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El médico visitó las casas del municipio Lobatera

Juan José Conteras


El párroco de Lobatera, Melquiades Pérez, habló sobre el beato.

Las banderas de Venezuela y las alusivas a la Iglesia católica ondeaban en las fachadas de las residencias de Lobatera, frente a calles vacías y taciturnas, pero casi al unísono se alcazaba a percibir lo que sucedía dentro de cada hogar: las personas sintonizaban, por televisión o radio, la ceremonia de beatificación del doctor José Gregorio Hernández, su presencia estaba sin duda alguna en las casas.

En sus frentes, el porche o alguna ventana, se veían imágenes alusivas al nuevo beato venezolano que parecían resplandecer al ser alumbradas por los rayos del sol que se colaban al pueblo entre lo nublado de esa mañana. La oración fue un elemento presente en los hogares en ese día de júbilo.

Dentro de la casa cural del pueblo, el párroco de Lobatera, Melquiades Pérez, frente a un pendón con la imagen del doctor José Gregorio Hernández manifestó que la vida del beato es una invitación a superarnos, en todos los sentidos, “es una invitación a no perder la esperanza”.

“El médico del pueblo nos inspira en medio de todas estas dificultades que tenemos, nos sigue impulsando a soñar con un país de hermanos, de calidad de vida, en libertad. Le pedimos al doctor José Gregorio Hernández que nos ayude a todos para ir siempre hacia adelante”.

Para el padre Melquiades Pérez, el nuevo beato venezolano es un modelo, un ejemplo: “Nació en los Andes, en el siglo XIX, en medio de un atraso que había en todos los sentidos en la Venezuela de aquel entonces; sin embargo, él supo superarse, fue a Caracas a estudiar, llegó hasta Europa para especializarse y traer luego todo ese cúmulo de conocimientos e instrumentos para mejorar la Medicina en el país. Es una motivación para que trabajemos por la mejor Venezuela, la de todos”.

El silencio de las calles de Lobatera se interrumpió por el repicar de las campanas de la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, y por el sonido de la lluvia, que, aunque tenue, acompañó la melodía proveniente de lo alto del campanario, y fue como la representación física de la bendición de Dios para los lobaterenses en el día de la beatificación del doctor José Gregorio Hernández.

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