martes 18 enero, 2022
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El mágico mundo de la plantas

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El consejo….

“A cualquier emprendedor le recomiendo, como dicen los motivadores: encuentra tu pasión, qué te gusta, porque vas a tener tropiezos…”


Nancy Porras 

 

Su trabajo no se detiene, al igual que sus sueños. En el amor por las plantas encontró una de las mejores fórmulas para emprender, estando claro que cuando se comienza un proyecto hay momentos duros, pero gana el propósito de no rendirse.

Jesús Manuel Cárdenas Arellano se dedica a diario a su trabajo en un vivero, siempre en contacto con la naturaleza, aprovechando el frío que en algunos meses del año regala el municipio Guásimos, protegido y resguardado por el cerro La Mantellina.

Recién casado, un cuñado, ingeniero agrónomo, les prestó una granja en Patiecitos, al norte de San Cristóbal, para vivir. Allí empezó a arreglar, decorar, a poner bonito el ambiente.

Fue entonces cuando su cuñado le propuso producir plantas ornamentales. “La propuesta me pareció hasta ridícula. Yo vendiendo maticas, pero me movió el tema emprender y, sobre todo, me gustaba pensar en ser dueño de mi propio negocio”, expuso.

“De verdad, no sabíamos ni lo que hacíamos. Nos metimos en eso, pero con el principal ingrediente que requiere cualquier emprendedor, que es la pasión, el amor, el interés por hacer algo, enamorarse”, argumentó el señor Cárdenas.

Hacer lo que le gusta 

“A cualquier emprendedor le recomiendo, como dicen los motivadores, encuentra tu pasión, qué te gusta, porque vas a tener tropiezos. Nosotros  pasábamos una semana y no vendíamos ni 10 bolívares de los viejos. Fiamos,  mercado y todo, pero me metí en este proyecto de lleno porque me gustaba mucho”, dijo.

Con el tiempo convirtieron la granja prestada en un vivero,  fueron creciendo y con ello mejoraron la infraestructura. “Nadie sabía quiénes éramos ni dónde estábamos, y eso implicó hacer el trabajo de darnos a conocer”.

Fruto de este emprendimiento, cuentan hoy  con una sede propia, lugar  construido para cuidar, amar y vender las plantas, pero también para  vivir allí con la familia. “Hoy estamos ahí, en el vivero Agroparques, en Palmira”.

En su momento contrataron personal, tuvieron algunos técnicos, gente preparada, obreros y siempre han trabajado con jóvenes, porque no solo se trata de tener alguien que trabaje, sino de ir formando las nuevas generaciones.

Días grises 

“Se pasan muchos aprietos económicos, porque emprender implica aprender a vender y a veces el romanticismo nos pone a aguantar hambre, porque estamos enamorados, el proyecto nos fascina, pero no sabemos venderlo; eso pasa en muchas profesiones y actividades”, precisó.

“Me mostró que este trabajo era rentable, viendo que funcionaba para otros, y cuando no funcionaba yo decía, algo estoy haciendo mal, porque si funciona para ellos, igual debe ser para mí, y ese fue mi punto de referencia”, manifestó

Dejó claro que es un trabajo que no se acaba. Se hace de domingo a domingo, porque se trata de cuidar seres vivos. Vendas o no vendas, tienes que darles de beber, deshierbar, fumigar, proteger, para que no se dañen, pero paralelo a eso, hay que vender, porque hay cuentas que pagar.

Dentro del vivero, sus hijas tienen un emprendimiento, venden ropa para bebés, en un espacio con un ambiente identificado con el vivero. Es una estructura totalmente nueva, al igual que un local que está alquilado, donde hay un café llamado Colao Café, que poco a poco da sus frutos.

Después de haber ido a Holanda, Estados Unidos y vistos los viveros, ´ganders centers´, y ver que los cafés dentro de los viveros son muy solicitados y agradables, la meta era tener algo parecido.

Los dos últimos emprendimientos también han sido productivos. Después de dos años y de vivir la pandemia y de haber pasado algunos altibajos, igual que todo emprendimiento.

Ir más allá 

Se empeñan en salir del concepto básico de vivero, es por ello que poco a poco fueron incluyendo otras cosas, como artesanía, pinturas y objetos de decoración, acordes con el ambiente ofrecido por el proyecto base.

Hubo días durante la pandemia que el negocio estuvo solo. “Subsistimos porque yo tengo seres vivos, venda o no venda, mis matas hay que regarlas, limpiarlas, cuidarlas”.

Hay momentos difíciles, donde incluso se ha llegado a pensar que no hay técnicamente ni para abrir el portón, pero apuntan al activo más valioso: la gente.

Compartir con el pueblo 

Pero queriendo compartir más con la gente, se propusieron hacer un encendido de luces  de Navidad  y resulta que se convirtió en un evento muy esperado por el pueblo.

En la apertura de la Navidad, alguien le dijo que el espacio le había quedado pequeño y respondió, “si por mi fuera, se haría un parque muy amplio donde hubiera hasta un tren que paseara a la gente, además de una orquesta tocando en vivo. Se podría hacer un turismo pasivo, allí  los niños jugarían”.

“Hay infinidad de cosas a nivel de entretenimiento y paisajismo, tanto para la ciudad como para la gente, que se pueden hacer y en el área de producción este es un negocio supremamente grande, después de ver los productores de Holanda y de haber estado en Estados Unidos, estoy convencido de que se puede emprender”, concluyó.

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