miércoles 8 febrero, 2023
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Late el corazón… ¡Pero es ajeno!

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“Un médico sudafricano ha realizado el primer trasplante de corazón en un ser humano” fue la noticia de aquel 3 de diciembre de 1967 que conmovió al planeta y que cubrió de gloria a su autor por haber cumplido una hazaña que jamás se había soñado en el universo de la cardiología.

El hecho, tuvo lugar en el quirófano del Hospital Groole Schuur de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y el autor del mismo fue el médico cardiólogo Christian Barnard, quien había superado la grave enfermedad del primer receptor de la historia de la humanidad, Louis Washkansky, de 58 años de edad y condenado a morir.

La intervención en la que participaron una veintena de galenos duró más de nueve horas, quienes con su éxito pusieron en la historia la posibilidad de sobrevivencia con este primer trasplante a nivel mundial de quienes padecían este mal.

El paciente Louis se despertó, miró a su esposa, con quien habló por varios minutos, y confesó sentirse bien. Sin embargo, dieciocho días después, moriría víctima de una neumonía mas no del problema cardiaco y de una diabetes que padecía desde hacía mucho tiempo.

A pesar de este primer desenlace, el segundo día de enero de 1968, se realizó la segunda operación, en donde el donante fue el joven Clive Haupt y el receptor Philip Blauberg, que vivió con su nuevo corazón por año y medio.

A raíz de estos logros, el doctor Christian Barnard pasó a la historia por haber sido el primer médico en realizar la inserción de un corazón sano por el de uno enfermo, que se ha convertido en la solución para muchas personas que sufren este mal cardiovascular.

El doctor Barnard había nacido el 8 de noviembre de 1922 por lo que estaría cumpliendo 100 años. Se casó tres veces, y falleció a la edad de 78 años, el 2 de septiembre del 2001 en la localidad de Chipre. Había estudiado Medicina en la Universidad de El Cabo y su especialización como cardiólogo lo llevó adelante en la Universidad de Minnesota en los Estados Unidos, en donde se graduó cuando tenía 58 años. Su deceso se debió a que había sido víctima de un asma que padecía muchos años atrás y que lo ahogó finalmente.

Este médico, por la hazaña cumplida, de inmediato saltó a la fama y dio la vuelta al mundo explicando su técnica, que se ha venido realizando por un sinnúmero de especialistas para salvar la vida de miles de personas debido a la acción de este hombre, que ya antes había experimentado con la implantación del órgano en animales y que estaba seguro que era la fórmula para alargar la vida de quienes sufrían las cardiopatías graves que se consideraban hasta hace cincuenta y cinco años como irremediables.

Toda una serie de acontecimientos, como la necesidad de contar con un órgano sano, que un imprevisto accidente lo hizo posible, la aceptación sin prejuicios de este avance médico, dieron cuenta de las posibilidades de desarrollo infinito en el campo medicinal y en la expectativa de vida que tienen el hombre y la mujer en el mundo de hoy.

La técnica aplicada entonces por Barnard fue uno de los más grandes adelantos científicos del siglo XX, el mismo que fuera replicado por eminentes especialistas en la materia alrededor del mundo al contar con una manera de extender la vida del ser humano que tenga esta deficiencia cardiopática.

Tras fatal accidente en 1967 el mundo científico cambió

Denise Darvall tenía apenas 25 años cuando fuera arrollada junto con su madre por un conductor en estado de ebriedad, resultando gravemente herida y encontrarse sin remedio para sobrevivir, lo que indujo previa autorización de su padre Edward a que se utilizase su corazón para fines científicos.

Fue en esa fecha, el 2 de diciembre, en el Hospital Groole Schuur de Main Road de Ciudad del Cabo que tras su fallecimiento, su órgano sirviera para la supervivencia de otro ser, convirtiéndose así la joven en la primera donante del mundo para el primer trasplante del corazón en operación cardiovascular dirigida por el doctor Barnard, cuya hazaña lo cubrió de gloria para toda su existencia.

La joven Denise conducía su vehículo alegremente acompañada de su madre cuando sintió el impacto de un camión que a gran velocidad arremetió contra su pequeño automóvil, aparentemente por la falta de visibilidad, sin que pudiera hacer nada por evitar el suceso.

Ya en el hospital, y en donde los médicos diagnosticaron la imposibilidad de salvarle la vida a Denise Darvall, su padre accedió al pedido médico para que el corazón de su hija sirviera como instrumento de salvación de un paciente que para el momento no tenía y se le escapaba la vida.

A pesar de tamaña desgracia, el señor Edward se negó a que se aplicara una pena severa al infractor, y más bien se sintió tranquilo con su conciencia al acceder el uso del palpitar de su hija para la aplicación del primer trasplante del corazón, que se convirtió en el hecho más trascendental del pasado mediado del siglo XX.

Víctor Matos

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