viernes 3 febrero, 2023
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Hace 30 años se estremeció el país

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Eran las cuatro de la mañana del viernes 27 de noviembre de 1992 cuando la pantalla de Venezolana de Televisión puso al aire la imagen del teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías, detenido en la cárcel de Yare, pidiendo la salida a las calles de la gente en respaldo del golpe de Estado que se encontraba en pleno desarrollo.

Luego la señal fue ocupada por un oficial de bajo rango con un fusil en el pecho y detrás de él un hombre pasado de kilos vestido con una camiseta rosada, arengando a la insurrección contra el gobierno del entonces presidente Carlos Andrés Pérez.

Más tarde, solo se supo que aviones Bronco habían empezado a bombardear el Palacio de Miraflores y fuerzas militares a atacar incluso la residencia oficial de La Casona, en donde se encontraba la primera dama, Blanca Rodríguez de Pérez.

El gobierno de CAP volvía a tambalearse al enfrentar una violenta acción militar y de partidos de izquierda, sucediéndose sangrientos combates en torno al complejo del palacio presidencial, que no tuvo el éxito esperado pero que convirtió durante ocho horas un infierno al bombardear cuatro aviones de fabricación brasilera el recinto, los que fueron abatidos por fuerzas leales. El Jefe de Estado apareció en la televisión a las siete y media de la mañana pidiendo tranquilidad, mientras que los insurrectos pedían a la gente que salieran a las calles a unirse a su movimiento.

Los militares que se identificaron como autores del cruento golpe, fueron el contralmirante de la Marina de Guerra Hernán Grüber Odremán, el general de división de la Fuerza Aérea Francisco Efraín Visconti Osorio, el general Luis Enrique Cabrera Aguirre y el coronel Luis Reyes Reyes.

Por otro lado se señaló como conspiradores del hecho a los dirigentes del Movimiento 5 de Julio, Bandera Roja y Tercer Camino, a quienes habrían acompañado por debajo de cuerda, según lo señaló para La Nación el general Visconti Osorio, el Movimiento al Socialismo (MAS), la Causa R y otros dirigentes de izquierda.

Ese día, se estima que cayeron unas trescientas personas víctimas de la refriega, seis de ellas empleados del canal de televisión del Estado, mientras se suspendía -por ejemplo- en Mérida el acto de la entrega de títulos de los nuevos periodistas egresados de la Escuela de Comunicación Social de la ULA-Táchira; y por otra parte se veía en la señal de RCTV como las lágrimas inundaban al novel reportero Sergio Novelli cuando narraba el estruendo de los estallidos de las bombas aéreas.

Cuando todo el movimiento tomó conciencia que había perdido, un grupo de ellos, comandado por el general de División Francisco Visconti, con asiento en la Base Aérea Libertador de Maracay, escapaba a las tres de la tarde a bordo de un avión Hércules C-130 con 93 rebeldes que, tras tomar “un corredor secreto” que cruzó los aires colombianos, aterrizó en el aeropuerto de la ciudad de Iquitos, en el departamento amazónico de Loreto, en Perú, pidiendo asilo político, lo que le fue concedido por el gobernante de turno, Alberto Fujimori, quien mantenía rotas sus relaciones diplomáticas con Venezuela.

Los últimos militares amotinados que abanderaron el golpe, se rindieron finalmente a las ocho y media de esa misma noche a las tropas leales a Carlos Andrés Pérez en la Base Aérea Libertador del estado Aragua, tras la muerte de diez efectivos que se sumaron a las centenas de víctimas fatales en aquel estremecedor episodio.

A 30 años de la asonada militar, la segunda en aquel fatídico 1992, se recuerda lo que puede producir la violencia, las mismas vislumbradas primero el 4 de febrero y la segunda del 27 de noviembre, recordadas por el gobierno revolucionario como épicos movimientos, aunque sin embargo ambos fueron un fracaso en cuanto al éxito de sus objetivos.

Visconti concedió exclusiva entrevista a Diario La Nación

Diario La Nación fue el único medio de comunicación que a nivel internacional tuvo la oportunidad de entrevistar al general de División Francisco Efraín Visconti Osorio, hace 30 años, uno de los principales sublevados contra el gobierno del entonces presidente Carlos Andrés Pérez, al dispensar el poder conversar en el Club de Suboficiales de la Fuerza Aérea Peruana en la localidad de Chorrillos, cerca de Lima, con este enviado por esta casa editorial, y revelar la manera como se gestó la sublevación, segunda en el año de 1992, y en donde estaban comprometidos personeros de la vida civil como dirigentes del MAS, de la causa R, del Movimiento 5 de Julio, Bandera Roja y Tercer Camino, varios de los cuales “defendieron” la administración de CAP luego de haber sido derrotada la sublevación del 27 de noviembre.

Francisco Visconti comandó las acciones militares de los insurgentes desde la Base Aérea Libertador en Maracay, hasta las tres de la tarde del mismo viernes 27, cuando tuvo que escapar a bordo de un avión Hércules 130 junto a 93 rebeldes, de los cuales eran 41 oficiales, 37 soldados y quince cadetes, que lograron aterrizar en el aeródromo de Iquitos, capital del departamento de Loreto en el Perú.

En el sureño país pidieron asilo al presidente Alberto Fujimori, quien se los concedió, hasta que decidió retornar a Venezuela en mayo de 1994, en donde fuera favorecido con el indulto presidencial de Rafael Caldera, para ingresar a las filas del Movimiento Quinta República y salir luego electo en 1999 como diputado a la Asamblea Nacional Constituyente; y años más tarde, lanzarse en 2018 a la presidencia de la República, lo cual no fue admitido. Actualmente, reside en su estado natal Barinas y cuenta ya con 76 años de edad, siempre con la mira de actuar en un nuevo movimiento político social, que fue lo que le inspiró a participar en la asonada de hace tres décadas que fue el más cruento pronunciamiento de las dos manifestaciones militares de la época. (Víctor Matos)

Víctor Matos

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