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Médicos y enfermeros, esperanza que ahora llega a tu casa

Yorman Carrero, enfermero emergenciólogo del Hospital Central que también lucha desde el hogar para vencer al covid-19.

La pandemia ha cobrado espacio en el Táchira. El incremento de la curva de casos es público y notorio. “Los hospitales están colapsados”. Esta frase se repite sin cesar, por doquier. El panorama pareciera desalentador.

Pero, para el personal de salud de esta entidad andina, la derrota no es una opción. Ellos luchan sin cesar para ganarle la batalla a esta terrible enfermedad y, aunque la larga y fuerte faena cause cansancio físico y mental, nunca se dan por vencidos.

Ysamar Vivas trabaja en el área COVID del Seguro Social y ayuda a muchas personas en sus domicilios. (Foto/cortesía)

La agotadora dinámica, y el miedo a ser recluido en las áreas covid de un centro hospitalario, han generado el retorno de una antigua práctica: La atención domiciliaria de la salud, pues ahora muchas personas optan por permanecer en sus casas y algunos médicos y enfermeros se esfuerzan para prestar el servicio.

Un equipo de Diario La Nación conversó con una “mujer maravilla” y un “superhombre”, dos héroes que dan lo mejor de sí para triunfar contra el mal generado por el malvado monstruo llamado covid-19. 

“Cuando mis pacientes mejoran es una alegría”

Ysamar Vivas: esta ‘mujer maravilla’ es médico cirujano. Trabaja en un centro de salud privado del municipio Cárdenas, en la Cruz Roja y en el área COVID del hospital del Seguro Social de San Cristóbal.

Ysamar asegura que tanto en el Hospital Central, como en el Seguro Social y demás instalaciones donde atienden a pacientes con covid-19, el personal se esmera por brindar asistencia a las personas que llegan convalecientes.

Sin embargo, explica que hay un alto número de enfermos por esta patología que prefieren quedarse en casa, bien sea por miedo a ingresar al área de aislamiento o porque cuentan con los recursos necesarios para adecuar un espacio, de acuerdo al requerimiento del tratamiento y nivel de complejidad de la salud. Además, muchas veces no tienen cómo movilizarse.

Es entonces cuando el llamado de algunas familias hizo que el trabajo desempeñado normalmente a nivel hospitalario se extendiera al hogar; es decir, un servicio a domicilio.

Para Ysamar, España, fue el modelo para tomar la iniciativa, porque allá la mayoría de médicos prestan servicio a domicilio. Modalidad que considera positiva para tratar la patología, pero advirtió que no todos los casos pueden manejarse en el hogar.

Esta valerosa médica asegura estar motivada para dar lo mejor de sí, porque en cada paciente ve a sus seres queridos. “Con covid o sin covid, veo a mi mamá, a mi papá, a mi abuela. Los atiendo como me gustaría que mis colegas, incluso yo misma, atendieran a mi familia”, dijo.

“Lloramos y reímos”

En el ejercicio de la profesión, en especial en estos tiempos de pandemia, fluyen muchos sentimientos. La alegría y la tristeza se conjugan porque, simplemente, los héroes de blanco también son seres humanos.

Ysamar recordó a un paciente que no logró vencer al coronavirus. “Lloré mucho por el señor Rafael. Fue un paciente que presentó un simple resfriado, pero luego ameritó ser trasladado al Central porque no contaba con recursos. Y murió”.

Reveló que esos momentos fueron muy dolorosos. «No hay día que no lo recuerde, porque en su mirada reflejó muchas cosas. La frase, ‘doctora, no me deje solo’, me marcó. Estoy tranquila porque sé que di lo mejor de mí, pero cada vez que un paciente pierde la batalla contra el covid, es depresivo».

La galena comentó que el personal de salud, médicos, enfermeras, camareras, camilleros, porteros, en fin, todos, están cansados física, psicológica y mentalmente. «Espiritualmente no, porque es un don divino de Dios y Él siempre nos está sosteniendo».

Pero no todo es tristeza, porque la experiencia le ha demostrado a la joven médica que la gran mayoría de enfermos logran recuperarse. «Cuando mis pacientes mejoran y salen del peligro, es una alegría. No me canso de decir gracias Dios mío».

“También nos contagiamos”

La covid-19 es un virus altamente contagioso, y el personal de salud está en la línea de fuego. Ysamar confesó que el pasado mes de septiembre perdió el gusto y el olfato, además tuvo dos días de fiebre. “Obviamente, tuve covid”.

Comentó que algunos profesionales de la salud no quieren atender esta enfermedad.

“Una de las cosas que me motivaron a trabajar contra el covid es saber contra qué estoy luchando, porque si mi mamá, mi papá o mis abuelos se enferman y yo me niego a atender a ese tipo de pacientes, entonces no estoy haciendo nada”, afirmó y añadió que son muchos los médicos que están en distintas ramas y todos deben unirse contra esta pandemia.

“Es difícil, pero lo hago con amor”

Yorman Carrero: este súper hombre es licenciado en Emergenciología. Trabaja en la Emergencia General, Sala de Schok y Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Central de San Cristóbal. También dedica su tiempo a atender enfermos covid a domicilio.

El principal motor que lo indujo a llevar su servicio de enfermería a las residencias de personas con covid, es ayudar a la gente y contribuir a descongestionar los centros asistenciales públicos.

Considera que la valoración en la casa es muy importante, pues los pacientes covid-19 se deprimen mucho en los centros asistenciales porque, entre otros motivos, no pueden ver a sus familiares.

Para este superhéroe, no es fácil cumplir la misión, pero hace su mejor empeño. “A veces es difícil atender a esos pacientes, pero lo hago con amor. De corazón. Servir es mi pasión”, afirmó y añadió que a la final se siente bien porque está ayudando.

El corazón de hierro se parte

Muchos piensan que quien trabaja con pacientes covid-19 de alta complejidad se hace insensible, pero hoy Yorman revela que eso no es así. Ellos también son vulnerables y hay episodios que les parten el corazón.

“Se me murió un paciente en la casa porque los familiares tomaron la decisión de no llevarlo al hospital. Le brindé todo el apoyo de salud hasta el último minuto. En ese momento me acordé de mi familia, de mi mamá, mi papá. Siempre llevo presente a mi hijo. Es difícil, a veces uno tiene corazón de hierro, pero también es un ser humano”, narró.

Satisfacciones

Yorman revela que, así como experimentan sentimientos de angustia y desconsuelo, también viven muchas alegrías.

“Cada vez que mis pacientes se recuperan y vencen al covid-19 es una satisfacción enorme. No tiene descripción ni comparación. Me siento agrandado, halagado, porque mis conocimientos sirvieron para sacar adelante a esa persona”.

“Ya no tengo miedo”

Yorman admitió haber tenido temor, pero decidió superar ese sentimiento.

“Al principio tenía mucho miedo, pero traté de no ser hipocondriaco y decidí tratar al coronavirus como cualquier otra patología. Siempre procuro no herir ni discriminar a mis pacientes. Sé que es una enfermedad peligrosa y contagiosa, pero si mantenemos las medidas necesarias, como el correcto uso del tapaboca y los lentes, así como el lavado de manos, creo que es suficiente”.

“Volveremos a ser como antes…”

Cumplir con la cuarentena, salir solo a lo necesario y seguir las recomendaciones de bioseguridad y distanciamiento para debilitar al virus, es el mensaje que Yorman da a la población del Táchira.

“Entiendan que en los centros hospitalarios, públicos, privados o domiciliarios, los héroes vestidos de blanco, como muchos les dicen, están dando el todo por el todo para ayudar a la población contagiada. De ustedes depende que ese trabajo no sea en vano. Tengan la seguridad que esto pasará y volveremos a ser como antes”.

Bleima Márquez

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