miércoles 8 julio, 2020
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Migrantes venezolanos viven la pandemia del coronavirus con miedo a lo que vendrá después

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Hace exactamente una semana que el gobierno de Maduro confirmó que al país había llegado el COVID-19. Sin embargo, los más de 4.5 millones de venezolanos que están regados por el mundo, -según cifras de Acnur y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM)- días antes, ya habían empezado a vivir la angustia, cuarentena, la escasez y el miedo a contagiarse con coronavirus.

La aparición de esta nueva enfermedad empeora la situación de los migrantes venezolanos, pues ahora no solo deben lidiar con el pago de servicios, el distanciamiento con los seres queridos y la falta de empleo, sino también con la preocupación del qué va a pasar en los días siguientes con el virus que ya ha cobrado la vida de unas 9.358 personas en el mundo.

Aunque el COVID-19 se propagó con mucha rapidez por todos los continentes de manera exponencial, varios migrantes venezolanos relatan cómo es vivir una pandemia en otro país.

Joussy Bonham Pereira: “El comienzo del brote fue algo aterrador”

Joussy vive en la ciudad de Hangzhou, Provincia de Zhejiang al sureste de China, más o menos a nueve horas de Wuhan.

Relató que justo a principios de año tuvo que ir a varios hospitales porque se enfermó de gastritis y en uno de ellos empezaron a dotar a todas las personas que estaban en la emergencia de tapabocas.

Pensó que era por un brote que hubo en el hospital de alguna bacteria o algo parecido, pero luego de varios días se enteró que había un nuevo virus que estaba azotando a toda China.

“El primer mes si fue bastante difícil, no había certeza del porqué surgió el virus, muchísima desinformación y noticias amarillistas rondando por las redes sociales, empecé a notar desde el ventanal del piso 26 donde vivo, como la ciudad de un día a otro se paralizó por completo, no había tráfico ni gente en la calle, un panorama bastante tétrico.

Estuve un mes sin salir de mi casa dado a mi reposo pero mis roommates que salían hacer compras de provisiones decían que todo estaba desolado, solo estaban abiertos grandes supermercados, algunas farmacias y el único medio de transporte que estaba operativo era el metro de la ciudad”, dijo Bonham.

Joussy aseguró que fueron dos meses y medio de mucha incertidumbre por la falta de información y la censura en los medios de comunicación. Afirmó que actualmente ve un mejor panorama de la situación.

“Hace unas semanas se empezó a reactivar poco a poco ciertos sectores de trabajo, ya hay tráfico y más gente en la calle, el temor ha bajado entre las personas dado a que también las cifras se han ido regulando: casi nada de casos confirmados por día, muchas personas recuperadas y poca mortandad. Aún siguen los puntos de control donde te toman la temperatura, actualmente para trasladarte dentro y fuera de la ciudad debes tener en tu teléfono un código de salud generado con una app y ya puedes salir todos los días; ya abrieron muchos negocios, restaurantes, centros comerciales, sitios de esparcimiento al aire libre por lo cual ya he podido salir a tomar aire fresco y manejar bicicleta. Por los momentos mi área de trabajo (entretenimiento, trabajo como Músico en una agencia de talentos) no se ha reactivado pero tenemos la esperanza de que pronto ya podamos empezar a trabajar y producir”, dijo.

Ada Lo Curto: “Salimos a la calle para lo necesario”

Ada lleva poco tiempo viviendo en Milano, Italia junto a su esposo y dos hijos. Aseguró que dos semanas después de que el gobierno ordenara cuarentena todavía había gente en la calle, bares y restaurantes. “No se tomaron la situación en serio”, dijo.

Lo Curto afirmó que actualmente solo están abiertas las bombas de gasolina, farmacias, supermercados y restaurantes que solo ofrecen servicio delivery. “La gente está haciendo compras nerviosas, no se consiguen mascarillas por ningún lado, prácticamente está todo vacío, pero si se consiguen cosas porque abastecen en horas de la mañana”.

A juicio de Ada, la situación con el coronavirus en Italia se desbordó porque la población anciana no tomó las medidas de precaución necesarias y estaban en las calle sin ninguna protección, a eso se le suma que la gran mayoría de los ancianos fuman mucho y eso complica la enfermedad.

Lo Curto aseguró que la gente está muy angustiada por el tema económico. “Han tomado medidas para proteger a los trabajadores, pero sin duda va a traer consecuencias”, dijo.

Marilyn Marrugo: “La gente no ha tomado consciencia de la situación”

Marilyn es periodista y vive en Bogotá desde hace tres años, aseguró que desde que detectaron los primeros casos del virus comenzaron las compras nerviosas y la escasez de productos de aseo personal como toallitas húmedas, papel higiénico, jabón y alcohol. Marrugo afirmó que la gente no ha tomado consciencia de que no son vacaciones. “Se puede ver a muchas personas en parques y plazas viviendo días de relax”, dijo.

Con respecto al tema económico, Marrugo afirmó que el tema de los gastos y el pago de los servicios para todos los venezolanos que viven de un sueldo “es fuerte” y afectará a la gran mayoría. Comentó que muchas empresas se ven afectadas porque hay sectores que no pueden trabajar desde la casa y que para sobrellevar la situación el gobierno colombiano está implementando medidas como postergar el cobro de impuestos y bajar las tasas de interés en los créditos.

“Los próximos días serán muy difíciles, depende de nosotros como ciudadanos que la enfermedad no se propague. Tenemos que esperar, no nos queda de otra”, afirmó.

Irving Ascanio: “Estoy preocupado, tenemos que pagar arriendo y comida”

Irving formaba parte de los Bomberos de Caracas y desde hace un par de años emigró a Perú. Aseguró que la situación con el coronavirus es angustiante sobre todo para aquellos que como él viven del día a día o cobran por producción. “Estoy muy preocupado porque no estoy en mi país y mi familia está muy lejos, tenemos que pagar arriendo y comida y si no trabajamos no podemos hacerlo. Me preocupan mis hermanos venezolanos que la están pasando muy mal”. Irving comenta que en Perú se hacen largas colas para comprar huevos y pollo, afirma que el toque de queda impuesto por el gobierno de Martín Vizcarra es porque la gente no hace caso.

Andreina Figueira: “Es una incertidumbre a nivel económico”

Andreina emigró a Valencia, España desde hace más de tres años, afirmó que está tranquila porque es un virus, pero que lo que realmente le da temor son las consecuencias económicas que este problema va a acarrear a futuro. “Se están utilizando fondos que estaban destinados para otras necesidades, para frenar el avance de la enfermedad, se están suspendiendo eventos que beneficiaban al país”, dijo.

“Han suspendido las clases en todos los niveles, se puede ver que hay escasez de productos específicamente de medicinas, alimentos, mascarillas y productos de aseo personal. El gobierno español ha tomado medidas pero muy tardías porque ya hay más de 3.000 infectados”, dijo.

Pedro Reyes: “A mí no me preocupa la situación”

Pedro emigró a Santiago de Chile hace más de un año. Confiesa que ha abordado el tema del coronavirus forma tranquila. “No veo mayor preocupación en la gente, pero creo que se debe a la distancia que hay entre el lugar donde están los contagiados y la capital. Los casos que han detectado están lejos, pero aquí hay una variante rara porque la gente está asumiendo que las noticias sobre el coronavirus son producidas por el gobierno de Piñera para evitar las protestas de marzo”, dijo.

“Donde yo trabajo, una empresa de marketing, nos van a vacunar contra la influenza y han colocado productos de higiene para las manos. De llegar el coronavirus a la capital me preocuparía porque hay un tema de costumbres y buenos hábitos que no se cumplen, la gente tose o estornuda y no cubren su boca y nariz, pero en Santiago la gente está tranquila”, afirmó.

Ydalides Lugo: “El tema es bastante agotador”

Ydalides vive en Panamá desde hace tres años. Afirmó que está doblemente preocupada por la enfermedad y por la situación de su familia en Venezuela. “Lo que más me angustia es tener a mi gente lejos, porque sé que el sistema de salud en Venezuela no sirve, está por el piso, los hospitales no están preparados para combatir una enfermedad como el COVID-19”, dijo.

“Hay un miedo constante, pero si eres extranjero no puedes dejar de trabajar porque son muchas las cuentas que hay que pagar. No se consiguen mascarillas por ningún lado, para hacer compras se están haciendo muchas colas y aunque no hay mucha gente en las calles y han suspendido las clases, nosotros debemos seguir laborando todos los días y me da terror salir a la calle”, afirmó.

Andrea Valderrama: “Sentí que estaba reviviendo la época de escasez en Venezuela”

Andrea vive en Utah, Estados Unidos desde hace más de tres años. “Desde la llegada del coronavirus muchos supermercados quedaron vacíos. Agua potable, papel higiénico, desinfectante, antibacterial (gel, barra, spray), comida enlatada y congelada fueron los primeros productos en desaparecer. Las colas para pagar recorrían todo el mercado, por momentos se sentía que uno estaba reviviendo todo cuando estábamos en Venezuela, pero después de varios anuncios por parte del presidente, se ha normalizado un poco el tema de abastecimiento, aunque venden máximo dos artículos por persona”, dijo.

Andrea comentó que por medidas de prevención, restaurantes, centros comerciales, tiendas y otros lugares permanecen cerrados. Los colegios suspendieron sus clases desde el 16 hasta 30 de marzo, pero continúan dando clases vía online para así estar al corriente del lapso.

“Dentro de todo está bastante tranquilo, algunas personas aprovechan de sacar a sus hijos a los parques porque son los que más de aburren por el encierro, por más actividades interactivas y películas que tengan en casa”, aseguró.

Ronny Millán: “Me siento tranquilo porque sé que hay un sistema de salud que responde”

Ronny se fue a Argentina hace menos de un año. Comentó que en Córdoba la gente anda nerviosa pero a la vez tranquila. “Se nota que las personas han acatado las órdenes del gobierno, pues no se ve gente en la calle y las que están marcan su distancia de un metro unos con otros, el tráfico ha disminuido, no se observan compras nerviosas, aunque se está especulando mucho con el precio del alcohol y otros productos de aseo personal, afirmó.

Con respecto a las medidas del gobierno aseguró que suspender las clases, cerrar las fronteras y suspender el turismo fueron buenas acciones para evitar que el virus se siga propagando.

A Ronny le preocupa la familia que quedó en Venezuela. “Yo estoy tranquilo porque sé que si me llego a contagiar hay un sistema de salud que me atenderá aun siendo inmigrante, pero en Venezuela no es así, allá ningún hospital funciona”, afirmó.

Para los migrantes venezolanos nada ha sido color rosa, enfrentarse a situaciones difíciles ha sido una constante desde que decidieron emprender largos viajes en busca de mejores oportunidades, lo único que cambia es que sus miedos se hacen menores en la medida que las políticas de Estado toman las acciones correctas para ayudar a evitar la propagación del COVID-19.

Con información de RunRunEs

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