miércoles 6 julio, 2022
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Medio siglo siendo un gran barbero y también un psicólogo y consejero

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Antes que ser barbero, Pedro Martínez es confidente de sus clientes, siempre procurando levantarles el ánimo, al verse con una importante imagen personal renovada. (Foto/Freddy Omar Durán)

Con la maestría del escultor en su navaja, la pericia del cirujano en su tijeras, y la disposición para la escucha confidente del psicólogo, Pedro Martínez ya cumple medio siglo de ejercer el fino arte de la barbería, y haber dado la atención a personalidades del estado y el país, quienes siempre confiaron en sus manos para adquirir un aspecto pulcro, rejuvenecido y deslumbrante.

Freddy Omar Durán

Entre músicos, amigos y antiguos clientes, Pedro Martínez cumplió 50 años ejerciendo ininterrumpidamente un oficio al que tanto se recurre y del que tan poco se habla, como es la barbería.

El barbero no solo es quien corta el pelo a caballeros –al menos esa distinción se mantiene en Venezuela frente a la peluquería para damas-, es el personaje que también hace las veces de psicólogo, consejero, y el que tiene la capacidad de devolverles el buen ánimo a las personas, en solo unos minutos, con un pulcro y llamativo aspecto. El barbero casi se podría convertir en una figura pública, pero en un anonimato relativo, porque el bueno se ha ganado una fama que va de boca en boca, si lo comparamos con los peluqueros.

Estas, y otras cosas más, nos reveló este profesional del cabello, quien, más que hablarnos de un oficio, nos puso ante los pormenores de un arte que, más allá de lo estético, puede penetrar el alma humana.

La barbería es un arte, pues no se ejerce de modo mecánico, necesario es analizar lo que más le conviene al cliente, incluso por encima de cualquier capricho con que este pudiera llegar al sentarse en la silla, inspirado por el artista de moda.

—Hay que tener conocimientos de muchas cosas, incluso médicos para conocer los tipos de alopecia y dar la recomendación indicada. Debemos comenzar a entender los diversos tipos de cabello, los diferentes tipos de cortes, los diferentes tipos de rostros; hacer un estudio. Hay rostros cuadrados, rectangulares, periformes u ovalados; de acuerdo a eso, se ajusta el corte. Algunas personas me traen una foto y me dicen, ´yo quiero el corte de fulano de tal’, un artista o deportista famoso, pero ni su rostro ni su cabello se adaptan al mismo. Con el conocimiento indicado, uno le dice no te queda bien eso, pues no tienes ese perfil— contó Martínez.

Su experiencia, reafirmada por sus predecesores y sus contemporáneos colegas, le indica que el cliente debe salir mejor en su aspecto físico de lo que entró, y más aún, con el mejor semblante de ánimo posible.

—Hay que ser delicado, porque ser rudo incomoda, molesta. Hay que ser detallista, dejar en el corte y el peinado el mejor acabado posible. El cliente llega con una imagen opaca y al terminar nos obligamos a dejarlo impactado, y que diga ¡uy!, ‘ese sí es un buen corte’ Eso es muy importante. Eso gusta muchísimo. Aquí se decía mucho que  “un buen corte de pelo vale más que diez peinados”, lo cual es muy cierto—sostuvo Martínez.

Barbero hasta la médula

En el saber y la práctica resulta insuficiente definir la barbería, pues, como todo arte que se ame desde lo profundo, afecta a la personalidad entera. Y en la elegancia, modales comedidos y pausada, sin perder sonoridad, ya podemos intuir a lo que el señor Martínez se dedica.

Garantía de la calidad en lo que se hace, la atribuye a la armonía que debe reinar en el sagrado espacio de tu trabajo, con el tono de charla adecuado, la música más relajada, y la conversación menos agobiante.

—Uno hace este trabajo con amor y armonía. Si tú haces este trabajo con preocupación, con estrés, con dificultades, eso puede afectar al cabello, no le consigues forma. A mí, aparte de esto, me gustó la gastronomía, y por eso puedo decir que el mejor ingrediente consiste en esa tranquilidad, esa felicidad, esa concordia, dentro de lo que tú haces; si no tienes esto, la respuesta del pelo es negativa. No puedes dejar de tener una actitud bastante positiva desde el comienzo, con el saludo, durante la atención al cliente y al momento de despedirte. Yo tengo como norma que todos aquí deben trabajar en paz— reveló Martínez.

Clientela de por vida

En su navaja debe reposar la maestría del escultor, y en su tijera, el cuidado de un cirujano. Y casualmente, poco antes de una entrevista, atendía a uno de sus clientes, ahora su vecino y fiel desde los años setenta, el doctor Alfonso Castro, coordinador del Área de Quemados del Hospital Central.

—El concepto trabajo dignifica al hombre, y en ese sentido, es un individuo que debería emularse; él es un hombre trabajador, mas no es un hombre rico. Se va desde por la mañana a su lugar de trabajo, regresa en el noche a su hogar. Es un hombre honrado, y eso representa la mejor riqueza, pues el hombre honrado es un hombre rico; hay hombre ricos que son muy pobres, porque cuando se hacen el examen de conciencia, cuando colocan la cabeza en la almohada y se preguntan ¿quién soy yo?, no pueden darse el mejor de los calificativos— expresó el doctor Castro.

Como anécdota, luego de sufrir un accidente en su mano, el mencionado galeno la salvó de la inutilidad, no sin antes recibir su correspondiente servicio de estética. Sin esa ayuda oportuna tal vez hubiese tenido que abandonar la barbería para siempre.

Y como él, muchos más consuetudinarios posan frente a su espejo, quienes a su vez han traído a sus hijos y nietos. Para ellos, el rango de “amigos” pesa más que el de clientes. En un breve periplo de 5 años por Caracas y Porlamar, gentes de resonancia social sintieron predilección por su trabajo.

—Ser barbero es algo muy agradable, te permite relacionarte con muchas personas y tener muchas amistades, porque yo, más que mis clientes, los considero mis amigos. Como tal, la barbería nos ha llevado a conocer muchísimos temas y personalidades, dentro de eso el crecer profesionalmente. Le  he cortado el cabello a 6 exgobernadores del estado: Ron Sandoval, Idelfonso Sánchez, César  Pérez Vivas, Ricardo Méndez Moreno, y Enrique Mogollón, así como a médicos prestigiosos. En la Isla de Margarita atendía a Mario D`Ambrosio, dueño de una constructora de renombre; a Rafael Tovar, hijo del dueño de Conferry;  al dueño del Sol de Margarita, y al marido de la Miss Universo Susana Duijm. En Caracas, entre mis clientes estaba Juan Díaz, hermano de Joselo y Simón, así como Daniel Alvarado y su esposa, también vecina del negocio era la esposa de Orlando Urdaneta, y Rosario Prieto; eso fue por los años 90.

En el imaginario colectivo tachirense, a la figura de ´Chucho Corrales´ se le recuerda por su plateado cabello, al que siempre le encomendaba esa parte especial de su apariencia. Como él, varios artistas de la región lo prefirieron, e incluso amenizaron el sencillo homenaje que se le hizo para celebrar sus bodas de oro profesionales.

—A ‘Chucho’ Corrales le encantaba mucho hablar conmigo, y la felicidad de él era darle el color plateado a su cabello, para lo que usaba Lidotin. Venían mucho conmigo Benny Rodríguez, Nelson Hernández, Fausto Chaustre, que está en Estados Unidos, pero siempre nos saludamos. Le corto el cabello a Rafael Martínez -quien hace poco superó el reto de cantar sus propias piezas de manera continua por más de 24 años-, a David Peraza, a “Cheo” Mendoza. Por donde quiera que van me recomiendan. Otro de mis clientes era José Rafael Cortés, fundador de Diario La Nación, y jugadores y técnicos de los equipos de fútbol, Deportivo Táchira, y de Panteras del Táchira, en básquet, igualmente atendí— agregó Martínez.

Toda una estirpe

Desde hace aproximadamente 7 años es propietario de Martínez Estilo e Imagen, y por 25 años hizo parte del staff de Milord en el Centro Comercial El Tamá, desde 1980, por 25 años, apenas interrumpidos por una aventura de 5 años, aproximadamente, en Caracas y Margarita, en tiempos del Viernes Negro y su impacto en el destino del país.

Sea como sea, los frutos de su trabajo le han permitido sustentar un hogar al lado de su esposa Yolimar, en el que se crio su hija Nadia Arary, madre de sus nietos, uno de los cuales, Oliver Alexander Martínez, considera no solo haberlo superado en el arte de la barbería, sino con grandes posibilidades de destacarse en ese ámbito en Sevilla, España, donde actualmente reside.

De su padre heredó el oficio, y también de sus tíos: todos ellos aprendieron del abuelo, con conocimiento en el oficio, pero más con interés comercial. Serían entonces sus hijos los encargados de hacer del apellido Martínez una estirpe de barberos. Al principio no estaba muy convencido de ese destino; pero su papá, Pedro Abel Martínez, insistió al verlo no muy ducho en los estudios.

—Eso fue como algo impuesto, no fue nada que yo quería. El castigo para  cuando yo me portaba mal era “venga y me afila una navaja”, de esas que todavía conservo en mi especie de museo de instrumentos antiguos. Entonces me dijo: “vamos a aprender esto”, porque en el estudio flojeaba un poco. Él trabajó en la barbería Washington, en los años cincuenta, detrás de la iglesia El Santuario, del señor ‘Tito’ Toscano. Como yo aprendí tan temprano, cuando tenía 13 años, a los 14 entré como barbero a un negocio de un tío en barrio Sucre. Mi papá era un barbero muy fino y elegante. Él competía con sus hermanos para ver quién hacía el mejor trabajo— prosiguió Martínez su relato.

Siempre quiso ascender en el mundo de la barbería, en tiempos en que esta era una actividad muy distinguida; incluso hizo parte del Sindicato de Barberos del estado Táchira, del cual conserva el carnet, y fotos cuando era joven, de bigotes abundantes y pelo abombado, al estilo finales de los setenta.

—Una vez me paré en la plaza Bolívar, frente a la famosa barbería Mónaco, junto a la peluquería Sandro, y dije que algún día trabajaría allí y justo al año me contrataron. Era como el año 1978— dijo.

No se considera el mejor de los barberos y, por el contrario, se siente orgulloso de pertenecer a una región que ha dado los mejores al país, apetecidos en cada ciudad venezolana donde se asentaban.

—Algo muy bonito en aquellos tiempos y era que venían las empresas y nos daban actualizaciones y mejoramiento, seminarios, para ponernos al día, a la vanguardia de lo que estaba sucediendo. Y eso cambió, hasta que comenzó a cambiar el país; ahora recurrimos mucho a las redes sociales para ponernos al día. En el Táchira hemos tenido grandes profesionales, como el famoso Juan, así como Gonzalo en el Centro Comercial Plaza, y por supuesto, Chano.  Mucho antes existían los Lozada, detrás de Ecos del Torbes, Ángel y Antonio.

Maestro de nuevas generaciones

En su estudio, y en algunas academias. ha desempeñado un rol de maestro. Muchas cosas siente que puede legar a una generación que se ha venido acostumbrando a la máquina y ha olvidado a la navaja y la tijera.

—Las modas van y vienen, y yo me he amoldado a todas ellas. Una que era muy bella, y que se ha perdido, fue el corte a navaja, una técnica que, si vuelve, estoy dispuesto a compartirla, y que enseñaron unos uruguayos que vinieron al Táchira, en los tiempos de crisis económica en ese país. Sé afilar esas navajas que pasabas por el cuero; hoy se usan con hojillas. Muchos muchachos aprenden barbería con la pura máquina, pero cuando lleguen a las tijeras, agradecen cuando se les enseña— dijo.

Le preocupa que por el éxodo de venezolanos al exterior, muchos barberos se han ido, llevando consigo un oficio muy solicitado.

—En estos momentos tenemos una escasez de mano de obra. Necesitamos muchos barberos en San Cristóbal, no podemos nosotros solos con la clientela. La pandemia nos dio un golpe duro y hubo un encierro mayor; yo trabajaba a puerta cerrada, con los clientes que me llamaban y respetando las normas de bioseguridad. Hay que decirles a esos muchachos que emigraron que vuelvan, que como Venezuela, pocos países— urgió Martínez.

Destaca la presencia femenina en la barbería y desestima esa leyenda negra que quiso relacionar sus ciclos íntimos con malos cortes.

—Las mujeres barberas son magníficas. En mi local estuvo una experta con la tijera y que contaba con una buena clientela— recordó.

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