domingo 27 noviembre, 2022
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La esperanza de empresarios migrantes venezolanos por reapertura de frontera

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El lunes pasado, luego de siete años, se abrieron nuevamente los pasos por los puentes entre Colombia y Venezuela para vehículos de carga. Ahora, cientos de empresarios y comerciantes a los que durante este tiempo les tocó cerrar sus almacenes y emigrar a Colombia ven la oportunidad de regresar.

Es el caso de Jennifer Manrique, de 33 años, oriunda de San Antonio de Táchira (Venezuela), que junto con su esposo, Marcos Chacón, tenían una fábrica exitosa de jeans en ese país.

Sus tres negocios, que eran prósperos en el 2012, les permitían vivir muy bien. Se llamaban Jean & Moda. Tenían uno en Ureña y tres en la tradicional avenida Venezuela, en San Antonio.

Tanto era su éxito que la gente en Venezuela madrugaba y se sentaba en el piso frente al almacén para esperar a ser atendida.

Pero poco a poco la economía en el país vecino fue desmejorando y el momento que menos esperaban llegó

El 19 de agosto del 2015, la pareja empresaria se levantó para ir a sus tiendas y se encontraron con que la avenida Venezuela estaba inundada de militares. Las autoridades se tomaron La Invasión, un sector donde había cientos de colombianos que trabajaban en el país vecino.

Se trataba de la operación Liberación y Protección del Pueblo (OLP), que buscaba, según el Gobierno, acabar con el paramilitarismo en esa región, y con ella vino el anuncio del presidente Nicolás Maduro del cierre definitivo de la frontera.

Esta crisis llevó a muchos ciudadanos, que eran empresarios, a huir de Venezuela, ya que, según contaron, los paramilitares les cobraban ‘coimas’ cada semana.

“Había mucha extorsión, mucha gente se fue. Nos fuimos una semana a Cúcuta para evitar pagar las coimas, pedían plata, pasaban semanalmente por cada local. El Gobierno venezolano se dio cuenta y comenzó a atacarlos. Hubo mucha gente que se fue y que mataron”, contaron los dos esposos empresarios.

En esa época, la fábrica de jeans se paralizó por 15 días y los cerca de 30 colombianos que trabajaban ahí tuvieron que esconderse por un buen tiempo.

En ese año se creó un corredor humanitario y los esposos aprovecharon para llevar a sus dos hijos, de 9 y 2 años, para que siguieran estudiando en Cúcuta.

“Nos acostumbramos a que los recogiera un bus del Gobierno, pero a veces no montaban a mis hijos porque estudiaban en colegio privado y nos tocaba caminar, eran muchas humillaciones”, relata la mujer.

Comenzó la crisis

Aunque persistieron, en el 2017 cerraron la fábrica de pantalones y todos sus almacenes en Venezuela.

“Todo se deterioró, la mercancía escaseó. Teníamos mercancía, nos rebuscábamos. Todo el mundo cerró, solo quedamos nosotros”, dijo con nostalgia Jennifer.

Ante esta crisis que los perseguía, como buenos emprendedores, buscaron posibilidades de invertir en Cúcuta, donde arrendaron un local en el centro comercial La Estrella para seguir comercializando sus jeans e incursionaron en un supermercado en el barrio Atalaya.

“Comenzamos a fabricar de a poquito, comenzamos a mejorar la situación, estábamos dando los primeros pasos”, cuenta la mujer.

Cuando ya creían que se estaban recuperando, llegó la pandemia del covid-19 y el confinamiento estricto en el 2020.

Las cifras y los números no daban para poder sostener el local y cerraron. Se quedaron solo con el supermercado.

“Se vendió fue comida en la pandemia. Pagábamos a los operarios con comida porque ellos no tenían tampoco nada”, relató Marcos Chacón.

En septiembre del 2021, Colombia permitió que los niños regresaran a las aulas de clase. Jennifer se impuso el reto de trasladar a sus hijos todos los días desde San Antonio de Táchira hasta Cúcuta, así sea por las trochas, por donde no era fácil el paso.

Un día, a Jennifer se le hizo tarde y un guardia venezolano le impidió el paso con su hija por el puente Simón Bolívar.

“El policía de Venezuela me dice: ‘A mí no me importa que esté con una niña, usted se devuelve por donde entró’. A mí hija le dio una crisis de nervios y lloraba”, contó la empresaria.

Debido a esto, tuvo que cruzar de noche por las trochas, donde hay grupos armados. El río Táchira estaba crecido y se arriesgó con su hija a atravesarlo por la tablas.
La esperanza y la apertura

Con la normalización de la economía tras la pandemia, hoy tienen un taller de jeans en la avenida Las Américas, en Cúcuta, donde en un principio estaba el supermercado. En esa franquicia se han mantenido con cinco operarios.

Las ventas en este taller han sido positivas pues incursionaron en las redes sociales y así se han dado a conocer desde enero del 2022.

Además tienen un almacén en el centro comercial Visto, en Bogotá, y volvieron a abrir las tres tiendas en San Antonio de Táchira.

“Vendemos por redes sociales, vamos bien, hoy por hoy tenemos cinco operarios, parte de lo que quedó está en ese taller de Cúcuta. Recuerdo que era una empresa próspera de enviar mercancía por bultos a todas las ciudades de Colombia, antes un pantalón lo vendíamos a 18.000, y en Colombia costaba 30.000”, dijo Marcos Chacón.

Jennifer y Marcos, quienes viven en Cúcuta esperan que pronto las autoridades venezolanas y colombianas lleguen a un acuerdo para que se permita el paso de vehículos particulares por los puentes para que miles de migrantes que salieron huyendo de su país tengan la facilidad de trasladar a sus hijos a estudiar.

Además, para que la economía en Venezuela se active de nuevo y vuelva a ser la de hace muchos años atrás, rica en materia prima, comida, medicina y otros insumos.

Eso mismo esperan las autoridades de los dos países. En el 2021, el intercambio comercial llegó a los 394 millones de dólares y con la apertura de la frontera terrestre se aspira a que en los próximos tres meses el comercio llegue a los 1.200 millones de pesos.

Como Jennifer y Marcos, hay miles de empresarios que aspiran a que las relaciones entre ambos países mejoren con el fin de poder volver a Venezuela a emprender.
Varios de ellos sostienen que la vida económica en el país vecino es mucho mejor para pagar arriendo y servicios.

“Esperamos que esta apertura sea para bien, mucha gente salió por amenazas y extorsiones, y eso afectó a familias y distintos grupos. Tenemos la esperanza de que todo cambie, porque económicamente vivir en Venezuela es mejor”, puntualizó Jennifer.

El principal beneficiado será el sector aduanero

Víctor Bautista, secretario de frontera de Norte de Santander, cree que con la apertura de los puentes y las buenas relaciones entre ambos países, los transportistas internacionales retomarán su labor, lo que podrá beneficiar a Arauca, Cúcuta y San Antonio de Táchira. En cuanto a Paraguachón, en La Guajira, se espera que el 70 por ciento de sus operaciones regresen a Norte de Santander ya que los costos son inferiores.

Explicó que en esta primera fase el sector logístico y aduanero será el principal beneficiado con más de mil empleos. “Más de mil empleos se van a retomar. Pero indirectamente serán más, a final de año se dará un análisis por los gremios económicos como Cotelco, la gastronomía y Fenalco”, dijo.

Con información de EL Tiempo Bogotá

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