miércoles 28 septiembre, 2022
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Nuestra Señora de la Consolación es refugio en valles y selvas

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Hoy 15 de agosto  devotos vuelven a recorrer las calles de la geografía tachirense para llegar a la Basílica Menor de Táriba, municipio Cárdenas, a mirarla, a agradecer, a cantarle y a llorarle, a decirle: “mujer aquí está tu hijo, tu hija”

Responder cómo llegó la santa imagen de María a Táriba, es remontarse al año 1560 cuando los frailes de la Orden de San Agustín, venidos del reino de Nueva Granada, traen la pintura desde España. Era el siglo XVI, el “Siglo de los Descubrimientos”. La Perla del Torbes era habitada por indígenas que fueron sometidos por los conquistadores en 1547


Por Moisés Sánchez

María es un nombre dulce que suena a canto, a caricia, a rocío y bálsamo en días de mucho calor, pero también a cobijo, abrigo, a manto en los días de frío.

María es la flor, la perla más hermosa, el himno más dulce al amor. La mujer que escucha a su gente, a sus hijos, que vibra -462 años después- al calor del fervoroso pueblo del Táchira.

Excelsa, elegida, soberana, señora de la misericordia, estrella del mar que viene a librar al pueblo que tropieza y se quiere levantar. María es consuelo y auxilio del pueblo cristiano.

Pueblo que hoy 15 de agosto vuelve a recorrer las calles de la geografía tachirense para llegar a la Basílica Menor de Táriba, municipio Cárdenas, a mirarla, a agradecer, a cantarle y a llorarle, a decirle: “mujer aquí está tu hijo, tu hija”.

Como todos los años hoy se espera una romería de personas para dar gracias y hacer peticiones a La Virgen de La Consolación.

El Obispo de San Cristóbal, monseñor Mario Moronta, dice que María de la Consolación “en el Táchira es el modelo que nosotros tenemos para poder ser discípulos decididos de Jesucristo, el Señor, testigos convincentes y valientes de su evangelio”.

La fe, entonces, vuelve a ser protagonista este lunes después de dos años en los que celebrar las fiestas en honor a Nuestra Señora de la Consolación estuvo marcada por las rigurosas medidas de control sanitario debido a la pandemia del covid – 19. Pandemia que no cesa y sigue acechando a las familias del mundo entero.

Responder cómo llegó la santa imagen de María a Táriba, es remontarse al año 1560 cuando los frailes de la Orden de San Agustín, venidos del reino de Nueva Granada, traen la pintura desde España. Era el siglo XVI, el “Siglo de los Descubrimientos”. La Perla del Torbes era habitada por indígenas que fueron sometidos por los conquistadores en 1547.

Imaginar el paso de los frailes llevando la fe a cuestas por el entonces Valle de San Cristóbal hacia Táriba, es pensar en los migrantes venezolanos y de otras nacionalidades que hoy día deben atravesar valles y selvas para buscar en otras latitudes mejoras en sus condiciones de vida.

Hoy por hoy, muchos migrantes conquistan el Tapón del Darién –selva que comparten las repúblicas de Colombia y Panamá– para llegar a Estados Unidos, pasan sorteando dificultades impensables, burlando la muerte que les respira muy de cerca, y otros, definitivamente, caen rendidos y abrazan su final en una selva inhóspita que les arrebata los sueños y dejando el futuro ahí, inconcluso.

El Servicio Nacional de Fronteras de Panamá, según el dirigente opositor venezolano, David Smolansky, ha dado cuenta de más de 28 mil migrantes venezolanos que han atravesado el Paso del Darién entre enero y junio de 2022. Afirmando, además, que ese número representa casi el 60 % del total de los migrantes que se atreven a hacer ese viaje.

En las entrañas del Darién reposan los restos de, por lo menos, dos tachirenses que no lograron ganarle a la selva que por las noches chilla con ruidos que algunos califican de “infernales”.

Hoy los migrantes, a diferencia de los frailes agustinos, no llevan la tablita de la Virgen, solo la imagen de la venerada Señora en su mente, a quien le piden con fe que los deje salir vivos de ese lugar.

La fe nos ayudó a vencer al Darién

Noely de la Consolación Moncada, es oriunda de Palo Gordo, municipio Cárdenas, decidió junto a su esposo Kevin Contreras emprender la travesía de migrar a Estados Unidos haciendo la ruta del Darién. No iban solos, llevaban a sus dos hijos Adrián de nueve años y Sofía de un año de edad.

“El sueño es poder comprar en Venezuela una casita para los niños”, y ven en EE.UU. la posibilidad de conseguir los recursos para lograrlos.

En la entrevista vía WhatsApp para Diario La Nación, Noely contó que salieron de casa el pasado martes 19 de julio con la firmeza de lograr el tan anhelado “sueño americano”. Ellos no contaban con una certeza sobre cómo atravesar la temida selva.

Y en el camino fueron contactando a personas que les prestaban el servicio de transporte, y se daban a la tarea de trasladarlos de un lugar a otro y adentrarlos a la selva.

En la selva la familia se perdió dos días y medio porque los guías no esperan a nadie y Noely y Kevin llevaban a sus hijos y el paso se hacía más lento y trabajoso. Atravesaron playas, ríos, pantanos en los que casi quedan atrapados, el lodo les llegaba a la cintura.

Hubo días de desesperación en que creyeron que iban a morir. Y es ahí donde se aferraban a la fe. La fe en ese Dios, en la Virgen del Consuelo, que además acompaña el segundo nombre de Noely, Consolación. Durante esos diez días que tardaron en atravesar esa porción de tierra que vista desde un avión parece inofensiva, los acompañó la oración y la firmeza de encontrar ese mejor futuro al norte del continente.

Noely es tajante al decir que no recomienda a nadie que haga ese viaje. Se siente bendecida porque, aunque no sufrieron grandes males o perdieron la vida como otros migrantes, afirma que en varias oportunidades sintieron que no lograrían sobrevivir. Incluso cuenta con cierto estupor como durmieron junto a un hombre que murió de un infarto y se dieron cuenta al día siguiente. “Allí debimos dejarlo”, dijo; la selva será su sepulcro para siempre.

Escucharon de boca de otros grupos de personas que tomaron caminos distintos como violaban a las mujeres, golpeaban a los hombres y les robaban las pertenencias. “Realmente fuimos muy bendecidos”, asegura.

A la fecha de publicación de este artículo están a un par de días de llegar a la frontera de Estados Unidos, ya están en México.

Y ocurrió el milagro

Los frailes lograron llegar y asentar en Táriba una pequeña ermita donde se entronó la imagen de la Santa Virgen María e iniciaron el proceso de evangelización que llevarían a cabo para convertir a los indígenas a la fe cristiana. Pero ocurrió que hubo otra invasión indígena que ahuyentó a los frailes y al marcharse dejan atrás la tabla con la figura de María que con el paso de los años perdió los tonos.

La ermita dejó de ser un lugar de culto y se transformó en la despensa de una familia. En un día cualquiera tres chicos que jugaban un partido de bolos vieron la tabla, sucia y vieja y quisieron partirla para poder realizar su juego, pero la madre de estos los reprendió quitándoles la pequeña madera y dejándola nuevamente en la pared.

Un resplandor salía de la despensa. La familia no se explicaba qué estaba pasando, temerosos se acercaron y vieron que de la tablita salía la luminosidad que les llamó la atención. La imagen volvió a adquirir tonos milagrosamente y se dejó ver nuevamente la forma de la Virgen de la Consolación que desde 1600, cuando ocurre el milagro, sigue siendo venerada en la Basílica Menor de Táriba.

Hoy Táriba vuelve a ser epicentro de la fe. Noely recuerda que cada año, antes de la pandemia junto a su esposo y su hijo caminaban desde la Catedral de San Cristóbal hasta la Avenida 1 de Táriba, donde el señor obispo de la Diócesis oficiaba la misa pontifical en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María al Cielo.

Este año vuelve la venerada imagen a salir, luego de la misa de cinco de la mañana que se hace en la Catedral, en solemne romería hasta esa calle principal para la celebración central de la diez de la mañana. Se espera que sobre las dos de la tarde vuelva la sagrada reliquia al relicario en el altar mayor de la Basílica.

María del Táchira es la madre de todos los fieles cristianos que aquí o en el extranjero se acogen a su maternal protección. A María, la madre, como enseña su himno, siempre hay que ofrendarle “un cántico de amor”.

 

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