblados o aldeas cuyos habitantes ya practican otros modos de vida con la incorporación de la agricultura que sumadas a otras actividades: caza, pesca y recolección como medios de subsistencia les permiten llevar una vida sedentaria dentro de un mismo espacio territorial, pudiendo desarrollar otras acciones como la elaboración  de cerámica,  intercambiando  sus excedentes con otros grupos a nivel local y de esta manera completar los faltantes en su dieta u obtener algún otro producto difícil de conseguir en su medio.  Ejemplos de estas sociedades serían los yacimientos de Zorca I y II,  Colinas de Queniquea I, Babukena y El Guamo en Táchira,  Sociedades que aún compartían un estilo de vida igualitario, pero no todas eran homogéneas, algunas tal vez ya estaban más desarrolladas que las otras en cuanto instrumentos de producción o técnicas de trabajo que les permiten obtener mayores recursos, es decir mayor productividad y en la misma medida mayor organización social en el proceso de trabajo, en sus hábitos y  creencias.

Centros poblados del siglo V DC hasta el siglo XV

Las familias se separan y van extendiéndose, ocupando nuevos espacios en el territorio, de manera que a partir del siglo V DC hasta el siglo XV,  a la llegada de los españoles, se puede apreciar en  Táchira una concentración mayor de población en distintos sitios del espacio territorial: Colinas de Queniquea II y III, Zorca III y IV, El Palmar, Los Cremones, Angostura,  El Porvenir, La Blanca, La Poncha y La Rochela,   

Las aldeas y pueblos, se multiplicaron y fueron desarrollando nuevas técnicas e instrumentos que les permitieron abastecerse mediante la autogestión y producción de recursos, al mismo tiempo que subsanan los faltantes, negociando sus excedentes a mayor distancia. La organización social es diferente según el grupo,  los nexos familiares siguen ocupando un lugar importante en la comunidad pero ya son más laxos, la distribución igualitaria de los recursos continúa durante un tiempo largo, pero pronto se empiezan a vislumbrar diferencias sociales entre los integrantes de la comunidad y entre las aldeas, algún grado de estratificación social y poder centralizado que es ejercido por algunas familias o por alguna persona  en particular que tiene ciertas habilidades, como el chamán o curandero que ejerce funciones religiosas, medicinales y educativas en las comunidades.

Sus manifestaciones religiosas, las podemos percibir en el culto funerario y en algunas estructuras líticas, cuyo uso asociamos con ritos. Estructuras líticas  como las del Porvenir y La Blanca, encontradas en el Táchira, pueden ser consideradas sitios de reunión, donde la comunidad tomaba decisiones, “se premiaba o castigaba”, según dice un antiguo manuscrito anónimo, o bien sitios rituales dirigidos por los mohanes o chamanes, quienes asumían  el  rol de  mediadores con las fuerzas divinas o sobrenaturales y se ocupaban de efectuar las ceremonias de iniciación, la preparación de bebidas o comidas que se colocaban dentro de las vasijas que se usaban para las ofrendas, también se desempeñaban como médicos y/o curanderos, afrontando las enfermedades con el uso de diferentes hierbas medicinales acompañadas de invocaciones, cantos y música con flautas de hueso y silbatos.

En los primeros tiempos, las relaciones o interacciones de unas etnias con otras se dan entre las más cercanas en términos de distancia, pueden ser no muy constantes o disolverse con el tiempo, sin embargo cada uno de esos contactos lleva consigo un intercambio no sólo económico, también de influencias culturales, religiosas o políticas que quizás difieren en el impacto particular que recibe cada una de ellas, dependiendo del grado de complejidad, si están al mismo nivel de desarrollo se dan en sincronía, compartiendo en igualdad de condiciones o si es desigual, puede que una se imponga a la otra, para realizar este intercambio, debió existir igualmente una red de caminos por las zonas de fácil acceso, caminos de los que aún quedan huellas en  Táchira.

En el caso de Táchira, en este intercambio, por su misma condición geográfica de zona de transición entre Mérida y Norte de Santander  recibe influencias de ambas, por el norte y este de la primera y por el oeste de la segunda, sus productos principales están representados en la agricultura, cerámica y material lítico trabajado como piedras y manos de moler, así  van expandiendo su radio de acción con un comercio creciente entre las poblaciones asentadas en los tres territorios a través de los valles con los grupos locales y aledaños,  por los ríos con los grupos mas distantes de los llanos y del Zulia.

El Táchira tiene una herencia cultural que se remonta a miles de años,  los primeros habitantes del valle llamaban “Zorca” lo que hoy se llama San Cristóbal y el nombre del grupo indígena como Çorcas o Zorcas, lo establecieron los españoles, ya que probablemente tenían otro nombre:

“Desde allá arriba columbraron el luminoso valle Sancristobalense que en ese momento bautizaron de Santiago en honor del apóstol y recuerdo de la fecha, cambiándole su sonoro nombre indígena de Zorca” (Aguado, Fray Pedro.1915, 470). Precisamente  Zorca- era el nombre indígena del valle, pero luego se lo endilgaron a la etnia de origen chibcha que es el grupo que habitaba en lo que hoy en día es la ciudad de San Cristóbal. Cerca estaban  otros grupos que hacían vida en las márgenes del Torbes como: simaraca, cebucara, aribecas,cirigaras, xirurú, teocaras, táribas, tororos, cacunubecas, todos Aruacos, según se puede colegir por los nombres. Directa o indirectamente la sociedad aborigen fue incorporada dentro del sistema de clases sociales, las nuevas formas de producción y el marco legal impuesto por los conquistadores, convirtiéndolos en marginales desfavorecidos de sus tierras ancestrales, ya que al mismo tiempo  que los aniquilaban,  los que  atrapaban o reducían, eran   reubicados lejos de sus lares originales y  pasaron a ser  siervos de los encomenderos y sus doctrinas.

Sin olvidar este   legado indígena que perdura en muchas de las manifestaciones actuales, siempre se celebra el aniversario de la fundación de San Cristóbal por el Capitán Juan de Maldonado el 31 de marzo de 1561. Este año se cumplen  465 años de la fundación y en el transcurrir de estos siglos la evolución, desarrollo y  transformación de San Cristóbal la asumieron cuarenta generaciones de Tachirenses que  han actuado en diferentes épocas de la historia de la ciudad, luchando constantemente para construir una sociedad coherente y satisfactoria para sus integrantes.         

La historia de un pueblo es producto del esfuerzo de la gente que conforma una sociedad determinada, por eso cuando se dice “los hombres son los protagonistas” de los diferentes episodios que sumados en el tiempo constituyen la historia de un país, región o pueblo, no se refiere al hombre como individuo sino como ser social  que vive  e interactúa con otros hombres.

*Miembro Emerito / Academia de la HISTORIA DEL TÀCHIRA /Emblema de Oro de la ciudad de San Cristóbal. Marzo 2001

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